-Madame
debe recordar que soy inglés. Si hay algo más deplorable que
nuestra cocina es precisamente nuestro comportamiento en el amor.
Billy
Wilder firmó, como director, sus mejores obras entre 1957 y
1961. En mi opinión, claro. Luego bajó un poco el nivel. Un poco.
Como en el caso de Hosoda que cité el otro día, hay que
calificarle sólo con 7. Cuando llegaron los años 70 pienso
que no sabía controlarse en sus ocurrencias.
Un
ejemplo. En esta película sobra la primera media hora. Admitamos que
30
minutos,
para contar un chiste, es excesivo. Sherlock, para librarse de una
mujer, deja que ella suponga que es gay, cosa que deja en mal lugar
la reputación de Watson. Media hora sin relación con el resto de la
película. Aun así hay secuencias tan divertidas como la del
baile. Se acercan y se alejan de la cámara. En cada retroceso
las
bailarinas son sustituidas por bailarines.
El
resto de la historia está bastante bien. Muy ajustada al canon, al
espíritu de Conan
Doyle,
con un poco más de humor. La
trama detectivesca funciona a
pleno rendimiento
con esos elementos tan dispares sin aparente relación: unos enanos
que desaparecen de un circo, una
mujer rescatada
del
río, su esposo desaparecido, la tienda abandonada, los canarios, la
recogida de las cartas…
La
historia se transforma en una
aventura muy entretenida que nos lleva desde
Londres
hasta Inverness y el monstruo del lago
Ness. Entre
medias pudimos conocer a Mycroft, encarnado por Christopher
Lee.
No
es de lo mejor de Billy Wilder pero sigue siendo un film muy
logrado. Excelente para casi cualquier otro director. Sabe ser
respetuoso con el material original y, al mismo tiempo, introducir
las propias neuras y contagiarlas al espectador.
-Acabamos
de descubrir que es belga.
-Pobre.

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