O
cómo sobrevivir al apocalipsis zombi por ignorancia, de pura chiripa
o pese a tu propia estupidez. Al menos durante un tiempo.
Ya
sabes que las 6 películas de Resident Evil con Milla
Jovovich me parecieron tan malísimas como divertidas. Es mi saga
desastrosa favorita, una patada al cine con mucho humor.
No
quería ver esta nueva versión para que no me empañase los
bochornosos y alegres recuerdos de la hexalogía. Pero había que
verla así que mejor no retrasarlo.
Y
muy bien oye. Una historia macabra llena de graciosísimas monstruosidades
aberrantes. Quizá la palabra "graciosísimas" no es la adecuada, pero ya me entiendes.
Bryan
es un mensajero sanitario. Transporta riñones, hígados o lo que sea
que le pongan en la nevera portátil. Tiene una última entrega muy
bien pagada. Es de noche y está nevando. Y el apocalipsis zombi
empezó sin que él lo sepa.
Transcurre
en una sola noche y lo que más me gustaría destacar es su acertada
fotografía. Ilumina lo que tiene que iluminar para que el espectador
sepa lo que está pasando. A diferencia de otras. Que no voy a
mencionar ahora.
El
trayecto de Bryan transcurre de lo que parece un raro incidente a una
locura plagada de deformidades grotescas. El espectador, con él,
asimila gradualmente el horror, de modo que a partir de cierto
momento uno ya sólo puede seguir adelante. Bien trabajada la
progresión, de menos a más, para que nos entre fácil.
Austin
Abrams está perfecto en su mezcla de inconsciencia y
determinación.
Esta
vez Zach Cregger sí me ha convencido. La mejor de sus
películas. Los talibanes del videojuego no sé qué opinarán.
Es
el inicio de cómo la Corporación Umbrella destruyó el mundo.
¿Habrá más de la mano de Cregger o probará otro
género dentro del terror?

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