La
película cometía el error de tantas otras de fantasía de los 80:
estaba dirigida a un público adulto pero su guion era demasiado
básico e incluso infantil.
Un
dragón, un sacrificio anual de una doncella, un pueblo que busca un
mago que los libre del monstruo.
Puro
cliché y cero elaboración para escapar del concepto.
La
película confiaba en que fuesen otros los atractivos de la historia.
Y los tenía. En primer lugar son llamativos los más que decentes
efectos especiales si tenemos en cuenta su época (1981). Después se
molestaron en buscar varios escenarios, el paisaje tenía su belleza,
su carga dramática, su coherencia para lo que se contaba. Puede
parecer obvio pero no lo era tanto en los 80. Y, finalmente, un
reparto poco conocido pero eficaz.
En
su contra, además de los tópicos mencionados, estaban algunas
decisiones bastante estúpidas de los personajes. Idas y venidas a
las que yo no les veo mucho sentido.
Lo
de la princesa sí que fue una osadía. Aún hoy me sorprende que le
dieran el visto bueno a esa escena.
En
cualquier caso: Dragonslayer era otro precedente de El
señor de los anillos que trataba un aspecto de la espada y
brujería a la espera de que llegara Peter Jackson. Nos
contentábamos con ello. No ha envejecido mal del todo.

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