Siempre
dicen que la base de todo es un buen guión. Que si el guión es bueno lo demás
está hecho. Y siempre respondo que si no tienes una buena dirección no tienes
nada.
Este
es un excelente ejemplo. El guión de Amanda Idoko es bastante bueno. Los
hermanos Coen habrían hecho una gran película con ese material. Hay un
montón de personajes logradísimos y un enredo criminal solvente. Pero Tate
Taylor lo destroza miserablemente mostrando que ni siquiera sabe qué tiene
entre manos. No acierta a realzar el tema central de la película (la obsesión
por la tele-realidad y las celebridades) ni sabe dar con el tono adecuado.
Un
hombre muere en circunstancias incómodas por causas naturales. Pero la esposa
quiere sus 15 minutos de gloria y denuncia una desaparición. Esa mentira tendrá
consecuencias que derivarán en una escalada de violencia.
Tate Taylor debió rodar un Fargo y cree que está con Criadas y señoras. Es un desacierto
la dirección de fotografía, la música y el tonillo de comedia que adopta, que
está en el polo opuesto de la comedia seca que debió ser.
El
reparto femenino es un lujo y un desperdicio: Allison Janney, Mila
Kunis, Regina Hall, Juliette Lewis, Ellen Barkin, Awkwafina…
Una
verdadera pena.
-Los
que conocemos el noble arte de vender, sabemos cuál es el momento en el que hay
que tener la sangre fría.
Una
peli de aventuras de piratas sin aventuras ni piratas. Del mismo modo que La biblioteca de los libros rechazados
era una película policiaca, sin crimen ni policías.
La
trama es sencilla: Olavi es un anciano anticuario que descubre un cuadro de
gran valor. Tal vez sea el último gran negocio antes de retirarse.
La
historia es muy simple e incluso demasiado convencional. Pero creo que tiene
una planificación elegantísima y en ocasiones incluso magistral. El director
sabe mirar tras una cámara y construir la narrativa con ella. Hay muchos
grandes pequeños detalles: la parada del bus de Otto, la iluminación de la
tienda, esos teléfonos de rueda, la silla giratoria… Y otros planos muy bellos
como las tomas tras el cristal o esos tranvías.
Por
otra parte me gusta mucho la relación de Olavi con su nieto. El abuelo
exageradamente chapado a la antigua, el nieto un espabiladillo para buscarse la
vida. Ese momento en que el nieto pregunta que si ha buscado en Google y el
abuelo pone una cara de desprecio total es magnífica. Peor contada está la
relación con la hija pues es confusa y no llega a profundizar en las raíces del
distanciamiento.
No
estoy a favor del final (ya hay demasiados así) pero sí de la solución de la
ausencia de la firma del autor del cuadro. Bien traído.
Muy
buena la interpretación de Heikki Nousiainen.
No
apta para paranoicos. Porque después de verla todos acabaremos siendo un poco
más paranoicos. No eres paranoico si es cierto que te siguen. Es decir: no es
ser paranoico saber que te vigilan Hacienda y Disney. Ir más allá sí que es paranoia.
Y en esta serie te demuestran que estás perdido, que pueden hacer con tu imagen
lo que les dé la gana. Que si no lo están haciendo ya, lo harán esta tarde.
Un
soldado es declarado inocente en un juicio. Esa misma noche es detenido por
secuestrar a la abogada que le acaba de librar. Se ve clarísimamente en las
imágenes de la cámara urbana.
La
serie cuestiona la validez de esas imágenes. No fáciles de manipular. Pero
tampoco imposible. Para los servicios secretos, para un hacker con un buen software,
pan comido. Cualquier delincuente puede ser culpado. Cualquier inocente
también. Lo llaman corrección. Mostrar la verdad que no ocurrió.
No
podemos acusarla de ser demasiado rocambolesca porque en eso consiste la
historia. Sus giros y sorpresas se sustentan en ello. Una conspiración para
acusar a un hombre inocente por un buen motivo. Y otra capa que se añade
posteriormente. Pero el capítulo 1x05 no es disculpable porque usa de ese
principio detestable que considera al espectador un poco cortito. Es un
recopilatorio de escenas ya contadas para explicar en exceso lo que ha sucedido.
Me suelen gustar esos penúltimos capítulos (o intermedios) que detienen la
trama antes de lanzarla definitivamente. Pero no me parece bien si es para
construir esto.
Mucho
más interesante el último capítulo. Las cuestiones éticas. Lo que los gobiernos
hacen ahora que les hemos cedido nuestra libertad. Y nos confinarán cuando les
dé la gana agradeciendo nuestro servicio.
Británica,
6 capítulos. Adictiva e incluso en ocasiones sorprendente. Ritmo muy bien
llevado salvo por el capítulo mencionado.
1.
No acabo de ver qué sentido tiene un reinicio de Los 4400. ¿Soy el único? Y sin embargo CW debe tenerlo muy
claro porque ni siquiera ha pedido un episodio piloto.
