-Un
artefacto mítico de un monje loco del siglo XV. Oró a Dios pidiendo
inspiración divina. Otra cosa respondió.
Observatorio
astronómico perdido en medio del desierto de Australia, a
300 kilómetros de la población más cercana.
El día de Navidad de 1987 no logran contacto con ellos. Los
encuentran 3 días después. Mutilados, degollados. Un espectáculo
dantesco. 4 cadáveres, una superviviente confusa. 37 años después,
la policía que llevó el caso está en el manicomio. Pero los
asesinatos comienzan a ser imitados.
Está
muy lograda la atmósfera siniestra bajo un sol implacable, están
bien trabajados los personajes -tanto principales como secundarios-,
son eficaces los saltos temporales.
Consiguen
eso tan difícil: imbricar lo policíaco y lo sobrenatural. El
fantaterror viene de uno de esos
libros (El Evangelio
de los Huesos)
que es citado por iniciados pero que nadie ha visto. Unos pocos
elegidos, una secta gnóstica, un ritual pagano.
Una
de esas historias en las que el círculo se cierra correctamente pero
no absolutamente feliz. Incómoda, trágica. La gente hace y se hace
a sí misma cosas terribles.
Me
gustó mucho el primer capítulo. Tiene un nivel altísimo. Muy sabio
en el modo de exponer el misterio y dejarte con la intriga. El 5
también es bueno: el flashback que te explica lo que pasó.
Los otros capítulos no son tan buenos pero desarrollan correctamente
el misterio y los personajes.
Está
muy bien entrelazado 1987 y el presente, flashbacks continuos
que ayudan a la idea de circularidad. Variaciones semejantes. Me
gustan los 2 personajes principales (que son 4 actores). A Georgia,
en sus versiones joven y anciana, la interpretan respectivamente Mia
Wasikowska y Heather Mitchell. A Michael lo interpretan
Xavier Samuel y Robert Taylor. La relación de ambos
colegas policías, con su cercanía, separación, desavenencias,
reconciliación a lo largo de 37 años es el núcleo real de la
historia.
-Siempre
nos quedará Parrish.

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