Lo
primero que pensé es que si una película tunecina llega a las pantallas
españolas algo bueno tiene que tener. Lo segundo es que una trama policiaca es
un buen modo de introducirme en una cinematografía que desconozco.
Lo
digo ya: para cinéfilos.
Youssef Chebbi bebe, creo yo, de Michael
Haneke.
El
inspector Batal y la inspectora Fatma investigan un cadáver carbonizado. Pero
poco a poco eso de prenderse fuego parece casi una epidemia, hasta el punto que
empiezan a pensar en algo sobrenatural, en brujería.
Planos
casi abstractos, construcciones derruidas o inacabadas, paisajes desolados, un
retrato de Túnez casi post-apocalíptico. Una labor de fotografía imponente con
encuadres inquietantes, ángulos de hormigón, estilo casi expresionista en
ocasiones. La ciudad, la arquitectura, es el espejo de un país. Esos
Jardines de Cartago son una metáfora de las esperanzas truncadas de toda una
sociedad.
Como
telón de fondo está la caída del antiguo Régimen y la llegada de la Revolución,
la Primavera Árabe, en la que nuevos tiranos ricos sustituyeron a otros. Una
Comisión investiga los crímenes que Estado y policía cometieron. Eso afecta a
ambos inspectores de modos diferentes.
No
es una película policiaca. No es fantaterror. Es la película de un director que
sabe lo que es Cine con mayúscula, que entiende la importancia de los
símbolos. El fuego: fuego como
inmolación, fuego como castigo, fuego purificador. Culpa, conciencia,
desesperación…
La
banda sonora son notas graves disonantes que colaboran a esa atmósfera de
tristeza.
El
asesino va a la mezquita a rezar. ¿Asesino? ¿Ángel justiciero? ¿La misma
muerte? Qué plano (travelling a ras de suelo mientras están inclinados en
oración) tan elegante para presentárnoslo. Para intuirlo.
En
una sociedad corrupta e injusta algo tiene que pasar, todo el mundo debe tener
su castigo.
No
es para el gran público, más que nada por ese final tan así que a la mayoría no gustará, pero es una película con mucho cine.
1.
Han pasado 350 días desde el final de El
señor de los anillos: Los anillos de poder y Amazon aún no ha despedido
a J.D. Payne y Patrick McKay.
2.
Algunos decían que Vacaciones de
verano obligaría a cambiar a Santiago Segura porque ya no tenía
éxito. Es verdad que, en vez de 15 millones, recaudó 7. Pero es que 7 millones
es la segunda película española más taquillera del año. Total que mucho no va a
cambiar porque el director ha terminado de rodar Padre no hay más que uno 4.
3.
¿Estamos preparados para la nueva subida de precios de Netflix?
4.
¿Y están preparados los padres para La
patrulla canina que se estrena el miércoles? Eso sí va a ser un
taquillazo. ¿Cuándo se dará cuenta Hollywood de que valen más unos dibus
perrunos que unos mercenarios?
5.
Disney dice que con Wish
quiere dejar atrás a las princesas y apostar por heroínas. Curioso, porque vi
el tráiler y pensé: otra de princesas de Disney.
-Pues
ya están todos juntos. Espero vivir lo suficiente para ver cómo acaba todo
esto.
Se
queda muy lejos de The Mandalorian
pero es bastante superior a cualquier otra serie de acción real de Star Wars. Es decir: segunda
posición a bastante distancia.
Ya
comenté que no me gustó nada el 1x04 aunque a la mayoría de la gente le gustó.
Tras acabar la serie me reafirmo. Ahí están concentrados todos los defectos
que, con menos intensidad se ven en otros capítulos.
A
efectos de guión me parecen mal todas esas decisiones sin sentido, ilógicas,
caprichosas. Decisiones forzadas para poner una pelea o para ser efectista o
para reconducir la trama. Por otra parte Dave Filoni, embarcado en
encontrar nuevos rumbos a Star Wars,
decidido a renovarla, cae en el error de contentar a los fans con la presencia
de Anakin/Darth Vader. Pues a mí no me contenta. Me repatea. Estoy de Anakin
hasta aquí. ¿Quieres liberarte? ¡Libérate! Pero deja de colarnos espejismos
vacíos simplemente para satisfacer a unos pocos.
Los
guiones, sinceramente, son de garrafón. Los fans los elogian por el entramado
de referencias pero eso no es un guión. Es la lista de la compra.
Y
es una pena porque sí hay un atisbo de nuevos mundos, de apertura de la
galaxia. Las brujas, las ballenas, la ambigüedad de muchos personajes…
A
lo que voy es que The Mandalorian
es la historia de un tipo corriendo aventuras a su aire. Star Wars anda por ahí pero de
lejos. Él a lo suyo. Pero Ashoka
no logra despegarse de la historia de los Skywalker, de los clichés. Y por eso
la aventura es menos aventura, forzada a ceñirse a una plantilla.
Si
en la siguiente temporada me ponen a Ashoka y Sabine enfrentadas a sus némesis,
construyendo sus ejércitos, explorando ese planeta, sería genial. Pero no será.
Seguiremos con la matraca del ciclo de Imperio y República, con los debates
imbéciles (vistos hasta la saciedad, absolutamente idénticos todos) del Senado de la República, con Thrawn lanzando sus magistrales planes
estratégicos: no tienen nave, vendrán por tierra. Genio.
Lo
dice un personaje: hay que romper ese ciclo. Dave Filoni lo intenta
pero no termina de conseguirlo.
Ah.
Todos los personajes son estiradísimos y el humor muy escaso.
