En
1995 Joanna entra a trabajar en una agencia literaria. Ella será quien reciba
el correo dirigido a Salinger y responderá siempre lo mismo: que el escritor no
desea recibir correspondencia.
Es
buena la dirección. Personajes que hablan a cámara, algunos juegos visuales,
alguna originalidad formal. Están muy bien Margaret Qualley y Sigourney
Weaver. Personajes bien construidos. Están bien también muchos de los
diálogos.
Pero
es una película que, sin duda, resulta demasiado anodina. Le falta un centro de
gravedad, un núcleo alrededor del que todo gire. Le falta una escena dramática
intensa o un momento de comedia loca o una secuencia sobre la que todo confluya
de modo ineludible. Ese anecdotario, ese contarnos cosas que le pasan a la
chica, está bien, es atractivo, pero no es suficiente. La cotidianeidad no
tiene porque ser aburrida. Y aquí hay momentos que lo son.
Está
claro que Falardeau procura tratar con cariño a todos sus personajes. A
Salinger nunca le veremos con claridad. Pero le oiremos y parecerá un tipo
agradable. Y si hace eso con Salinger, los demás sólo pueden mejorar.
Caracteres que quedan en el misterio y en los que se busca su humanidad.
Cuando
ya pensaba que aquí no había sitio para un baile de Qualley, se sacan de
la manga una pequeña danza en el Waldorf Astoria.
No
puedo decir que sea buena. Pero hablan de Salinger, así que…
Es
que a mí me gustan los espías de verdad, los de antes. Los que usaban un buzón
en un árbol, una señal en la ventana, un microfilm en una moneda. Cuando había grabadoras
tamaño libro y trasiego de señales camufladas. El espionaje de ahora es otra
cosa. Una cosa fría y a distancia.
Veo
los defectos de la serie pero su ambientación, su vuelta a la Guerra Fría, a la
fotografía sepia, gris y verdosa, me tiene ganado.
1955
es un año decisivo para Finlandia. Se acercan elecciones y hay un candidato
pro-soviético y otro pro-americano. La devolución de la base rusa de Porkkala
es una buena moneda de cambio para lograr los objetivos.
A
la trama principal (histórica) se le añaden otras tramas colaterales (ficticias
en mayor o menor medida) sobre las disensiones para derrocar a Kruschev, la
operación Baba Yaga, misiles nucleares y el misterioso pasado de una joven
llamada Helena.
Al
principio cuesta averiguar quién es quién y qué pretende. Espías finlandeses,
rusos, americanos, suecos… La pequeña Nyrkki frente a las poderosas CIA y KGB.
Luego, a medida que se asientan las piezas y descubres cómo se juega la
partida, la trama fluye con buen ritmo.
Su
mejor baza está en las largas escenas que construyen la tensión y desarrollan
el argumento: el baile, el desfile de modelos, los bailes… Lo peor es el
melodrama de Helena, con momentos bastante inverosímiles. Me gustaría saber
cuándo le enseñó Jason Bourne a pelear. El montaje también es flojito, muchas
veces desacertado.
Me
encanta la ayudante de cocina. El jefe
de Nyrkki es totalmente asqueroso.
Hace
mucho que no tengo expectativas con el cine y no me preocupan cambios de
género, locuras, rupturas. Siempre que la narrativa tenga su lógica interna.
Aquí tenemos una película que empieza siendo policiaca y de pronto da un salto sobrenatural.
Eso,
desde luego, es mucho pedir. Puedo trabajar con ello pero se comprende que algunos
espectadores decidan bajarse ahí del carro. Por supuesto lo policiaco se derrumba
y es la primera objeción que se le podría poner. Sin embargo el verdadero
problema no es ése.
La
película nos empieza hablando desde el punto de vista de Alice y luego desde el
de Joseph. Media hora de película que, descubriremos, es totalmente
prescindible. Esos dos personajes tienen poca o ninguna relevancia en los
acontecimientos que están por venir. Comenzar el relato a la media hora lo haría
igualmente comprensible y no cambiaría nada.
Así
pues, se trata, más que nada, de cinco (o seis) historias de personajes sórdidos
y amorales, ligados caprichosamente. Convierte la casualidad en causalidad. Ocurre algo en Costa de Marfil que produce coincidencias casi imposibles en
Francia. Cosa que muchos críticos están elogiando pero que a mí me parece una
memez. Digo: no entiendo por qué es un logro tapar un fallo de guión con un
despropósito aún mayor.
Lo
que cuenta es eso: los humanos somos verdaderas bestias. O peor: podemos
comportarnos como bestias porque estamos en manos de un chamán al que
desconocemos, de un brujo pirujo o de cualquier añagaza con la que uno quiera
justificarse.
Decepcionante.
Una
familia de inmigrantes coreanos inicia una nueva vida en Arkansas en los años
80. Empiezan viviendo en un remolque en mitad de un prado.
Esta
película se puede traducir en una palabra: equilibrio. Pudo ser fácilmente un
dramón desmesurado. O una película sensiblera y dulzona. Pudo ser preciosista
hasta el paroxismo. O descarnada en su crudeza. Pudo resaltar el maravilloso
sueño americano o la profunda pesadilla americana.
