Qué
grande es Ludwig. Pensé, sinceramente, a priori, que
esta temporada no tendría el nivel de la primera. Serían, supuse,
casos autoconclusivos, sin más. Y carentes de la sorpresa inicial,
perderían parte de su encanto.
Ciertamente
casi todos los capítulos encierran un caso autoconclusivo pero, al
mismo tiempo, van fabricando un caso gigantesco, algo que le da
sentido a la desaparición voluntaria de James Taylor.
Un
personaje irrumpe con fuerza en la serie: Joanne Kemper. Diputada y
tal vez futura Primera Ministra. Y, según Ludwig, asesina en serie
que va eliminando obstáculos en su camino a la cima.
Es
una serie muy completa. En la cuestión de la intriga se entrelazan
los juegos de los casos de cada episodio con las pistas y giros del
gran caso serial. No hay miedo de presentarnos nuevos personajes, de
acumularlos (hasta 8 investigadores), porque definen muy bien su
personalidad. En ese sentido el guion es siempre ingenioso: cada
personaje tiene su frase oportuna, su reacción psicológica
adecuada. La consecuencia es un tono de humor inteligente, sutil,
derivado de esas situaciones que provocan los personajes con su
manera de ser.
Así
que sí: ha logrado sorprenderme y darme más de lo que esperaba.
Pienso que ha perdido un poquito en la cuestión de la relación
entre John y Lucy, pero es lógico que su posible romance quede
aparcado ante la multitud de elementos que van a apareciendo. Esto es
un puzle y hay que estar atentos a las piezas que aparecen.
A
todo esto hay que añadir la excelente planificación. La secuencia
de apertura es un lujazo. Raramente es llamativa o deslumbrante. Pero
está muy cuidada, es muy elegante. Y adoro pequeños detalles como
que, en su falso papel de periodista, Lucy use como apodo el nombre
de Hildy Johnson.
Espero
que la próxima temporada, presumiblemente la última, no tarde mucho
en llegar.

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