Lo
primero que necesitas para ver Trenque
Lauquen
son 4 horas y 20 minutos. Después necesitas adaptarte al ritmo del
misterio, de la ensoñación, de la estructura arbórea.
La
historia comienza con dos hombres que buscan a una mujer llamada
Laura. Le robó el coche a uno de ellos para abandonar al otro. La
historia se ramifica. Laura a su vez buscaba el rastro epistolar de
otra mujer, Carmen Zuna, de hacia 1960. Y la trama se seguirá
ramificando pero no voy a contar más.
Trenque
Lauquen, población Argentina de unos 33.000 habitantes, me
recordó en cierto modo a Paris,
Texas.
Dos hombres en la carretera tratando de dar sentido al misterio de
una mujer. Pero no sólo es la trama, es la atmósfera, esos paisajes
abiertos y desolados, esa tristeza nostálgica. Sin embargo, al
llegar a la mitad, Trenque
Lauquen
abandona el realismo austero para internarse en un realismo mágico,
una fantasía extraña.
Las
historias no se cierran, una lleva a otra y a otra… Un
entrelazamiento de cuentos, de relatos a veces meramente apuntados.
Buscamos la felicidad sin saber dónde ni por qué, simplemente vamos
explorando caminos intrincados
e incluso sin sentido.
Técnicamente
es una película muy bien realizada: fotografía realista, sonido,
montaje, banda sonora. Pero entiendo que es fundamentalmente para un
público cinéfilo. Se toma con mucha calma cada secuencia,
desarrollándola lentamente, sin prisa. Digamos que no tiene interés
en llegar a ninguna parte, así que cualquier parte puede ser la
importante.
A
mí pareció siempre intrigante, incluido el plano final, claro. Cada
historia sostiene su misterio de variado aspecto y me sirve. Pero no
hay que buscar un relato unificado excepto en ese nivel simbólico de
buscar tu propio camino.

No hay comentarios:
Publicar un comentario