2.
Dragones y mazmorras era una
película a la que tenía bajo vigilancia. Dicen que el tono está entre Piratas del Caribe y Guardianes de la galaxia. Bien. Me
parece que es la única opción de desarrollo. Y, aún así, veremos qué pasa. Es
un producto muy difícil.
3.
Lo nuevo de Shyamalan es Old.
Se pueden hacer muchos juegos de palabras tontos con ello. Y además tiene una
pinta espeluznante.
4.
Tom Holland dice que la próxima peli de Spider-man es la “película
independiente de superhéroes más ambiciosa jamás hecha”. Me gustaría saber
qué entiende Tom Holland por independiente.
Y por ambiciosa, ya que nos ponemos.
5.
La cosa es que yo no estaba de acuerdo con las declaraciones de Gina Carano
porque defender a Trump es tontería. Pero en cuanto Dinesy la despide
demuestran con ese acto que ella tenía razón. ¿Hay algo más nazi que no
permitirte expresar tus ideas políticas?
-¿Alguna
vez has visto una masacre?
1897.
Inglaterra traslada camellos de India, Afganistán y Persia al desierto
australiano. Los camelleros son obligados a ir también. Una vez allí son
utilizados en trabajos forzosos. Especialmente en la ruta para trasladar oro.
Western
australiano que no está mal pero al que le falta un hervor. La parte más
interesante, en mi opinión, es esa mezcla de gentes que se dieron cita en
Australia en el siglo XIX. Aborígenes, ingleses, irlandeses, chinos, indios,
afganos… Un cóctel explosivo en una tierra sin ley. Un fragmento de la historia
colonial británica prácticamente desconocido. Pero en realidad, una vez
planteado el argumento, tiene dificultades para evolucionar. Un afgano y un
ladrón local tratan de vender unos cuantos lingotes de oro marcados con la
corona de la reina. Fundirlos será una odisea.
En
estas narrativas el viaje es lo importante. Pero para que alcance relevancia es
preciso infundir drama, épica o pasado en los personajes. Lo hay en ciertos
momentos puntuales y en muchos otros resulta anodina.
Aunque
es algo dispersa en algunos momentos, porque no parece tener muy claro hacia
dónde va, agradezco mucho su clasicismo.
Por
lo concreto se llega a lo universal.
El
cine español y el brasileño tienen un problema a la hora de entender eso. Lo
concreto se refiere a las experiencias personales, a lo específicamente humano.
Lo concreto no es lo mismo que lo autóctono. El cine coreano puede ser muy
estrambótico en ocasiones pero logra una mayor universalidad porque, con todo
su histrionismo, su sentimentalismo, sus brutalidades y rarezas, cuenta cosas
muy humanas a nivel personal. Además de las autóctonas. Brasileños y españoles
pensamos que nuestras cuestiones vernáculas tienen más interés que las
personales. Y por eso fracasamos tantas veces de cara al exterior. En el
extranjero no acaban de entendernos.
Una
investigación policial mezclada con seres feéricos. Cualquiera que me conozca
sabrá que eso me encanta. Pregunta por ahí. Al menos a priori. Policías y fantasía.
Fenomenal. Pero no así. Se esfuerzan mucho en la serie por reflejar las
leyendas autóctonas de Brasil y se
olvidan de dotar de verdaderos dramas a los personajes. Otra serie más en que
la mujer del poli muere en los primeros minutos y luego él va, viene, vuelve.
Casa, comisaría, bar, bosque. Una y otra vez. Rollete ecológico. Cosas
aparentemente universales, pero no interiorizadas. Genéricas pero no
concretadas.
El
arranque me pareció muy atractivo y el desarrollo me agotó enseguida. La
terminé porque son 7 capítulos de poco más de media hora cada uno. Pero no
tengo interés alguno en saber qué sucederá en una hipotética segunda temporada.
Greg
acaba de divorciarse, acaban de despedirle del trabajo y acaba de matar a su
jefe accidentalmente. Una mujer le dice que viven en un mundo simulado, que
sólo unas pocas personas son reales.
Que
Mike Cahill es un tío raro ya lo sabíamos. Pero eso no implica que tengamos
que tolerar todo lo que hace. No tardamos mucho en descubrir que estamos en
Matrix. O algo así. Por eso es agotador que pase media película hasta el
siguiente paso. Cahill se embrolla en escenas que carecen de sentido
narrativo.
Es
evidente, en esta película y en otras suyas, que no le interesa el espectáculo
sino el factor humano. Pero en ese caso sus personajes deberían estar mejor
escritos, los conflictos deberían ganar profundidad.
Tiene
ciertos momentos visuales interesantes, sobre todo en sus inicios, con algunos
movimientos de cámara elaborados. El conjunto tira a tomadura de pelo con
reglas muy caprichosas.
Salma Hayek y Owen Wilson
hacen lo que pueden.