Al
igual que la primera temporada son episodios para ver en pareja. Quiero decir
que la idea es verlos de dos en dos, no que sea obligatorio verlos con alguien
más al lado. Dos capítulos componen una historia, un crimen, una trama. En vez
de ser seis, son ocho.
Al igual que la primera temporada hay casos mejores y peores por lo que me resulta
bastante irregular.
Y
al igual que en la primera temporada sigo sin entender muy bien a sus
personajes. No sé. Es como en las series belgas, que no entiendes bien las reacciones
de la gente. En muchas series australianas (The Gulf incluida) pasa lo mismo. Y no sé si belgas o
australianos son gente rara (bueno, los belgas sí lo son) o si es una decisión
de guión, un deseo voluntario de que no entendamos ni simpaticemos con los
personajes.
Los
últimos diez minutos de la temporada dejan una pequeña bomba y una gran bomba.
Parece que desplazar el interés de Jess a Justin será obligatorio. Porque
llevamos 14 capítulos y sabemos bien poco del inspector.
Una
prisión de mujeres en el espacio. Las prisioneras son una policía a la que
tendieron una trampa, cuatro tipas muy chifladas con un plan y una mucho más misteriosa
que todas las demás.
-Te
dije que habría problemas.
Pues
claro. No ha llegado la hora del desayuno y ya la han liado.
La
crítica la ha tratado mal y los espectadores también. Y no lo entiendo porque
yo he disfrutado bastante.
Un
motín que nos conduce a una aventura por la galaxia. Una serie con una gran
ventaja: no sabemos qué está pasando, por qué derroteros nos llevan. No es el
manoseamiento de Star Wars en
el que ya sabemos lo que va a pasar, no es la pretenciosa Star Trek. No conocemos el pasado de
ese mundo y entramos de lleno en él sin datos. Todo suena a nuevo. Semejante a
lo que nos pasó con Firefly,
salvando las distancias, claro.
Creo
que el gran fallo de Intergalactic
es que resulta demasiado dramática, tiste y a veces hasta cruda. Y debería
tener más humor. En ocasiones es bastante oscura, progresivamente amarga a
medida que avanzan los capítulos y conocemos el pasado de los personajes. Una
aventura no merece ese tono. El capítulo 6 es un capítulo paréntesis que aporta
poco y flojea mucho.
Pese
a ello me parece mucho más entretenida de lo que dejan ver las valoraciones.
Buena producción, buen ritmo, personajes bien construidos. Y además se arriesga
a mostrar que los ecologistas son los malos.
Con
temas como el Alzheimer es fácil caer en los clichés. Suelo huir de estas
películas. Pero el año pasado se estrenaron Relic y El padre,
con puntos de vista originales. Quería dejar pasar el tiempo entre ambas. En
primer lugar para evitar comparaciones y, en segundo, porque uno no está para
ver dramones sobre un mismo tema todos los días.
Diré
primero lo único negativo: es demasiado teatral.
Lo
demás está muy bien. Con Anthony Hopkins y Olivia Colman, dos
intérpretes siempre descomunales hagan lo que hagan, tienes la mitad de la
película hecha. Y de apoyo Olivia Williams y Mark Gatiss.
Para
salirse de lo teatral la dirección juega bien las bazas de ese apartamento.
Esas puertas como aperturas de la memoria a espacios y tiempos erróneos. Un
lugar donde la mente, que ya no está allí, trata de anclarse, un espacio al que
aferrarse cuando lo nuevo es efímero y sin esperanza.
La
misma puerta te lleva a un trastero, a un hospital, a una sinapsis equivocada.
La identidad se desmorona pero, al mismo tiempo, te dice quién eres: lo que más
arraigado llevas en el corazón. Las hijas.
Bien
planteada y desarrollada, situándonos en el punto de vista del enfermo. Nos
descubrimos teniendo breves momentos de lucidez pero, principalmente,
encadenamos situaciones que no podremos ya nunca hilvanar correctamente. El guión
conjuga muy bien la evolución general de la trama con conversaciones tensas e
intrigantes.
1.
No me llaman la atención los estrenos de esta semana. Te cuento mi plan, que no
sé si cumpliré. Lo primero es ver El
padre. Y quiero terminar series que tengo a medias desde hace semanas o
meses: Intergalactic, The Gulf y El crepúsculo (The Gloaming).
También me gustaría terminar Para toda
la humanidad pero no creo que tenga tiempo.
2. The
Republic of Sarah. En Greylock descubren coltán. La empresa entra a saco.
Sarah encuentra un agujero legal por el que Greylock, en realidad, no es Estados
Unidos. Y se independizan. Desconcertante. Podría ser tan inteligente como El ala oeste de la Casa Blanca o The Good Wife pero prefiere ser Las chicas Gilmore. He visto 2
capítulos pero no creo que siga. Aunque tiene bastantes cosas interesantes.
3.
