En
la cuestión de adaptar un medio a otro no entro. Hergé hacía en los cómics cosas imposibles de adaptar (por ejemplo:
esos trazos para expresar movimiento que en el cine no tendrían sentido).
Así
que no esperaba una adaptación fiel. Ni falta que le hace.
Para
mí es suficiente mérito que la sala estuviera llena de adultos sin niños. Gente
de entre 20 y 70 años. Sólo había una niña. Que los adultos se acostumbren a
ver dibujos animados es importante.
Entre
otras cosas porque después de Avatar y de Tintín cada vez parecen
más superfluos los actores profesionales. Todavía los usan para captar
movimiento. Pero ¿por qué vas a pagar a actores, especialistas, caros platós,
escenarios exóticos? La animación ya lo puede hacer casi todo. Esos travellings imposibles de los que está
llena Las aventuras de Tintín: El secreto de Unicornio. Tan llena que
abusa y agota. Esos travellings que,
ahora lo veo claro, Spielberg quería
filmar desde el comienzo de su carrera, cuando inventó el travelling spielbergiano: la cámara corriendo a la altura de los
talones de un personaje que huye. Y Milú es una buena excusa para explotarlo al
máximo.
Espectacular,
sí. También excesivo. Pero evidencia que ninguna escena es imposible de filmar.
Como
me decía Fernando ayer: es
hora de filmar en dibujos animados Ana Karenina, El Quijote, Hamlet.
Bueno.
Yo creo que no es hora. Todavía. Pero falta menos.
En
Harlan los negocios sucios siempre se los han repartido entre los Givens, los
Crowder y los Bennet. Pero Rylan Givens se cambió de bando: se hizo agente
judicial. Un Marshal. Se fue a Florida y prometió no volver nunca a Kentucky.
Pero allí ha acabado.
He
leído unas cuantas novelas de Elmore
Leonard. Buenos diálogos, y criminales con personalidades curiosas. Pero
poco más. Por eso, pese a las recomendaciones de mucha gente, no me había
puesto con Justified. Una vez que me he puesto, ha sido coser y cantar.
-Si
volvemos a tener esta conversación, no habrá conversación.
Y,
aunque empieza floja, normalita, merece la pena. Poco a poco se va poniendo a
la altura de Sons of Anarchy. En muchas ocasiones es incluso mejor. Porque
avanza. No se vuelve cíclica. Los capítulos procedimentales van desapareciendo y la historia pricipal cobra fuerza. La primera temporada habla, sobre todo de los
Crowder y Givens. Pero, en la segunda, entra la tercera pieza: los Bennet. En
especial Mags Bennet. Una Margo
Martindale descomunal, inmensa, arrolladora, sensacional. Y, con ella,
crecen Timothy Oliphant y Walton Goggins.
El
repertorio de mujeres con carácter fuerte, auténticos mastines, es magnífico.
Desde la anciana Helen a la adolescente Loretta.
-Cuando
mataste a tu marido, todas las mujeres lo aplaudimos.
Esta
peli tiene de todo: torturas, violaciones, canibalismo, mutilaciones,
martillazos en los genitales, decapitaciones, lluvias de puñaladas en el
interior de un coche...
Dos
horas y veinte.
Para
que sepas cómo las gastan los coreanos.
Un
asesino en serie comete el error de matar a la novia de un poli. Éste decide
hacer las cosas a su manera. Coloca un localizador al asesino y, a cada
fechoría, allí está el poli, presto para destrozarle algún miembro del cuerpo
que necesita. Pero a cada atrocidad del poli, el asesino sabe un poco más de él.
Y,
el problema, es que está bien rodada. Quiero decir que no es como Saw.
No se limitan a poner una habitación mugrienta y mal iluminada (de paso
ahorraban en presupuesto). Saw, como muchos señalaron, era asco
y punto. Encontré al diablo es retorcida, sórdida y brutal, un viaje al
infierno para mostrar cómo un buen hombre se convierte en monstruo.
Quiere
ser como Seven. No lo consigue, pero mejor tomarla a ella como modelo.