De
todos los relatos de Roald Dahl éste es sin duda mi favorito. La
descripción que hace del desratizador siempre me parece fascinante. Pudo habernos dicho que un hombre se parecía a una rata, pero él prefirió hacer un
ejercicio previo de observación y después usar su capacidad magistral para poner en
palabras ese personaje describiendo físico, movimientos, hábitos...
Me
decepciona un poco la adaptación. Tenía interés por ver cómo trasladaban a
imagen cierta secuencia. Y, en fin. Digamos que Anderson ahorra en
efectos especiales. No sólo en efectos especiales: ahorra en una lata. Pudo
comprar una lata, ¿no? Por muy justo que fuese el presupuesto, en los chinos
venden latas metálicas por 1 euro.
Pero,
claro, es el señuelo. Si no muestra la lata tampoco tiene por qué mostrar un
hurón, una rata y la lucha de ambos. Si pudimos acudir a la imaginación para ver la lata, también podemos hacerlo
mientras el narrador nos lo cuenta.
Ralph Fiennes es Roald Dahl y
el propio desratizador.
15
minutos.
-Sólo
lo supera la Medalla de Honor. Y para eso hay que morir.
Una
agente inmobiliaria aparece cosida a puñaladas.
Leo
que muchos la acusan de ser muy lenta. Señoras y señores, sepan que no todas
las películas tienen que tener el ritmo de los superhéroes. Hay películas que
deben ser lentas. Pero eso no significa que su ritmo esté mal. Aquí el tempo es
perfecto y Benicio del Toro sabe qué hacer con él.
Es
verdad que pronto te haces una idea general de lo que se está cociendo. Si no
eres muy espabilado en las tramas cinematográficas, a la hora de metraje, sí o
sí, tienes que descubrirlo. Así que la cuestión no está tanto en quién es el asesino
sino en el camino de Tommy para llegar hasta allí.
Él,
al igual que el espectador, se huele lo que pasa. Y por eso oculta un usb y
mira el ordenador en el servicio y mantiene un equilibrio. Sabe el lío que
tiene entre manos y es minucioso en los pasos que da. Me parece genial que
jamás engañen al espectador y vayamos de la mano del inspector de homicidios,
incluso en las intuiciones.
Está
bien rodada. Con algunos planos curiosos, algunos símbolos interesantes. No
será un clásico del cine policiaco pero la he disfrutado bastante. Aunque no
invente nada nuevo se sale de las tramas convencionales. Por encima de la media.
Es
lo que tiene Wes Anderson. Lo mismo suelta una tontada como Asteroid
City que te ofrece una delicatesen como la presente.
Este
mediometraje parece un audiolibro que escucharas mientras ves su libro
desplegable. La escenografía teatral se impone con rápidos cambios de
escenarios, los personajes pronuncian sus frases como si estuvieran leyendo
para sí mismos. A la par se dirigen de modo casi permanente a la cámara, al
espectador.
Todo
ello logra efectos novedosos como el de un personaje hablando de sí mismo en
tercera persona o esas acotaciones en plan: Intente
abrir los ojos –le dije-. No podía.
También
tiene algo de guiñol, de marionetas desplazándose en un reducido espacio, en un
encuadre 4:3 saturado de colores y con sobreexposición de luz (esto último no
me gusta –me digo-. Ya podía quitarse esa manía de encima). Ese Cumberbatch
caminando sin moverse del sitio, los cambios de vestuario, las diferentes
estéticas para narrar una historia dentro de otra historia dentro de… Muy
juguetona.
Empezamos
viento a Roald Dahl (Ralph Fiennes) que escribe la historia de
Henry Sugar (Benedict Cumberbatch). Y cuando éste lee un libro asistimos
a la historia del hombre que veía sin usar los ojos con Ben Kingsley y Dev
Patel. Y al acabar la historia regresamos a Sugar. Y al terminar Sugar
volvemos a Dahl.
37
minutos de duración (hablando rápidamente) que exigen tanta concentración como
si estuvieras entrenando para ver sin ojos.
-Hagamos
lo que se nos da bien.
1915.
Japón domina Corea. Pero en el territorio de Gando las cosas no están tan
claras. Por allí circulan coreanos, japoneses, manchúes y chinos. Y los restos
de una resistencia. Y unos bandidos que mantienen la llama del reino de Joseon.
Y una asesina a sueldo.
Western.
¿Si lo hacen en Corea podríamos llamarlo Eastern? En castellano no triunfaría: Voy a ver una peli del Este. O tal vez
como spaghetti-western podríamos
hablar de un ramen-western. Pero eso
es esta serie: un Western que gustaría a Peckinpah, John Ford y Sergio Leone por
igual.
Y,
bueno, a John Wick. Porque
aunque a Lee Yoon no lo llaman Baba Yaga lo llaman la Parca.
Qué
gran nivel. No tan buena como Moving
con sus superhéroes porque el problema de La canción de los bandidos es que lo tiene todo. Todos los
clichés. Pero con su propia idiosincrasia. Quizá podríamos hablar de todos los
homenajes a todas las películas clásicas del Oeste. A veces suena algo forzado
el modo de introducir los elementos. Por ejemplo ese ejército que se planta
ante el hotel de Myeongjeong sin que nadie parezca enterarse. A veces los
personajes cambian su carácter porque es necesario para la trama. Como el
fumador de opio.
El
primer capítulo es un drama muy sólido. Necesario para establecer las bases de
ese universo. Qué buen guión. Luego empiezan a desmelenarse y es más
desenfadada, más loca en la acción, con magnanimidad en sangre y peleas acrobáticas.
La
banda sonora va desde música a lo Ennio Morricone con guitarra española
y silbidos hasta el pop o el rock.
En
fin, que aunque es efectista es muy entretenida, bien rodada, planificada y con
los tropos del género bien asimilados.