7/6/26

Rebuilding

Así se escribe un drama. Y así se filma. Desde la contención. No hay gritos ni llantos incontrolados. Y eso no hace que sea menos dolorosa. Al contrario. La procesión va por dentro. Las imágenes evocan el dolor que no dicen las palabras. Los rostros sobrios saben expresar la congoja y las pérdidas. Son gente gastada, ruda. Les cuesta decir “te quiero” con palabras y piensan que bastan los hechos.
Dusty. Divorciado, con una hija que vive con la madre. Su rancho se incendia. Ahora vive en una zona de autocaravanas con otros damnificados.
Dusty está devastado. Se ha quedado sin cosecha, sin ganado. No tiene nada. Se considera un inútil. Pero está su hija pequeña, Callie-Rose. Callie-Rose quiere ser como su padre, una vaquera. Ella no ve la nada de su padre. Sólo ve al padre.
La película teje con cuidado las relaciones de padre e hija, de Dusty con su ex, con la suegra, con los otros residentes de las caravanas. El guion hace meros apuntes incisivos y deja que el espectador imagine, suponga, complete. En lugar de dar todo masticado, busca lo contrario: que sepamos poco y elaboremos.
La fotografía está en sintonía con el relato, de una sobriedad y belleza sorprendente, paisajes de grandes llanuras no idealizadas, captando la naturaleza realista.
Josh O’Connor hace un gran trabajo. Transmite emociones en cada fotograma de forma mesurada.
Va dejando símbolos aquí y allá: el cuento que lee Callie-Rose, las estrellas fluorescentes, la pérdida de la casa azul, el hermano de la abuela… Es una película construida sobre detalles, sobre pequeños regalos, sobre tratar a las personas como quieren ser tratadas. Una historia muy humana de gente que vive al día.
En el fondo eso es la vida. Cualquier vida. Empezar de nuevo. Un día a la vez. Hoy. Y luego ya veremos.
Muy buena.

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