Ay, Spielberg. Hace sólo un par de años criticaba a Netflix por su
modelo de producción/distribución. Esta semana han firmado un acuerdo para
hacer múltiples películas por año. Como lo de Pedro Sánchez y los
indultos. En dos años, si no te gustan mis principios, tengo otros. Cómo somos
los humanos.
4.
Oriol Paulo se lanza a por Los
renglones torcidos de Dios. Es una trama que sí se presta mucho a los
juegos del director. Barbara Lennie será Alice Gould.
-¿Te
has comido a alguien? No me refiero por placer.
Lo
digo en serio. La serie de zombis que se debería ver es ésta. Y no esa otra de
la que todo el mundo habla y que ahora mismo no me acuerdo cómo se titula.
Aquí
no cogen a los mismos personajes de siempre y los ponen en una granja a decir
bobadas durante 10 capítulos. Aquí vemos numerosos grupos, dispersos,
confluyendo, chocando. Aquí, al poco de conocerlos, se convierten en cobardes,
luego en víctimas, luego en asesinos, luego mueren. Y a por otro grupo. A ver
cómo llevan la matanza. A ver si pierden su humanidad, su vida, su otra vida.
Aunque
exista una mansión como eje en los primeros capítulos se deshacen de ella
cuando es necesario. La estructura es de larguísimos travelling, envolturas en flashback,
relatos fragmentados, derivaciones… A veces los travelling son poco elegantes y caprichosos con la cámara al
hombro. Pero hay otros rodados con virtuosismo.
Los
zombis son un pequeño problema en comparación con los humanos embrutecidos. Me
gusta cómo, con unos personajes a los que desconocemos, nos obliga a
abstenernos de juzgarlos. La pobre chica enseguida se transforma en la chica traidora
e inmediatamente nos obliga a comprenderla. O ese personaje odioso lo
comprendemos después y de nuevo lo juzgamos negativamente y luego positivamente
y… La vida es complicada cuando estás entre zombis y luchas por sobrevivir.
Los
capítulos duran entre 30 y 60 minutos, según lo exija la narración. Mantiene el alto nivel de la primera.
Esta
película de atracos debería fluir a toda velocidad pero cada una de sus escenas
tiene el ritmo de un caracol, es perezosa, cansina. Suplicas que pasen a la
siguiente secuencia, te dan ganas de gritar que ya lo has entendido, que dejen
de hablar. Por favor.
Los
diálogos son lamentables y los supuestos golpes de humor dan vergüenza ajena.
El
punto de partida es inverosímil pero creo que en otras manos pudo dar buenos
frutos. Una prisión inexpugnable que alberga, además, un botín de oro que
pertenece a los fundamentalistas islámicos. No voy a defender Fast & Furious pero ellos sabrían
qué dosis de descerebramiento debían insuflar a la película.
La
cosa es que dirige Renny Harlin y no me lo acabo de creer. Tampoco es
que Harlin sea un director de aúpa -aunque hizo una obra maestra (opinión
muy personal) que es La isla de las
cabezas cortadas-, pero en otras ocasiones ha mostrado buen pulso para
la acción. Aquí no se le reconoce por ninguna parte.
Que
Pierce Brosnan esté en el berenjenal no extraña mucho porque este hombre
se apunta a cualquier cosa, pero es una pena ver ahí a Tim Roth.
Cualquier
capítulo de El Equipo A es
mejor. Y más divertido.
El
Katla es un volcán glaciar islandés. Entra en erupción y un año después
continúa arrojando ceniza de modo incesante. 365 días ininterrumpidos. Ahora,
de sus entrañas, también ha empezado a salir… gente.
Una
curiosa forma de contar una leyenda. Se apoya excesivamente en el recurso del
suspense al final del capítulo. Una nueva persona surge en cada episodio sin
que el misterio se vaya clarificando. Sólo la progresiva incertidumbre y
desconcierto. Consigue más fuerza en sus tres últimos capítulos, realmente
perturbadores.
Dirige
Baltasar Kormákur que demuestra ser un todoterreno en cualquier género.
Aporta su fuerza visual, su excelente planificación, su trabajo con buenos
directores de fotografía. Y no me refiero a los paisajes naturales, que
también. Me refiero a esa fotografía de grises, de nieve sucia y ceniza, de
luces mortecinas, de retratar el pueblo de Vík desde un inexorable apocalipsis
parcial o tal vez tragedia personal. Porque, ahí está lo que me ha interesado,
hay una lectura que podríamos llamar existencial o antropológica o moral. Como
quieras llamarlo. Habla de la lucha que mantenemos para darnos forma. Objetivos,
deseos, choques con nuestros defectos, culpa, remordimientos… El intento por
perfeccionarnos. Dejar que surja lo mejor. Matar lo malo, dejar lo bueno.
Las
historias de los personajes son irregulares. Algunas interesan mucho, otras
poco. Unos caracteres están mejor dibujados, otros peor. A veces es bastante
cruda.
La
han comparado con Dark y con Us. A mí me recuerda sobre todo a Les revenants, aunque tampoco es
exactamente eso.
No
creo que vaya a gustar a mucha gente. A mí sí.