Es
una pequeña tontería pero con algunas escenas, como la de apertura, ese impactante
y precioso baile funerario, que merecen verse.
Un
pueblo donde cristianos y musulmanes viven en paz. Pero los rumores de guerra
se extienden por el país y el sector masculino va perdiendo los estribos. Las
mujeres, en solidaridad femenina, deciden hacer cualquier cosa para que no
corra la sangre.
Fingir
milagros, contratar un espectáculo frívolo de chicas sexys, drogarles... Si Berlanga hubiese sido libanés habría
rodado esta peli en lugar de Bienvenido, Mr. Marshall. Véase la
relación entre el sacerdote y el imán, por ejemplo. O la figura del alcalde. Nadine Labaki combina bien la comedia
con algún momento dramático fuerte. A veces se le va la pinza y el resultado es
bastante liviano, pero tiene su gracia.
-Una
historia de gente que ayuna, de gente que reza. Una historia de mujeres
vestidas de negro cuyos ojos están maquillados con ceniza.
Soderbergh ha inventado un
nuevo género: la peli de acción con final abierto. O te dejo colgado en el
momento de máxima tensión. O ahora que empieza lo bueno me cansé de filmar. O,
algún día, ya si eso, a lo mejor ruedo lo que falta.
En
el cine, la mayor parte del público, no pilló la broma.
Es
un vacilón y eso lo sabíamos todos. La mayoría de los críticos aún no se han
enterado, sin embargo, de que lo suyo son los ejercicios de estilo. Aún esperan
que tenga contenido. ¿Cuándo ha dado a entender Soderbergh que vaya a hacer una peli con contenido? Pues eso. Una
vacilada.
Supongo
que ahora estará oculto, con doble identidad, en un piso franco, con Gina Carano de guardaespaldas, huyendo
de espectadores que no entendieron la gracia.
Gina Carano. Que no es actriz.
Lo suyo son las artes marciales. Y eso se nota. Caray con la chavala, cómo
reparte leña.
La
verdad. Me habría gustado ver cómo le parte la cara a Antonio Banderas. Algún día, ya si eso.
En
la película las luces rojas son las maniobras de distracción de un mago o de un
espiritista. Yo habría añadido la de un semáforo o un stop. Algo que parara a Rodrigo Cortés.
Porque,
aunque la trama no está mal y las imágenes tienen fuerza, el final resulta muy
endeble. Para este viaje no hacían falta tantas alforjas.
Me
gusta esa mezcla de equipo técnico español con equipo artístico americano.
Sobre todo porque Sigourney Weaver y
Robert de Niro salen con la cara
renovada, en papeles que no son lo de siempre.
Una
decepción porque sigo considerando que Concursante y Buried eran mejores. Pero
me alegro porque Rodrigo Cortés se
sigue abriendo paso de modo seguro. Simplemente es una pena que, una película
tan sugerente en su desarrollo, no sepa terminar la faena.
Qué
largo se hace un fin de semana sin Fringe, ¿verdad?
Aquellos
que en el fútbol sólo vemos a 22 tíos dando patadas a un balón, tenemos Fringe.
Fringe
para ver, para repasar, para empollar, para comentar, para poner en común, para
elaborar teorías conspiratorias, comernos las neuronas con Septiembre, con la
otra Nina.
Así
que, cuando te anuncian cuatro fines de semana sin Fringe, ¿qué haces?
Pruebas
a hacer de nuevo un Yoda en papiroflexia, juegas unas partidas de Carcassonne con los colegas, riegas las
cosas con un buen vodka y lanzas bolas de papel a vasos de papel.
Pero
no es lo mismo, oye.
Ahora
tengo que atender la llamada de un amigo desesperado porque no hay Fringe.
Si no consigo animarle, se pondrá a ver Crónicas vampíricas.
Así de chunga es la vida.
No
pensé que fuera posible aburrirse tanto en una película que dura sólo 75
minutos reales. Menos aún si se tiene en cuenta que es, supuestamente, de
acción y superhéroes.
El
falso documental está matando al cine. Y a las series. Ya lo dije con The
River. Lo repito con Chronicle. El objetivo es ser
realista. Una cámara documental, que siempre está ahí para filmar lo que hay que filmar,
siempre ahí para dar continuidad al relato, siempre ahí para mostrar lo que no
sería posible que filmase, consigue el efecto contrario: la inverosimilitud
extrema.
Además,
los directores que escogen este formato, no me preguntes el porqué, se piensan
que deben llenar las escenas con conversaciones solapadas, gente gritando,
barullo, ruido de fondo. ¿Qué pasa? ¿Es que no hay silencio en el mundo real?
Y, diantres, ¿por qué gritan tanto?
Me
gustaron las alusiones a Schopenhauer,
Jung y Platón porque dan idea del modo de pensar de los protagonistas y de
lo que va a pasar. Pero son excepciones en una peli caótica hasta el tedio.
La
pregunta profunda: ¿Qué pensaba Jung
de los bastones luminosos?
Los
clásicos se llaman así por una buena razón: son universales, son esenciales,
son humanos. Muy humanos.
Harakiri es una película japonesa del año 1962
dirigida por Masaki Kobayashi. Pero
podría haber estado firmada por un tal Homero
en el siglo VIII a. C. y formar parte de una de las historias de La
Odisea, los diálogos podrían insertarse en La Ilíada, los
personajes ser primos hermanos, Ulises colega de parranda de Tsugumo, Chijiiwa
de Telémaco y Miho tejería con Penélope.
El
honor, por supuesto. Qué cosa tan difícil.
Yoji Yamada, con su trilogía
sobre el samurai, intenta recuperar de algún modo ese espíritu. Yamada tiene profundidad, es bueno.
Pero creo que Harakiri es muy superior. El año pasado Takashi Miike hizo un remake en 3D de Harakiri. Dicen que no
está mal pero me da miedo verla y, por otra parte, creo que es innecesaria.
Cuando algo es perfecto no debe tocarse.
Harakiri
con una espada de bambú. Qué escena tan estremecedoramente poderosa.
Un
máster acelerado de farmacología.
Hay
muchas pelis buenas sobre drogas y otras adicciones. Enfocadas desde puntos de
vista distintos. Por eso no me atrevo a decir que una sea mejor que otras. Pero
Trainspotting,
indudablemente, está entre las grandes.
Mucho
mejor que aquel Réquiem por un sueño de Aronofski,
que trató de vender como algo nuevo (4 años después) y que no era más que una
copia con distinta banda sonora (también buena, lo reconozco).
Lo
del bebé es bastante fuerte. Es el momento en que percibes que no está de
coña. Que ahí puede pasar cualquier barbaridad. Y si su muerte es un bofetón, la
alucinación del bebé quizá lo supera por lo enfermizo.
Desde
1996 muchas cosas han cambiado. Las drogas, la música, los hombres y las
mujeres. Dentro de cien años no habrá
hombres ni mujeres, sólo gilipollas. También el cine ha cambiado. Pero va a
ser difícil superar a Trainspotting.
-Si hubiese sido ilegal,
nos habríamos inyectado vitamina C.