Es
la temporada que menos me ha gustado. Supongo que la mezcla de robots y
dinosaurios provoca en la mente de un niño explosiones nucleares, supernovas, Big
Bangs completos. Pero no aquí. No así.
La
temporada es un barullo en que va de A a B, a C, a B a A, a C, a B, a C, a A
Vueltas y vueltas y más vueltas en un
ciclo que acaba por resultar cargante, que pudo durar 3 capítulos o 33 más.
El
eje es la malvada corporación MANTAH. Sospecho que se trataba de hacer un mero
puente antes de la verdadera temporada que sirva a su vez de puente para la
próxima película de Parque Jurásico.
Situaciones y comportamientos de personajes me han resultado muy forzados,
ilógicos, caprichosos. Una rutina que, pese a la velocidad, no avanza.
Hasta
llegar, claro, a la última escena, que nos deja en un suspense que debió
ocurrir muchísimo antes.
Es
el inconveniente de hacer 4 temporadas en poco más de un año: irregularidad.
Hay temporadas más pensadas, otras menos y otras, como ésta, forzadas por la
dinámica del mercado cinematográfico. O eso creo.
Pero
aquí estoy. Esperando la quinta y confiando en que supriman a los robots. Qué
pesados.
La
asociación de ideas fue así. Por un lado se estrenaba un Resident Evil que no me interesaba
absolutamente nada pues no estaba Paul Anderson tras la cámara. Por otro
lado se estrenaba la cuarta temporada de Campamento Cretácico y, por
supuesto, siempre me acuerdo del momento en que Sam Neill ve por primera
vez un dinosaurio en Parque Jurásico. La suma es: Paul Anderson +
Sam Neill = Horizonte Final.
Guardaba
un vago y aceptable recuerdo de ella y decidí revisitarla. Con sus torpezas y
excesos puntuales es una variante de Alien
interesante. Ciencia-ficción y terror. Aquí el terror era aún más indefinido
que en Alien. Un terror
invisible, intangible. De hecho nunca sabemos a qué se enfrentan los
personajes. Seguro que a su mente, miedos y visiones.
Pero
estaba bien también el diseño de la nave, con habitáculos muy sugerentes, un
espacio con diversas estéticas pero muy apropiado para generar ese terror
psicológico, laberíntico, vacío, limpio, sucio, verde, frío e incluso de
castillo en alguna secuencia.
No
será tan imperecedera como Alien
pero ciertamente es rescatable. Con Sam Neill, Laurence Fishburne
y Joely Richardson.
Sabes
que estoy harto de las pelis de nazis y judíos. Pues bien. Esta película de
nazis y judíos me parece la mejor película española del año y una de las
mejores a nivel mundial. Tal vez no sea premiada porque es para grandes
públicos. Quiero decir que no es gafapasta
ni se pliega a lo que se supone aquí que es cine de autor. Pero hay muchísimo
cine detrás.
Escriben
por ahí que es una historia acerca del Arte como vía de escape. Creo que es
mucho más que eso. Es una historia acerca de cómo en medio del odio, las
mentiras y el horror, surgen, necesariamente, el amor, la verdad y la belleza.
No es escapismo: es la necesidad del ser humano por encontrar su humanidad.
Es
el drama del gueto de Varsovia, pero hay hueco para el musical, para el teatro,
para el humor, para el romance… Hay sitio para jugar con la mezcla de realidad
y ficción, para la búsqueda de lo esencial, de la pureza de la sencillez.
Me
sorprende cómo el director logra escapar de los clichés y me encanta cómo, esa
elegancia en la planificación de la que siempre ha hecho gala en todas sus
películas, alcanza aquí un nivel de virtuosismo. Y no me refiero sólo a ese
plano secuencia inicial. Hay cambios de estilo en cada acto, en el modo de
encuadrar y fotografiar diversos momentos, acotaciones, secuencias. Un poco
oscura la fotografía, para mi gusto.
El
reparto, no muy conocido, está perfecto. Ni idea de lo que le habrá costado el casting. Pero hay daneses, ingleses,
americanos, italianos, españoles… Unas interpretaciones imponentes. La danesa Clara
Rugaard ya apuntaba maneras en I Am Mother. Aquí está enorme.
Rodrigo Cortés dirige, escribe y
edita. Muy buena también la banda sonora, la puesta en escena… Podría alargarme
mucho más en cada aspecto técnico pero en realidad es sencillo: es la película
que tienes que ver este año.
Muchos
pensábamos que Los Cazafantasmas II
(1989) era mala. Hasta que llegó Cazafantasmas
(2016) y bajó más el nivel. Sobre todo porque tenían más interés en reivindicar
lo feminista que en hacer una peli de Cazafantasmas.
Y resulta que hay películas mejores tanto de Cazafantasmas como feministas.
Cazafantasmas: Más allá viene a limpiar la
imagen. Y así sí. Sí me gustan estos Cazafantasmas.
Con reparos, sin exagerar como han hecho los americanos (se están volviendo
locos con la peli), pero hay muchas cosas rescatables.
