Nuevo
producto que aprovecha el tirón de un nombre para contar otra cosa.
Lo curioso es que yo habría visto con mejores ojos esta serie si no
hubiera llevado por ahí la palabra Sherlock. Si hubiese sido Pérez
o Smith, tanto mejor. Porque me cuesta ver a Sherlock pero me gustan
otras cosas.
Vamos
a explicarnos. Es una peli que deriva, lógicamente, de la imaginería de
Guy
Ritchie,
no de Arthur
Conan Doyle.
Eso significa que hay mucha aventura, conspiraciones, intrigas
políticas. Deducción muy poca y más bien tosca. Si a Sherlock le
quitas su capacidad para dejarnos asombrados con deducciones, ¿qué
nos queda? Pérez. O Smith. U otro.
Pudo
ser cualquier otro aventurero y yo me lo habría pasado mejor. ¿Por
qué son amigos Sherlock y Moriarty? Si nos quitas su enemistad, ya
sabes quién nos queda. Y la cosa es que esta pareja de revoltosos
funciona muy bien, tienen química, gracia, interesan. Pero es que
Sherlock y Moriarty jamás fueron eso.
Me
sobran padre, madre, hermana y casi hasta hermano. Están ahí para
ir enredando la trama pero sin que realmente creamos el lazo familiar
(tal vez un poco entre Sherlock y su madre Cordelia). Por cierto: una
evolución bien rara la de Natascha
McElhone.
Me
gusta, sí, el ritmo, la aventura, una vuelta de tuerca más, un giro
enloquecido más, otro engaño, la princesa china, los complots…
¿Pero dónde está Sherlock Holmes?
Te
lo vas a pasar bien porque
el ritmo es ágil, se suceden los escenarios, acontecen muchísimas
cosas, pero
tampoco te extrañe si quedas un poquito decepcionado.

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