1.
Jamás apoyo incondicionalmente a un director. Linklater suele
gustarme mucho pero también he criticado cosas suyas.
2.
No me gusta Godard. Vi en su momento Al final de la
escapada (la de la chica que delata a su amante a la policía)
pero no la he revisitado ni pienso volver a verla. Lo habría hecho
con casi cualquier otra película en similares circunstancias. Al
final de la escapada tiene su potencial primigenio, su
originalidad, su apuesta por lo simple. Pero ya está.
Dicho
esto la peli -Nouvelle Vague- no está bien contada.
Para empezar hay que poner en texto el nombre de todos los
personajes. Y luego, cada vez que aparece, repetir el nombre: Hola
Roberto Rossellini. ¿Qué tal estás Jean Seberg? Mira: por
allí viene Claude Chabrol. Y aun así no funciona porque la
avalancha de gente conocida no la van a desarrollar. Gente conocida
para cinéfilos.
Ahí
está la cosa: esta película es para público extraordinariamente
restringido. Y ese público restringido no debería dejarse llevar
por el nombre de Linklater y admitir que así no se rueda una
película de este estilo.
¿Un
ejemplo? Lo que hizo Tarantino en Érase una vez en…
Hollywood. No era “real” pero era el espíritu de cómo
se hacía cine en una época. Lo de Linklater tampoco es
“real” y se queda lejísimos de hacer algo que resulte
interesante o emotivo o divertido o informativo o lo que quieras. Es…
indiferente.
Me
gustaron algunos momentos en los que vemos como filman
-reinterpretan- la peli original (¿más natural que la original?)
pero en su mayor parte me ha resultado aburridísima.
La
fotografía en blanco y negro carece de relevancia.
Lo
repito: no es para gran público y el pequeño público al que se
dirige se supone que tiene un nivel de exigencia más alto.
Lo
malo es que esto no es la Nouvelle Vague. Por suerte la
Nouvelle Vague fue mucho más.

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