Y
no es nada eso. Es la historia de una familia. Las tareas de la casa, las
labores del campo, los conflictos matrimoniales, la preocupación por la salud
de los hijos, los problemas económicos, la búsqueda de nuevas amistades… Nada está exagerado ni
idealizado. Es la vida misma, el día a día. Y como siempre que se logra
capturar lo particular se vuelve universal. Porque más allá de las
peculiaridades coreanas (el sentido de honor y trabajo del padre, la relación
con la abuela, la educación del hijo por encima de la de la hija) sus conflictos
son reconocibles por todos.
Sencilla,
que no simple. Es una historia bien contada, más sobria de lo que, sospecho,
gustaría al público americano. Huye de cualquier exceso y se centra en
construir sólidamente a los personajes. La hija es tal vez la menos lograda.
En
cualquier caso una buena peli que, sin llegar a grandes alturas, es muy
competente en contar con precisión lo que quiere contar.
1.
Estrenan Relic en los cines.
Puedes ver la crítica aquí. Si buscas la típica de terror no te la aconsejo.
Pero si quieres un nuevo enfoque o algo innovador es interesante.
2.
Ya imaginarás que estoy a favor de ese semi-boicot de los cines a Raya y el último dragón. Disney dio
la espalda a los cines en el peor momento y quiere sacar partido en los buenos
momentos. Y se equivocó en ambos casos. Los Croods 2 dieron la cara y llevan 4 millones largos de recaudación.
3.
La mujer en la ventana tiene
el aroma (¿huele?, ¿apesta?) a reinterpretación de La ventana indiscreta con protagonista femenina. El reparto es
bueno pero temo otro destrozo a la obra de Hitchcock.
4.
Rodrigo Sorogoyen se lanza a una nueva serie de temática original: la
Guerra Civil española. Pues aquí tienes un espectador menos.
Los
ves en el coche y sabes que entre los tres no suman dos dedos de frente. Un
trío de garrulos sin cerebro. Están planeando robar a un matrimonio de ancianos
ricachones. Maisie Williams acaba en el tinglado un poco por error.
Como
el espectador sí tiene dos dedos de frente pronto se da cuenta de que esos
ancianitos no son lo que parecen.
El
modo de manejar la tensión es tan cutre que a veces parece una comedia
involuntaria. No se puede ser menos sutil y no puedes creerte las decisiones de
los personajes. La hora y media de duración le viene muy larga. Habría podido
ser un capítulo de una serie pero llega a agotar por lo absurdo de determinadas
situaciones. Ciertamente la cámara hace lo que puede por insuflar un poco de
dinamismo a ese guión, pero no es suficiente.
Lo
de Terry, particularmente, llega a ser de una imbecilidad tal que ni siquiera
es aceptable como idiotez. Es imposible que exista en el mundo alguien tan cretino.
Imposible.
Y
lo curioso es que el final, siendo tan malo, te deja con la sensación de que
tal vez es lo correcto.
Mala
y con frecuencia muy tonta.
No
veo los Goya así que ignoro las categorías que hay. Pero si no existe, deberían
inventar un Goya a la Mujer Que Las Pasa
Más Canutas. Y dárselo a Megan Montaner. Porque mira que ha sufrido
esta chica el último año. Entre 30
monedas y la presente es un no vivir.
La
serie me funcionaba muy bien hasta el momento del secuestro. No tanto por el
secuestro sino por lo innecesario de las consecuencias.
Los
primeros capítulos alternan dos líneas temporales. El presente y unos días en
el futuro. Y sabemos que confluirán en algún momento y que algo le ocurrirá a
Sara. Este tramo, como investigación policial ceñida a los cánones, es resultón.
Pero a partir del secuestro… Hay sorpresas que nadie pedía y, en mi opinión, resultan
demasiado rocambolescas. Si repasamos sucesos, especialmente en lo referente a
Cati y Malena, sus reacciones y comportamientos no nos cuadran.
Aun
con el final alambicado y rococó es mejor que la primera temporada. Arriesgan
más en su estructura y los personajes están bien construidos. Excepto los
adolescentes. Tan mal tratados como siempre y cortados por el mismo patrón.
No
voy a entrar en los récords de audiencia mínima que TVE ha registrado estos
días ni en la gestión caótica. Ya han escrito muchos otros sobre esto con
acierto y el gobierno bicéfalo sigue sin verlo. A lo que voy es que hay que
tener en cuenta que hablamos de TVE. Que de ahí salga algo potable ya es
sorprendente. Que la serie alcance el nivel que alcanza es casi un milagro.
Me
cayó muy bien el sargento Selva (Félix Gómez) tan borde, capullo y
eficaz.
-Voy
a llamar a un par de amigos periodistas. Son periodistas deportivos. No tienen
escrúpulos.