La
mayoría de las críticas, muy negativas, que veo hacia esta película
son por causas ideológicas: porque a Irán no se le debe tratar así
en estos momentos, porque presentan a Carter
como un pelele en manos de Teherán (lo cuál es cierto), porque su
discurso puede sonar a conservador…
Para
mí esos argumentos no son válidos. Pero ciertamente la película
tiene graves problema. Es una historia ambiciosa que se devora a sí
misma, una trama extensa que abarca demasiado.
Empieza
siendo una operación militar y se irá convirtiendo en una historia
de espías, de atracos, de rescate de rehenes… Cosa que no tiene
por qué ser mala, pero es muy difícil conjugar todos esos
elementos. Y pienso que no lo consiguen. Se vuelve bastante caótica.
No aburre, claro, siempre están pasando cosas, pero termina por ser
bastante confuso.
Afganistán
en los días de la retirada americana. Una operación para extraer a
una familia se convierte en un desastre. Años después los que
participaron en ella no han hecho mucho positivo con sus vidas. El
jefe (Liam
Neeson)
tiene demencia. Y en su delirio (o no) habla de 25 millones de
dólares escondidos en un hotel de Teherán.
Y
ahí es donde todo lo demás (robo, rescate, espías) se entremezcla
de modo poco convincente.
Pese
a todo, ya digo, mantiene la atención porque no dejan de sucederse
acontecimientos varios y los dos giros sorpresa (uno más que otro)
están bastante bien.
Debió
ser mejor película. Un director más sabio, con mejor montaje en la
trama de espionaje, con menos trama bélica inicial, le habría
sacado mucho más partido. No es mala por causas ideológicas pero es flojita por motivos fílmicos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario