Podemos
decir que con esta película Tarik Saleh ha cumplimentado la
trilogía de El Cairo. No me gustó mucho El Cairo confidencial, me pareció superior Conspiración en El Cairo y ésta es mejor aún. O quizá es que temáticamente
me recuerda a El agente secreto y pienso que Águilas
de El Cairo gana por goleada a la película brasileña. Saleh
vuelve a trabajar con Fares
Fares.
George
Fahmy es el actor de moda en Egipto. El faraón de las pantallas. Se
cree intocable. Hasta que figuras del gobierno de El-Sisi le hacen
una oferta que no puede rechazar para interpretar al mismísimo
presidente de Egipto.
Me
gusta mucho su desarrollo. Fahmy no es muy íntegro en algunos
aspectos. Digamos que no es capaz de resistirse a las mujeres. Pero
está definitiva y claramente en contra de la dictadura. No lo dice
pero tampoco le han pedido que lo diga. Ahora tiene que trabajar para
esa dictadura. Y la evolución del personaje, la presión, el estrés,
la imposibilidad de negarse, los favores que tiene que pedir, las
concesiones que se ve obligado a hacer, muestran cómo abdica de
todos sus principios.
Ve
cómo otros intérpretes acaban en el ostracismo si no se pliegan a
los deseos de El-Sisi, hay amenazas, sobornos, gente que se cae de un
balcón… Y liarse con la esposa de cierta figura poderosa no le
facilita las cosas.
La
película consiste en eso: en ver cómo un hombre de convicciones
correctas se ve arrastrado casi de modo imperceptible, irrevocable, a
colaborar con el mal. Pequeñas cesiones morales llevan a un
cataclismo ético.
Me
parece muy interesante en la actualidad. Cómo los cineastas de
determinados países se alían con el poder. Saleh puede
contar lo que cuenta de Egipto porque vive en Suecia, pero también
es comprensible que muchos no puedan negarse al control de una
dictadura.
Muy
fuerte lo de la carta de suicidio y la secuencia del avión.

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