Un
matrimonio es interrogado después de que aparezca en su piscina un
hombre con un tiro en la cabeza. A medida que avanza el
interrogatorio hay más discrepancias en las declaraciones.
Una
pequeña pieza de orfebrería. Al estilo de Rashomon
asistimos a los eventos, que son distintos según quién lo cuenta.
Es
un guion logrado, bien escrito. Han invertido tiempo para lograr que
la narración no chirríe y tenga su lógica interna. Hay suspense
por saber qué es lo que pasó durante la noche pero pronto también
descubriremos que es igualmente intrigante lo que sucedió en el
pasado, hace mucho años.
Está
muy bien dosificada la intriga y los giros -muy gordos- entran
razonablemente. Creo que las interpretaciones de los tres aportan
una gran naturalidad, cosa que ayuda a la verosimilitud. Henri
Steve, Hope Lauren y Marcus Henderson. Poco a poco
descubrimos las relaciones de ese trío y cómo llegamos al momento
sangriento. Al detective nunca le vemos, sólo oímos su voz, cosa
que nos obliga a centrarnos en los sospechosos.
Realmente
me parece que hay pocos juguetes de este estilo que funcionen tan
bien. Lo alambicado, el esfuerzo por el sorpresón final, suele
hundirse por el efectismo forzado. Aquí he tragado con todo sin
problema. Insisto: es coherente en su lógica interna, en la
narrativa y sus reglas.
Otro
punto a su favor es que dura 75 minutos: no se alarga
innecesariamente, cuentan lo que tienen que contar sin pretender
pasarse de listos.
Muy
entretenida. Te mantiene atento en todo momento.

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