Lo
último que me esperaba de Campanella es que dirigiese una
cosita tan simple. Aquí no hay nada de esos alardes en el movimiento
de la cámara, nada de ese montaje dinámico. Es una obra de teatro
rodada en un parque. La cámara se coloca aquí o allí para que haya
un poco de variedad, pero poco más.
Dos
ancianos argentinos en un parque no muy recomendable. Charlan y se
meten en líos. Recuerdan, mienten, inventan.
Rappaport.
Es la nostalgia, el tiempo que pasa, lo que perdimos. Lo que
olvidamos. Antes era y ya no. El tiempo es el villano.
Las
interpretaciones son buenas. Cuando la cámara se pega al primer
plano sabe lo que hace y los actores responden con emotividad.
Son
casi dos horas, no aburre pero tampoco me dice mucho. Me he quedado
un poco perplejo porque no tengo claro qué pretende. ¿Por qué
Campanella dirige esto? No es lo suyo, no es un material para
él, se ve que no le saca partido especial ni desde el punto de vista
técnico ni desde la intensidad del guion.

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