Darby
es drogadicta. Escapa del centro de rehabilitación. Una tormenta de nieve la
obliga a detenerse en un refugio. Hay cuatro personas. Y una niña secuestrada
en una furgoneta en el exterior.
La
película es modesta, está bien rodada y maneja con soltura la tensión que nunca
decae. En su contra están ciertos giros y, sobre todo, esas decisiones torpes
de los protagonistas de dejar vivo a este tipo o aquella tipa para luego volver a
enfrentarlos.
Es
una película de suspense que en ocasiones recuerda a Los odiosos ocho en un nivel puramente epidérmico. Sospecho que ese comentario sobre cerrar la puerta que entra frío, es un guiño. Cuando Darby
encuentra a Jay, la niña secuestrada, sabe que tiene que rescatarla, pero
tampoco puede sacarla de la furgoneta debido al mal tiempo. Dentro esperan
potenciales enemigos.
El
final me enervó un poco. Sé que así funcionan las reglas de este tipo de cine
pero eso de amenazar, no disparar, charlar, vuelta a la tortilla, ahora te
tengo yo, me agotó un poco.
En
cualquier caso, como digo, tiene una planificación decente, buena fotografía y Havana
Rose Liu hace una esmerada interpretación.
Étienne
Carboni es actor. Se ofrece a dar unas sesiones de teatro en una cárcel.
Étienne piensa que Esperando a Godot
está especialmente escrita para los presidiarios. Teatro del absurdo para
tratar de encontrar sentido a la vida, una obra absurda para hallar esperanza.
E
intentará que les den permiso para representarla en un teatro de verdad.
No
es una película nada fácil. Basada en una historia real su fundamento resulta
convencional. Pero el director no toma el camino fácil. Imagen realista,
montaje fragmentado, repetitivo, vemos los ensayos una y otra vez. No hay
concesiones a lo sentimental, apuesta por un final nada complaciente… Realmente
es una película ardua de ver.
Kad Merad, casi siempre
encasillado en papeles de comedia, demuestra sus dotes dramáticas con un papel
muy complejo. Pero todos los actores que encarnan a los presidiarios están muy
bien, creíbles, verosímiles.
Es
interesante porque Étienne no ve presos, ve actores. Les exige como a tales.
Juega fuerte. Él tiene sus propios problemas de ira, frustración, conflictos
familiares. La película exhibe ese absurdo en que vivimos pero en el que, pese
a todo, somos humanidad.
Habría
sido muy fácil hacer la típica película para grandes públicos, así que lo mejor
es esa inclinación de Emmanuel Courcol para no dar al espectador lo que
quiere.
1.
Las primeras críticas de Red
son muy elogiosas. Parece que, definitivamente, es el objetivo de Disney:
convertirla en la nueva Luca,
en la película más vista en plataformas, en la que atraiga nuevos clientes.
2.
6 años después, aseguran que Indiana
Jones 5 ha entrado en su recta final. Pues sí les ha costado, sí. Y hace
6 años Harrison Ford ya parecía mayor.
3.
Sólo he visto dos capítulos de Separación
(Severance). Me parece tan perturbadora
como interesante. Y original entre tantísimo producto prefabricado.
4.
Hay cosas que no se entienden. Reacher
busca trama para su segunda temporada y dice el showrunner que es una tarea difícil. A ver, ¿estamos hablando de
esa saga de novelas que tiene 26 libros? ¿Dónde está la dificultad? Lo difícil
es hacer algo original. Si empezamos a considerar difícil lo del “copia y pega”
es que vamos realmente mal.
Cuando
vi que habían cambiado el formato, que habían pasado de 10 capítulos a 5, que la
duración se desplazaba de 20 minutos a 45, supe que esto iba a acabar mal. Eso
sucede porque estás improvisando las cosas. Parece lo mismo pero no lo es. O no tienes claro qué contar o no
sabes el cómo.
Tiene
narices que una serie sobre Marte nos ofrezca la última temporada sin Marte.
Creo que pretenden hacer un Fringe.
Que cada temporada sea un género distinto de ciencia-ficción. Esta vez trataron
de tocar los universos paralelos. Y lo tocan tanto que se quedan en uno de
ellos, con unos dramas personales que no alcanzan realmente a emocionarnos
porque no aceptamos a los personajes. En realidad es una serie absolutamente
distinta en la que un utilizado el mismo reparto que en Missions.
