Rahim
está en la cárcel por una deuda. Sale con un permiso de dos días dispuesto a
conseguir dinero para pagar esa deuda.
El
inicio tiene un par de planos sintomáticos. En el primero no llega a coger el
autobús por muy poco. En el segundo contemplamos la maraña de un andamiaje de
una excavación arqueológica. Recuerda (a mí me recordó) algunas de las escenas
de El proceso de Orson
Welles. Y ciertamente, aunque he leído por ahí que es una adaptación de El idiota de Dostoievski, me parece que esta película tiene mucho de kafkiano que veremos
desarrollarse y amplificarse a medida que transcurren los minutos.
Farhadi vuelve a contarnos una
de esas historias que se le dan tan bien. Nos centra en una persona y, a partir
de ahí, vemos cómo sus acciones afectan a más y más gente. Lo que hacemos
incumbe a una escala social.
El
prestamista, la familia, los empleados de la cárcel, el taxista, la asociación
benéfica, medios de comunicación… Una onda expansiva de proporciones
inesperadas a partir de un acto bueno y unas metirijillas.
Hay
mucha luz en la película, la luz de Irán, cálida y colorista. Un contraste con
la falta de sentido que presenciamos. Las situaciones se complican de formas
inesperadas, un destino de mala suerte implacable.
A
veces es angustiosa y, al mismo tiempo, casi cómica. Esos giros que complican
todo tienen algo de ironía burlona. Al final sólo queda la aceptación de la
arbitrariedad.
Supongo
que era un momento oportuno el estreno de este documental, con la peli de Being the Ricardos entre las
nominadas a los Oscar. Por otra parte siempre es un buen momento para hablar de
Lucille Ball.
Como
en otras ocasiones (otras pelis, otros documentales) creo que hablan demasiado
sobre el matrimonio de Lucy y Desi y poco sobre lo que la
productora Desilu significó, sobre I
Love Lucy, sobre su importancia social, sobre las estrellas invitadas
que aparecían. En fin, sobre el espectáculo y el negocio en sí.
Amy Poehler se echa a los hombros
la dirección y producción del documental. Y también me habría gustado saber
algo del porqué. Si haces algo así significa que hay una conexión personal,
emocional, profesional… Algo de algún tipo. Y eso arroja valor sobre el propio
documento. Pero, en fin, nadie lo hace. A mí me gustaría saber el porqué del
empeño de la directora.
En
cualquier caso es interesante. Mucho para quien sepa poco o nada de Lucille
Ball y Desi Arnaz. Para un mitómano como yo bastante menos, pero aún
así viene bien enfocarse en esas personas que crearon y dieron forma a la televisión,
que fabricaron cosas de la nada, aprendiendo de cero, cambiando, modificando y
que dejaron una huella tan marcada que es casi imposible liberarse de sus
esquemas.
Basta
con ver la apabullante mediocridad de las sitcom actuales. Raramente encontramos algo original, algo que Lucy y Desi
no hubiesen dicho ya. Y dicho mejor.
Ahora
sólo falta que una plataforma se decida a colgar todos (toditos) los capítulos
de I Love Lucy y The Lucy Show. Y yo dejaré de ver
cualquier otra cosa hasta que me los vuelva a repasar.
Cuando
lees excesos elogiosos sientes la tentación de irte al lado contrario. Y no
sería justo con esta película. Es muy buena. Pero no nos volvamos locos.
Es
una película rodada en oscuridad y rabia, de tono muy realista, con un guión
sólido y bien estructurado que hace que el ritmo se mantenga las casi tres
horas. Eso es muy sorprendente porque, en retrospectiva, hay muy pocas escenas
de acción y son poco espectaculares. Para empezar le agradezco que nos ahorre
esos 20 minutos finales de acción descabellada de las pelis de superhéores.
Aquí no creo que lleguen a 10 y tienen su razón de ser.
Creo
que lo que más me gusta es esa sensación de incomodidad que produce, tan
semejante a los Batman de Tim
Burton. Tan desconcertante, tan claustrofóbica. Pero hay otras cosas muy
sorprendentes. La persecución en coche, por ejemplo. Creo que nunca he visto
una persecución rodada de un modo tan extraño y eficaz.
Muy
buena la banda sonora. Muy buena la planificación y edición.
Diré
pues, las razones para no volvernos locos, lo que no me ha gustado. Es un Batman muy inexpresivo y, en
general, los personajes carecen de matices, de profundidad. Son buenos actores
y eso hace que tengan presencia, pero les falta fondo, desarrollo. El otro
defecto que le veo es que me parece que Matt Reeves ha hecho un refrito
de las cosas que funcionaban en los Batman
de Burton, Nolan, Snyder y otro poco del Joker. Insisto en que el resultado
es muy bueno pero no le veo su propia personalidad.
Desde
luego sí es diferente a esa peli que Marvel ha repetido veintitantas veces.
Tiene fuerza, acongoja, abruma y muestra un deseo de evadir los clichés.
1.
Todos echamos de menos Justified.
