25/6/26

Taron y el caldero mágico

Disney tiene muchas películas sobrevaloradas. Muy sobrevaloradas. Pero la más infravalorada es
Taron y el caldero mágico.
El diseño de personajes no es muy novedoso. De hecho es similar al habitual y hasta un poco arcaico. Pero los fondos… Los fondos son una preciosidad, un cambio de estilo muy bienvenido. No tienen mucha movilidad pero pienso que precisamente eso, ayuda a la contemplación. Podemos dedicar un tiempo a mirar esas cavernosas y siniestras cámaras del castillo, los bosques, las rocas… Tienen una textura nunca antes vista en Disney, una solidez de diseño muy atractiva y acorde con la historia de espada y brujería que se cuenta.
Es un poco raro que a la cerdita Hen Wen, tan importante al principio, se la dejen olvidada durante gran parte del metraje.
Todo lo demás es una condensación del género, un poco más oscura de lo normal. En 80 minutos hay una depuración de la épica fantástica que tal vez juega un poco en su contra por introducir demasiados elementos, pero por otra parte ofrece a la narración un ritmo intenso. El viaje del héroe se mueve a pasos de gigante: porquero, viaje, error de pardillo, enfrentarse al peligro, equipo de colaboradores, enfrentamiento definitivo al mal, redención… Está bien que subvierta alguno de los elementos.
Hay que destacar el modo de trabajar algunas escenas, como borrosas por los focos de luz o con colores psicodélicos como en la resurrección de los esqueletos.
En cualquier caso, como digo, su gran baza está en la estética de los escenarios, una labor de diseño con un estilo muy definido con algunos planos espectaculares.

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