27/9/26

En el corazón de la bestia

A mucha gente le gustan las pelis de perros porque salen perros y ya está. A mí no suelen gustarme porque chapotean en tópicos.
Hachiko me resulta insoportable en su sensiblería empalagosa. Colmillo Blanco tiene su cosa pero está a años luz de la novela de London. Me interesó la reciente Good Boy por su simbolismo.
En el corazón de la bestia no está hecha para mí.
No cuento mucho porque su contenido es bien escaso y no es cuestión de agotarlo. Baste con saber que un hombre y su perro acaban perdidos en una zona salvaje de Alaska. Historia de supervivencia.
Está fabricada de tópicos. Encuentro con otro hombre solitario, encuentro con oso, con lobos, caída por un río de aguas bravas… Situaciones y diálogos absolutamente previsibles y convencionales.
No hay símbolos, metáforas o mensajes más profundos. Lo que se muestra es lo que hay.
Pero si te basta con ver bonitos paisajes, perros o a Brad Pitt te deslizarás fácilmente por ella. Hay que reconocerle al actor que lleva la peli por entero y, sin ser uno de sus grandes trabajos, está sólido.
A mí la parte que hizo que se me saltaran las lágrimas fue la nevera campera llena de cervezas Chimay.

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