Y
vamos con otra comedia inglesa.
Acababa
de leer un relato de Stevenson (El
ladrón de cadáveres) que narra la estrecha relación entre crimen y
medicina en Edimburgo allá por 1828. Robert
Knox, cirujano, compraba cadáveres frescos para sus clases. Burke y Hare le proporcionaban dichos suministros
médicos. Y, cuando no los tenían, los fabricaban.
Investigando
sobre Knox, Burke y Hare, di con
esta película, una comedia macabra, con bastante humor negro y algunos graves
problemas de fondo.
Está
Knox (Tom Wilkinson) que, casi
siempre, cree que la película es un drama. Están Burke (Simon Pegg) y Hare (Andy
Serkis) que, casi siempre, creen que la película es una comedia. Está Ginny
(Isla Fisher), la prostituta con
aspiraciones de actriz shakesperiana, que no sabe qué clase de película es. Y
está el hilo del relato, el narrador-verdugo, que, casi siempre, cree que la
película es realista o histórica.
John Landis dejó de ser hace
tiempo un tipo capacitado para manejar todo ese tinglado. Así que, dejando al
margen algún que otro momento gracioso y luctuoso, el metraje se hace pesado,
arrítmico y, paradójicamente, pueril. Porque todas esas caricaturas de
personajes secundarios...
Menos
mal que vivimos en tiempos ilustrados.
Una
vez más, ante una mala semana de cine, es momento de actualizarse con las cosas
que, al parecer, no llegarán a las pantallas españolas.
Quería
ver esta película porque trabaja Rupert
Grint y quería saber si hay vida más allá de Harry Potter, más allá de
Ron.
Un
asesino (Bill Nighy) contratado para
matar a una ladrona, una ladrona (Emily
Blunt) contratada para robar un cuadro y un lavacoches (Rupert Grint) que aparece por ahí. Las
cosas se complican y el amor también.
Previsible,
pero con ese humor inglés tan aparentemente soso y flemático que funciona por
antítesis. Tiene sus buenos momentos en los líos y es algo más torpe en el
desarrollo de las relaciones, más que nada por ser un cliché.
Además
andan por ahí Ruper Everett, Eileen Atkins y Martin Freeman. No es una película en la que los actores puedan
lucirse (está concebida de un modo deliberadamente frío, inglés, flemático)
pero es un buen reparto y se deja querer.
Todo
está mal en esta serie. Empezando por el título. ¿Por qué no se titula
Carpathia?
Están
mal las tramas. Promesas de algo gordo que después no tiene ninguna
trascendencia (el terremoto-tormenta), discursos pretenciosos vacíos (el viaje
de Pak), derivaciones complejísimas para cosas sencillas (la llegada de una
nave para introducir a tan sólo dos personajes)...
Están
mal esos personajes, clones de otras series, especialmente Battlestar Galactica: Julius
Berger, el científico/fanático/iluminado, igual a Gaius Baltar, el Presidente
igual a Roslin, Fleur igual a Starbuck, Cass igual a Jefe...
Está
mal colocar capítulos embotellados, autoconclusivos, para que veamos que pueden
estirar lo que les dé la gana sin llegar a ninguna parte.
Todo
está mal salvo el último capítulo. Lo que debería haber sido: tramas políticas,
amenazas a varias bandas, alianzas y traiciones inesperadas... La serie acaba
con un capítulo logradísimo y un cliffhanger
estupendo. Demasiado tarde. Para entonces, el público ha encontrado mejores
cosas que hacer, como tratar de encestar palomitas en una papelera.
Me
encanta la ciencia-ficción. Pero en el capítulo 3 ya me habían perdido. Me ha
costado parte de mi ADN llegar al final.
Los
X-Men
han (re)vuelto otra vez. La historia empieza antes. Antes de las otras. Así
sabemos cómo se conocieron Charles Xavier, Magneto, Mística, Bestia y demás.
También,
gracias a la película, averiguaremos qué es lo que pasó, realmente, en la
crisis de los misiles de Cuba. Qué calladín se lo tenían. Supongo que el
siguiente paso será confirmar que fue Magneto quien mató a Kennedy con una bala que no necesitaba arma que la disparase. Sólo
una mente.
Buena
dirección de Matthew Vaughn.
