1. En Bradford, Reino Unido, un tío
disfrazado de Batman (modelito
antiguo y ligera barriga cervecera) arrestó a un delincuente buscado por la
policía y lo entregó. Luego se descubrieron algunas matices que lo hacen casi más asombroso todavía. Vivimos en un mundo genial.
2. Hasta junio no se estrena El hombre de acero. Los directivos
de la productora la han visto. Se quedaron tan flipados que ya han dado cuerda
al guión de la segunda. Buenas noticias para la primera parte, malas para la
segunda.
3. En una sociedad en la que, estar a la
última en chorradas tecnológicas, es casi una religión, me sorprende cómo la
gente ha prescindido del Blu-Ray. Me alegra. Aunque me temo que la muerte del
Blu-Ray significa la muerte de la calidad. La renuncia definitiva a educar el
gusto.
4. Faltan 22 días para el regreso del Doctor Who.
Mi resistencia para ver esta película se
fundamentaba en algo muy sencillo: ¿por qué hacer una película de un musical
con actores? ¿Por qué no con profesionales de la canción?
El mismo problema que con El fantasma de la ópera. Si llevas
un musical al cine, deberías currarte las coreografías. Eso o, al menos, poner
cantantes. Porque los actores puede que canten bien. Pero no excelente. Algunos,
tal vez, mejor que otros, pero sigue habiendo un problema.
Desde luego, Tom Hooper no destaca
por sus esfuerzos imaginativos. Su dirección es académica y las coreografías
prácticamente nulas.
Y, para entrar en el tema que me condujo a
ver la película, el Oscar a Anne Hathaway, debo admitir que lo merece.
Lo merece, simplemente, por ese larguísimo primer plano, ese solo imponente que
se marca desplegando su capacidad musical y, sobre todo, su acongojante
versatilidad interpretativa. Dominando música, sollozos, lágrimas, angustia. Lo
que hace Hathaway en ese plano basta para que alguien se gane, con toda
justicia, el título de actriz. Y que se lleve el Oscar.
¿Dónde está Jessica Hyde?
Un cómic paranoico-conspiratorio. Pero que
va en serio.
Utopia es bestia con ganas. Con muchísimas ganas.
Rabiosamente bestia. Una planificación cuidadísima, colorista, haciendo que
cada plano brille. Con demasiada frecuencia, sabiéndose bonita, se vuelve
narcisista, remirándose.
Su humor. Aquí llegamos al problema. Los
primeros capítulos tenían cierto juego violento-divertido, macarra-gracioso,
borde-controlado. Pero al llegar el tercer capítulo se pasaron. El asesinato de
los niños en el colegio rebasa la medida. Ahí no cabe humor. Hay demasiado
deleite y regodeo en lo brutal. Un plan macabro (demasiado forzado) para atrapar
a un niño. Un intento de decir que son más bestias que nadie.
Y no. Cualquiera puede ser más bestia. Ahí
dejó de motivarme. La trama tenía menos interés que la obsesión por noquear
al espectador con una burrada mayor. Demasiado mirarse el ombligo y poco desarrollo de los personajes. También en Breaking Bad mataban un niño. Por razones argumentales. Aquí
sólo son ganas de llamar la atención, de ir donde creen que nadie ha ido.
Es menos descolocante de lo que quiere ser,
de lo que cree ser, de lo que puede ser. Tenía su cosa, sí. Pero también
demasiado interés en ser especial.
¿Dónde está Jessica Hyde?
Si te aseguran que una película es mejor que
Crepúsculo, te están diciendo bastante
poco. Porque prácticamente cualquier cosa es mejor.
Pero ciertamente Crepúsculo es la referencia por su temática. De modo que ¿es
mejor? Sin ser una gran película, es bastante superior. Cosa que puede ser
suficiente para explicar su batacazo en taquilla.
Crepúsculo trataba de una chica que lloraba su mal de
amores. La razón por la que aparecían vampiros y licántropos aún sigue siendo
un misterio para todos los espectadores. Podían haber sido elfos y flores
parlanchinas, trasgos y alienígenas, una invasión de relojes suizos y iPhones
defectuosos. Daba igual.