Por eso me parece una idea buenísima que se haga una miniserie titulada Justified: City Primeval. Idea más
buena aún si quien dirige es (trompetas triunfantes) Quentin Tarantino.
2.
Anthony Starr, el actor que interpreta a Patriota en The Boys, fue detenido en Alicante
por liarse a mamporros bajo efectos etílicos. A mí esto de llevar tu papel a la
vida real me parece ir un poco lejos.
3.
Me gusta la pinta que tiene Bullet
Train. Brad Pitt, con 58 años encima, parece en plena forma. Aunque
nunca sabremos realmente qué hace él y qué no.
4.
Cada vez parece más inevitable la existencia de Los Mercenarios 4. Y con el doble de presupuesto que las
anteriores. Imagino que ese dinero se irá en rejuvenecer digitalmente a los
actores porque, en fin, vamos que…
Vicky McLure deja el vestuario y
los modales de pija que se calzó en Line
of Duty por un estilo un poco más rudo. Pero hay cosas que permanecen.
Aquellos minuciosos y exhaustivos interrogatorios tienen su paralelo en la
desactivación de bombas. Paso a paso, gota a gota de sudor. Pura tensión.
Esa
parte está muy bien llevada. Las bombas, las trampas, las evacuaciones, los
protocolos. Un ritmo perfecto.
El
gran problema es que averigüé de inmediato quién era el responsable de los
atentados. Aun sabiendo la identidad del culpable podría haber disfrutado la
serie. El problema está en que lo supe por la forma de introducir a los
personajes, el modo de ofrecernos pistas falsas, los diálogos tan elementales,
el guión tópico, los estereotipos… La serie encubre sus deficiencias con una
vorágine de desactivación de bombas.
A
la postre acabas por verle los trucos, la vaciedad. Rellenos de baratillo como
la psicóloga, relaciones artificiosas… Apariencias que pretenden contar algo
más de los personajes pero que carecen de cualquier relevancia.
Así
que me deja una sensación agridulce. Bien el núcleo, mal el perímetro. Me ha
sorprendido que haya tanta gente que no viera venir al culpable. Para mí estaba
clarísimo, esculpido, subrayado en exceso.
En
cualquier caso, si no eres tan quisquilloso como yo, es una producción
británica de seis capítulos entretenida y resultona. Pero el guión deja mucho
que desear.
-Mira
el esperpento con pinta de lesbiana que está ahí fuera.
La
película tiene una cosa buena: las fabulosas interpretaciones de su trío
principal. Penélope Cruz, Antonio Banderas y Óscar Martínez.
Te los crees, aceptas la existencia de esos tres personajes por completo. Pero Antonio
Banderas… Bueno, Antonio Banderas está en su salsa, disfruta, juega
y hace gala de un montón de registros.
Me
gusta también cómo usan en ocasiones la profundidad de campo. Y muchos diálogos
son realmente divertidos.
Con
todo eso es una película discreta. Ácida, burlándose de su propio oficio, pero
compuesta por una sucesión de escenas que son, en realidad, un collage de gags.
Momentos más o menos graciosos pero con problemas de ritmo cada cierto tiempo.
Y aún habrían tenido más problemas de no ser por los actores. En una de las
primeras escenas Penélope Cruz nos cuenta de qué va la peli que quiere
rodar durante varios minutos. Hay que ser buen un actor para que eso no resulte
un petardo.
Es
una película liviana, juguetona, a veces casi teatral, irregular y, pese a su
carga de ironía, con poco fondo.
Los
estadounidenses son expertos en explotar éxitos. Si algo funciona, allá van. No
me refiero sólo a sagas como la marvelita. Me refiero a conceptos. Por ejemplo
al harén ficticio de princesas Disney. O a sus psicópatas auténticos. Algunos
de ellos, como Ted K., también son expertos en explotar cosas.
Literalmente.
Supongo
que a pocos españoles les interesará Ted Kaczinsky. Pero ahí está. He
escrito el apellido sin tener que mirarlo porque ya le he oído mencionar en otras
series y películas, sobre él, sobre referencias, alusiones… Es como un mito.
La
película me ha gustado por su aspecto visual y nada por su contenido. Está
claro que el director se ha esforzado mucho en la realización de una
planificación acorde con la psicología del individuo. Esa cabaña en que vive es
algo así como el universo mental de Ted K. Hay secuencias oníricas, hay
secuencias frías, hay secuencias mareantes. Hay travellings circurlares, hay una fotografía de contrastes. Hay un
intento de ver el mundo como lo ve una mente psicótica.
Ahora
bien. Todo ese esfuerzo me dice poco (¿nada?) de la verdadera psicología, de sus
motivaciones, de su personalidad. No aporta nada nuevo a Manhunt: Unabomber. Tal vez no hay
nada nuevo que saber. Tal vez es imposible. Tal vez porque no soy
estadounidense.
Así
que me quedo simplemente con su ejercicio de estilo y con la interpretación de Sharlto
Copley. Se ve el gran esfuerzo del actor por encarnarlo.