Graciosa,
por supuesto, la breve aparición de Lobezno.
Bonita
la escena del submarino volando.
Por
lo demás todo es lo de siempre. La dialéctica entre los dos grupos de mutantes,
los que quieren imponerse a la raza humana y los que quieren integrarse. Sin
matices personales, sin profundidad en los personajes.
En
definitiva: lo que uno espera de los X-Men. Me gustaría que, en una de
éstas, nos sorprendieran con algo más. Quizá menos personajes y más psicología
en los caracteres.
Se
conocen desde hace 15 años, tienen treinta y muchos o cuarenta y algo, son alegres,
despreocupados e irresponsables. Pasan juntos las vacaciones de verano. Algunos
hasta tienen hijos.
Pero
este verano, amigo, ha llegado el momento del bofetón de realidad.
Dos
horas y media en las que no pasa mucho. Pasa la realidad, la insensatez, las
bromas divertidas, los cabreos tontos. Pero muy bien contado. Ves ese ejemplar
plano secuencia inicial y ya sabes que ahí hay trabajo esmerado.
Divertida,
triste, desgarrada. Humor y tragedia latente se dan la mano. Dirigida con mucha
inteligencia, haciendo evolucionar a los personajes poco a poco. Muy graciosos
Max y Vero. Todos ellos viven al día, ignorando el daño que despliegan a su
alrededor.
No
saben que son infelices. Todavía no.
Pero
es el momento del bofetón de realidad.
Creo
que es muy meritorio el trabajo de los intérpretes de esta serie, sometidos a situaciones
extremas. Y no me refiero a la verbalización pornográfica y violenta, a los
gritos, bofetadas y empujones.
Me
refiero, y es solo un ejemplo, a Sophie, la niña de 16 años. Ese capítulo que
entra a saco. Primer plano. Llorando desquiciada, en el suelo, los cojines
revueltos, pañuelos de papel por todas partes. Tiene que sostener el llanto
durante varias tomas. Luego relajarse, pasar a contar un chiste sobre Harry
Potter, echar unas risas y vuelta a llorar.
Y,
además, porque prueba la versatilidad de los actores. Jake me sonaba de algo.
Pensaba que lo había visto, qué se yo, de secundario en una peli de acción.
Hasta que me dijeron que era Will el de The Good Wife. O la propia Sophie.
Había tomas que me recordaban a algo. Hasta que me digné a ver los créditos y
descubrí que era Mia Wasikowska, la Alicia
en el País de las Maravillas de Tim
Burton.
Intensa,
dura, a veces brutal. Porque, en el fondo, es el relato de una sociedad
corrompida y en proceso de descomposición. Sólo Gina se salva.
Sólo
tengo una pega que ponerle: no es muy cinematográfica. Es teatro, básicamente.
Las sesiones de psiquiatra de 50 minutos teóricos se condensan en 23 y, en
ocasiones, tanta palabra, sin ayuda de flashback,
sin plasmación de recuerdos, sin ningún apoyo, incluso aburre pese a su
brevedad.
Arriesgado.
Entiendo
que sea muy minoritaria. Pero, con frecuencia, el esfuerzo queda recompensado.
-No
hables con extraños.
Ni
veas películas que sabes que no son para ti.
Otra
de esas películas de Catherine Hardwicke
que explora la adolescencia, principalmente la femenina. El descubrimiento del
mundo adulto. En quién puedes confiar y en quién no. Tus padres no son
perfectos y tienes que lidiar con eso.
Me
gusta la estética gótica pero, uno de los problemas de que exista Tim Burton, es que nadie se le acerca.
Él tiene un universo propio. El de los demás, Catherine, chica, es postizo. Hay buenas ideas, una fotografía de
postal bonita y hasta esa banda sonora rock de la fiesta son admisibles y
originales. Pero...
No
me atreví a cruzar el bosque de hembras treceañeras que rondaban la taquilla
mientras la peli tuvo cierto auge. Había también, siempre, alguna loba. Y, al
final, podía estar la abuelita de ojos, orejas y dientes grandes. A saber qué
podía pasarme.
Así
que en un día de semana cualquiera, lluvioso, con tormenta, me atreví a ir con
mi cestita. La merienda no me pareció tan mala como esperaba pero tampoco llegó
a buena.