En Hermosas
criaturas hay una razón y te la explican. Pero hay muchas más ventajas.
El chico mortal y la chica no-mortal no están continuamente en estado de
perpetuo acaramelamiento baboso y tienen sus broncas y disputas. La relación es
más normal. Además hay muchas frases ingeniosas, cínicas, divertidas. Hay
alusiones a Bukowski, Vonnegut, Harper Lee, Jane Austen.
Y están Jeremy Irons, Emma Thompson y Viola Davis llenando
la pantalla en cada aparición.
La trama, como todas en las que hay unos
amantes predestinados, me repatea. La gente acaba creyéndose que su amor es así
y que el destino les resolverá la papeleta. Siguen sin enterarse de que uno se
enamora de la vecina o vecino del 5º porque es lo que tiene más a mano y que
los problemas los resolverán ellos o lo tendrán muy chungo. Pero dejando eso al
margen (y la peli tampoco fuerza el destino del todo), no se hace pesada ni te
deja secuelas psiquiátricas permanentes.
Hay ocasiones en que lamentas que un
director no haya tenido más presupuesto para hacer lo que quería. Notas que,
con más medios, el resultado habría sido superior.
En el caso de Hansel y Gretel sobra el dinero. Por todas partes. Cuanto menos
dinero hubiesen tenido, habría sido mejor. Si no hubiesen tenido nada, no se
habría hecho, y habría sido aún mejor. La peli es un salvaje despilfarro de
efectos, vestuario, maquillaje... Todos los elementos de producción a lo grande
utilizados en... nada.
El guión es el de un videojuego: botón
derecho vas a la derecha, botón izquierdo a la izquierda y el del centro para
disparar. Así que, venga, a darle al del centro. El inconveniente de todo esto
es que Wirkola juega por ti. Tú ni siquiera tienes que apretar los
botones. Y, así, claro, pierde la poca gracia que podría tener.
Por cierto. Ni siquiera es graciosa. Quiere
serlo. Pero los diálogos no lo consiguen.
El estilo es el de, por ejemplo, Orgullo y prejuicio, de
época, colorista, vestuarios emperifollados, ambiente. Lo que cuenta discurre
en plan realista, cosa que no debe extrañar ya que viene de Zentropa, la
productora de Lars von Trier.
En mi opinión, ambas cosas no encajan bien.
Las escenas son demasiado morosas. La
evolución de los personajes, demasiado rápida. Estás en una alargada cena y en
la siguiente escena el rey y la reina no se pueden ni ver. Estás en un hospital
mezquino y en la siguiente escena el médico es amigo íntimo del rey.
Así que me pregunté por qué se encontraba en
el quinteto de películas extranjeras nominadas al Oscar. No está mal. Pero los
defectos señalados y su dirección académica no aportan gran cosa.
Mi teoría es que los americanos se encuentran
a gusto con los clichés históricos. El rey, que era esquizofrénico, es
presentado como una parodia; la reina una mujer de ideas claras que quiere la
libertad del pueblo; el amante es justo lo que ella necesita. Los nobles son
malos, el pueblo llano es bueno. Los campos muy verdes, las ciudades muy
grises.
No me aburrió en exceso, pero me alivió que
terminara.
1. Hacía siglos que no me paseaba por The Big Bang Theory. Pero me dijeron
que, a partir del 6x16 salía Kate Micucci. Así que allá fui de cabeza.
No sé si seré una habitual, pero a mí me haría habitual.
2. Amanecer.
Parte 2 tenía todas las papeletas para hacer un pleno en los Razzie.
Pero hay gente imparable. Adam Sandler consiguió no irse de vacío. Y Rihanna
se llevó el de peor actriz de reparto.
3. Hice una apuesta contra mí mismo y perdí.
Me dije: si Anne Hathaway gana el Oscar, veo Los Miserables; si no gana, paso de ella. No hubo suerte. Ya me
la he descargado. Tendré que verla.
4. Sólo faltan 29 días para el regreso del Doctor Who.