
Desde luego, Tom Hooper no destaca por sus esfuerzos imaginativos. Su dirección es académica y las coreografías prácticamente nulas.
Y, para entrar en el tema que me condujo a ver la película, el Oscar a Anne Hathaway, debo admitir que lo merece. Lo merece, simplemente, por ese larguísimo primer plano, ese solo imponente que se marca desplegando su capacidad musical y, sobre todo, su acongojante versatilidad interpretativa. Dominando música, sollozos, lágrimas, angustia. Lo que hace Hathaway en ese plano basta para que alguien se gane, con toda justicia, el título de actriz. Y que se lleve el Oscar.
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