Primer
acierto: la protagonista. Sin pretender ser feminista es mucho más feminista
que su precedente. Phoebe es una chica de 12 años (15 en el mundo real) con
carácter, superdotada, resolutiva. Y más madura que las 4 señoras juntas de Cazafantasmas (2016). Segundo
acierto: el respeto al espíritu ochentero. Tercer acierto: convertirlo en una
historia de aventuras con un ritmo bastante bueno y una estructura que, siendo
convencional, resulta acertada.
Tiene
sus problemas. El respeto al espíritu original a veces es excesivo apego. Podíamos
prescindir de la secuencia de la pirámide y de muchas cosas que pasan ahí. La
banda sonora es flojísima y llama la atención que no recurran a la clásica.
También es raro que haya tan poco humor en una historia de adolescentes.
El
conjunto es bueno porque creo que asienta bases para reiniciar o relanzar la
saga (si se quisiera, que tampoco hay por qué hacerlo). Y aunque Carrie Coon
se siente desaprovechada siempre es mejor tener a una actriz buena que a una
mala.
Por
cierto. Finn Wolfhard dice tener 15 años. Y ya tiene 19 en el mundo
real. De verdad que Hollywood debería cuidar lo de las edades en la
adolescencia/juventud porque hay cosas que no cuelan.
1.
Se comenta mucho la censura turca. A ver, por favor, que Disney y HBO, los que
más presumen, son los líderes en censura. Véase, por ejemplo, lo último en Aves de presa. Y en España tenemos
todo un catálogo de cosas pre-censuradas que nadie puede tocar.
2.
Christina Ricci está entre mis actrices favoritas. Una todoterreno capaz
de interpretarlo todo. Después de un tiempo con pequeños papeles ahora tiene
varias cosas en marcha. La veremos en Matrix
Resurrections pero me interesa sobre todo The Dresden Sun.
3.
Estoy muy intrigado por Competencia
oficial, con Penélope Cruz y Antonio Banderas, dirigidos
por los argentinos Mariano Cohn y Gastón Duprat. Veremos qué sale
ahí.
4.
Awkwafina recibió buenas críticas por su papel protagonista en The Farewell. En ocasiones, como
secundaria, se la ha mencionado como lo más rescatable, lo único rescatable o
lo que salva la película (Shang-Chi,
ejem). Así que quiero saber qué hace con Renfield.
Aunque una historia en la que Nicolas Cage es el conde Drácula da
bastante miedo.
Serie
alemana de ocho capítulos de 20 minutos de duración cada uno.
La
hija del primer ministro ha sido secuestrada en un museo. La policía acude al
lugar y llaman, por indicación del mandatario, a una especialista en análisis
de recuerdos.
No
recriminaré a la película sus giros, coincidencias y sorpresas forzadas. Porque
es parte del juego. La propuesta es esa, son las reglas y el punto de partida.
Desde esa perspectiva la dinámica es correcta. La corta duración de los
capítulos, los interrogatorios y la evolución de la historia logran que el
ritmo sea el adecuado y la intriga y la tensión aumenten.
Mis
objeciones van por otro lado. El final resulta bastante amargo. También pudo ser
peor, es verdad. Pero está claro que esa aspereza es más apta para un drama que
para una película de intriga. Y está claro que el núcleo, la exploración de la
escasa fiabilidad de los recuerdos, no es tan profundo como pretendían.
Qué
recordamos, qué elegimos recordar, qué mal recordamos, qué decidimos olvidar, qué
tergiversamos deliberadamente… Son muchos factores que se apuntan pero que,
realmente no tienen profundidad. Así que la ligereza del suspense encaja mal
con un final tan dramático. O dicho de otra manera: el drama no tiene la
sustancia suficiente para justificarlo.
En
cualquier caso resulta bastante entretenida y, ciertamente, sorprende en
algunos momentos.
Una
de las películas españolas más osadas del año. Perturbadora, extraña, terrible.
La arquitectura de la narrativa debería ser la de una comedia, pero lo que
sucede te deja mal cuerpo, un mazazo brutal, un drama sin concesiones.
No
son buenos tiempos para José Manuel. Su sobrina fue secuestrada hace unos meses
y ahora ha fallecido el presidente de la asociación ufológica OVNI Levante a la
que él pertenecía.
Y
mientras observo lo que ha dirigido Chema García Ibarra pienso en la
improbabilidad estadística de que un ilicitano filme de tal manera que unas
veces me haga pensar en Aki Kaurismäki y otras en Jean-Luc Godard.
Su
estética, sin embargo, está por definirse. Hay veces que sabes exactamente lo
que quiere y cómo lo quiere. Pero de pronto rompe su estilo (o el estilo que
crees que impregna la película) y se arranca con planos caprichosos,
improvisados, caseros. Tal vez es falta de presupuesto pero ahí cabe mejora.
Más
allá de fallos técnicos, probablemente indeseados, está claro que tiene una
mirada original, un enfoque muy particular. Nos mete en la piel del
protagonista, nos identifica con él y, de pronto, hace que cuestionemos muchas
cosas para más adelante dar el remate final.
A
ratos grotesca, al borde del surrealismo, pero anclada firmemente en una
realidad angustiosa. La ignorancia se convierte en la mayor perversión.