Conocíamos
una versión de ellos y, de modo abrupto, nos enfrentamos a una nueva versión.
Otro mundo, otras variantes. Pero lo hacen de modo caprichoso, con reglas un
tanto anárquicas que cambian súbitamente.
Así
que Missions tuvo una primera temporada bastante buena, una segunda caótica, acumulativa, pero aceptable y
una tercera que no tiene sentido. Decepcionante.
El
final, de nuevo, es propio de quien no tiene claras las cosas. ¿Lo cerramos o
empezamos de cero? Les da igual que les cancelen o no. Si sigue será otra cosa.
Ya inventarán algo sobre la marcha.
Ficarra y Picone son
como el José Mota de Italia. O el Santiago Segura. O algo así.
Caen bien, practican un humor para grandes públicos, comprensible, sencillo.
Aquí,
en España, podemos entenderles bastante bien, creo yo, porque tenemos culturas
muy semejantes. Dudo que esta serie funcione fuera de sus fronteras. O de las
nuestras. Sus bromas sobre la administración pública, los políticos, el fisco o
la religión pueden sonar extrañas. A un americano, raras, a un danés ni te
cuento. Por lo que dicen es posible que los daneses no sepan lo que es un
soborno.
Curiosamente
sí funcionará, digo yo, la trama principal de la mafia. Pero en mi opinión o se
la toman demasiado en serio o los chistes no son tan buenos como ellos creen.
Los
protagonistas arreglan electrodomésticos, acuden a una casa a ocuparse de un
televisor y se encuentran un cadáver. Que, inesperadamente, tiene algo que ver
con ellos.
La
pareja, cuñados, por cierto, van a meterse en un lío cada vez mayor guiados por
la afición de uno de ellos a las series policiacas. La trama se plantea como
una sucesión de decisiones equivocadas que, al tratar de arreglarlas, les complicarán
más las cosas.
Demasiado
simple pero al menos los personajes y la trama están bien construidos.
6
episodios de media hora.
Creo
que no veía una peli tan mala desde los años 90. Anque parece de los 70. Huele
a rancia en cada fotograma. Me recordó a eso: el tufo de la serie B, la jaula
metálica de deshechos del videoclub, tiroteos en ristra rodados por alguien que
coge una cámara por primera vez.
Debería
ser ilegal rodar este tipo de cine en 2022. Buena película para saber lo que no
debes hacer. Que la ves por esa razón, nada más. Porque no te acabas de creer
que John Cusack esté en una producción (¿producción?) así.
Sólo
faltaba Steven Seagal. La habría entendido como parodia/homenaje. Pero
ni eso.
Hay
que reconocerle a Kenneth Branagh que tiene ingenio. Para explicarnos el
aparatoso mostacho de monsieur Poirot
nos ofrece una escena introductoria en las trincheras, durante la ocupación
alemana de Bélgica en 1914. La excusa para el bigotazo es estupenda. En blanco
y negro. Luego saltamos a 1937 y nos inunda con un colorido que, personalmente,
me ha parecido exagerado a veces.
La
película tiene un problema fundamental: está más interesada en el cine que en
la intriga de la trama. Branagh busca el puro cine, los movimientos de
cámara, los juegos de planificación, los aspectos estéticos. Picados,
travellings, encuadres, banda sonora… Le da igual tener entre manos una
historia de suspense o cualquier otra cosa. En principio eso es bueno (para mí)
pero olvida a los personajes. También le pasaba a la película de 1978, un
reparto igualmente espectacular pero con tantas estrellas que era imposible
profundizar en la psicología de todas ellas. Antes y ahora se sienten
desaprovechadas.
Tal
vez fue una necesidad surgida en el montaje tras la polémica con Armie
Hammer; la obligación de relegar al actor lo más posible se cobró un precio
sobre los demás personajes.
Habría
preferido menos barco y más Egipto.
En
cualquier caso tiene elegancia clásica, estilo moderno y un Poirot bastante
divertido. También algún capricho digital excesivo como esa escena subacuática con pez. Es una historia entretenida aunque carezca de aspiraciones
dramáticas. Pero reconozcámoslo: así son todas las novelas de Agatha
Christie.