Una
angustia.
Perfecta
para celebrar un cumpleaños.
Esta
película la ve la Ministra de Sanidad y le da un infarto.
Con
lo tiquismiquis que es para la cosa del tabaco y el alcohol, o la ingresan o
queda vacunada para toda la vida.
Yasujiro Ozu filma en color,
tonos pastel, suaves y cálidos. La película tiene abundantes toques de comedia.
En el fondo cuenta cómo el abuso del sake conduce a la soledad o, tal vez, la
soledad conduce al sake. No está claro cuál es la causa y la consecuencia.
Pero, aunque el tema sea triste, lo cierto es que la gente bebe y se agarra
unas curdas divertidísimas.
Un
hombre viudo se debate entre retener a su hija a su lado o animarla a que se
case y viva su vida. Contemplando la vida de amigos suyos, se da cuenta de que
debe permitirla ir a su aire.
Otro
de esos retratos de familia de extraordinaria verosimilitud y una mirada a la
vez tierna y frustrada sobre la humanidad. Tal vez sobre él mismo.
Érase
una vez. Otra vez.
Sí.
Un capítulo piloto es poco para lanzar las campanas al vuelo.
Pero,
al menos, voy a tocar un tañido.
Es
la mejor serie que se ha estrenado esta
temporada. Al menos, el mejor piloto. No es sólo bueno. Es sensacional. Con el
espíritu de La princesa prometida y toda la carne que puedas poner en el
asador.
Storybrooke,
ciudad de Maine, Estados Unidos, donde viven, malditos, todos los personajes de
los cuentos de hadas, sin saber que lo son. Todos excepto Henry, que a los 10
años sabe que es el nieto de Blancanieves. Adoptado por la bruja malvada
(perdón, la alcaldesa) descubre a su verdadera madre biológica, Emma Swan,
cazadora de fugitivos.
No
sólo entrelaza maravillosamente los cuentos de hadas, sino que imbrica a estos
con el mundo del siglo XXI. La bruja (alcaldesa) ofreciendo un vaso de sidra a
Emma. Genial. Pero mejor algo más fuerte. Comedia, drama, fantasía... y unos
escenarios perfectamente logrados.
En
fin. Que podré perderme otras series. Pero Once Upon a Time puede contar con mi
fidelidad. El ataúd de cristal no me hará vacilar.
Y
saldrá Giancarlo Esposito:
periodista local y... ¡espejo mágico!
Me
he acordado bastante de Monsters. Otra película
independiente calificada de ciencia-ficción porque aparecían unos
extraterrestres cuando, en realidad, era una road movie romántica.
Otra Tierra tiene un planeta, espejo del nuestro, a
unos cuantos cientos de miles de kilómetros. Pero es un drama.
Las
dos raritas, no lo voy a negar, y quizá por eso me gustan. Creo que buena parte
de los discursos de Otra Tierra habrían sonado a pretenciosos y pedantes de no ser
por la idea de la Tierra 2. Así, encajan bastante bien.
Y
me gusta ese final, que nos deja con más preguntas que respuestas, pero que
responde la única cuestión importante: hay posibilidad de elegir.
Supongo
que la esperanza está para usarla.
En
Hollywood han encontrado un nuevo género para ganar dinero: la crisis
económica.
El
reparto es un lujazo de viejas y nuevas glorias. Un Kevin Spacey recién salido del teatro, un Jeremy Irons recién salido del geriátrico, una Demi Moore recién salida del cirujano plástico, un Zachary Quinto recién salido del
armario...
Es
posible que la peli sea buena. Pero no pude prestar la suficiente atención
debido a la espantosa y descuidada fotografía: esos brillos en las ventanas,
esa lámpara sobre la mesita, esa falta de nitidez en todas y cada una de las
escenas. No es cuestión de realismo: es una dirección de fotografía lamentable.
Cuando en vez de estar atento a lo que se cuenta, estás pendiente de averiguar
quién se sienta en el coche o en una silla, hay un grave problema.
Me
quedo con Stanley Tucci y esa escena
del puente que construyó.