4/1/26

Eko

Kuriachan es un criador de perros en las perdidas montañas de Kaattukunnu de India. Y debe ser algo más. Le busca la Marina, la policía, los naxalitas (terroristas marxistas) y otros. Unos por venganza, otros por deudas, negocios… Su esposa vive allí sola, con Peeyoos, un protector contratado por los hijos para que la cuiden.
La película crea una atmósfera de intriga muy original. Es como si, de algún modo, el misterio de las colinas y bosques se entrelazara con el misterio de quién es Kuriachan. Cada personaje que llega en su busca aporta algo de información. El suspense va creciendo, los flashback se remontan hasta la II Guerra Mundial en Malasia, el relato va y viene, con giros y sorpresas.
El ritmo es lento, perfectamente adecuado, desgranando poco a poco la narración, mostrando diversas perspectivas. La envolvente banda sonora ayuda mucho a mantener la atención pero -es lo único malo que le veo a la peli- es algo repetitiva.
El inicio es un tipo que utiliza como cebo una perra en celo. ¿Por qué? El argumento se ramifica y crea un personaje complejo, lleno de secretos y matices. Nunca llegaremos a entender a Kuriachan pero nos resultará fascinante.
Me gusta esta historia en la que el protagonista casi ni aparece. Sabemos de él por referencias, historias, relatos del pasado… Quedan en la niebla otros muchos eventos. Conocemos algunas razones de aquellos que lo buscan pero son motivos subjetivos. El relato de tono calmado va evolucionando hacia el drama turbio y hacia una violencia progresiva.
Lo que sabemos de Kuriachan es un eco. Es el eco de esa persona, los ecos reflejados en otros, un eco que suena diferente según de quién provenga.
Muy buena película con un gran final.

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