-Le
estás birlando 1.000 kilos ¿y piensas que puedes embolsarte el dinero
sin mancharte las manos de sangre?
Viva
Corea. La del Sur. Qué series tan tremendas hacen.
Heeju
trabaja en la aduana, escaneando los bultos que llegan. Un día, su
novio, piloto de avión, le pide que pase por alto la llegada de un
ataúd.
Una
chica normal, con un pasado triste en realidad, se topa con 1.000 kilos
de oro. De contrabando, claro. ¿Cómo lo convierte en dinero? Pues
hay dos posibilidades. El cine limpio en el que con triquiñuelas
divertidas e ingenio el protagonista logra lo que quiere o el cine
sucio y mafioso. La cosa es que Heeju tendrá que pringarse. Más
allá de lo que tenía planeado. En Corea no tienen problema en
construir personajes complejos (nunca sabes qué piensa Woogy),
moralmente ambiguos. No hay buenos y malos. O quizá un poquito. Pero
ante todo se ven arrastrados por las circunstancias y sobreviven como
pueden. Tampoco ponen objeciones a las escenas crudas y se cargan a
quien haga falta del modo más cafre posible.
El
final del capítulo 4 es la señal de que no hay vuelta atrás.
En
muchos aspectos me recordó a Breaking
Bad.
Una persona ordinaria aprende a manejarse en el mundo criminal.
Recibe golpes, pierde la inocencia y descubre que la única
alternativa es seguir adelante, complicándose más con gente cada
vez peor. Pero aquí no hay humor.
No
me gusta el toque de telenovela, eso de que un montón de personajes
conoce a otro montón de personajes del pasado. Y casualmente vienen
a coincidir ahora. Es algo muy coreano pero pienso que esas
conexiones eran prescindibles, que la serie habría funcionado
igualmente sin ellas. Hay otras cosas inverosímiles como que un
coche normal cargue 1000 kilos pero cosas más raras hemos visto.
Adictiva.
Puede que 10 capítulos sean excesivos pero ciertamente consiguen
mantener un nivel de tensión sorprendente. La trama se complica a
medida que más y más gente conoce la existencia del oro y empiezan
a plantearse que quizá no tienen que obedecer a los jefes.
Lo
que hay que hacer para tener una vida normal. Normal con 115 millones
de euros.

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