Me
recuerda, en muchas cosas, a Dinero fácil. La trama, en lugar de
desarrollarse en los bajos fondos de Estocolmo, tiene lugar entre las mafias de
Corea del Norte, Corea del Sur y China.
La
rabia se extiende.
La
historia de un hombre desesperado en un mundo desesperado. Una violencia extrema,
sucia, descarnada. Mientras te queda sangre, puedes seguir matando.
157
minutos conducidos a un ritmo vertiginoso, sin apenas descanso, plagado de
elipsis para llevarnos a los puntos neurálgicos de las alcantarillas. El
protagonista es un tipo prescindible, cebo ideal para un trampa. Pero se
resiste a morir y él mismo se convierte en la trampa.
Creo
que el cine coreano puede llegar a ser muy bueno. De momento, para llamar la
atención, se desmadra con mucha facilidad. Pero pienso que, cuando reciba mayor
reconocimiento, sabrá moderarse. Esa larga, agotadora, frenética fuga en los
muelles, el barco, el camión, los coches, no tiene nada que envidiar a
Hollywood. Y con un tono mucho más realista.
La
supervivencia desde la miseria.
No
tiene mucho que ver con la Navidad y ni siquiera con la nieve. Pero, pese a
todo, ciertamente, es un musical navideño.
Guiado
con la elegancia que caracterizaba a Michael
Curtiz. Pienso que Frank Capra
habría construido una obra maestra a partir del guión de esta película. Pero
supongo que Capra no habría hecho un
musical. Habría hecho Un gángster para un milagro.
La
trama no es sencilla. Se conjuga la presencia de dos antiguos combatientes de
la II Guerra Mundial que son bailarines y productores, la aparición de dos
hermanas que bailan juntas y buscan promoción, un trabajo en Vermont, la
historia de un general retirado... Y, obviamente, los romances que van
surgiendo.
No
la situaría entre los grandes musicales ni entre las grandes películas
navideñas. Pero tiene su cosa, su gracia sencilla, su facilidad para hacer
evolucionar una trama en la que muchos habrían tropezado.
Bien.
Las navidades terminaron. Pero nunca es tarde para un poco de magia. Si te sientes
nostálgico, Navidades blancas te satisfará. E incluye algún número bastante
moderno para su tiempo: ese debate entre baile y coreografía.
Lars von Trier ha hecho cosas
buenas al cine. Y también mucho daño. Por ejemplo aquel musical, por llamarlo
de alguna manera, llamado Bailar en la oscuridad. A partir de
ahí, la gente cogió la manía de terminar los musicales con la muerte del
protagonista. Véase, por ejemplo, la reciente tontería con la que todavía
muchos babean, Cisne negro. Cosa que, a su vez, me hace pensar en que nadie
vio West
Side Story. Allí también moría el prota y la gente siguió haciendo los
musicales como si no hubiera pasado nada: con final feliz.
Viene
en los manuales. Musical=final feliz.
Carca que es uno.
Fred Astaire, Ginger Rogers, Bing Crosby, Esther Williams... Ah, qué tiempos aquellos.
El
caso es que, gustos a parte, Moulin Rouge es llamativa
visualmente pero una pedrada en muchos sentidos. La principal de ellas su
inadecuación entre fondo y forma. Bailar en la oscuridad ya te
preparaba para lo peor. Sin embargo, la estética kitsch, juguetona, tontuela y ridícula de Moulin Rouge, no encajaba
para nada con ese final. No tiene, por otra parte, un baile inolvidable o una
canción antológica. Pese a sus excesos coloristas.
Aunque:
-Que
maravillosa es la vida, ahora que estás en el mundo.
¿Influyen
los críticos de cine en las decisiones del espectador?
Algo
sí. En las pelis malas, por ejemplo, no hacen pases de prensa porque saben que
la crítica las va a machacar. Es el caso de El código da Vinci o Torrente.
Los americanos, por su parte, piensan que los críticos españoles influyen más
que en otros sitios y, en ocasiones, aunque hagan pase de prensa, secuestran la crítica hasta el mismo día
del estreno, como en Amanecer (1ª parte).
Yo
me fío, en general, de algunos. De pocos. De otros, nunca. Y, de entre los que
no me fío nunca, tengo algunos amigos. Bien pensado, mis amigos críticos son de
los que menos me fío. Pero a veces tienes que ver con ellos cosas que te
recomiendan.
Como
por ejemplo Tentación en Manhattan. Una joyita de las comedias, fresca,
distinta, divertida. Eso me dijo. Y lo dijo un tipo que, normalmente, va a por
el cine de aristas. Pero esta peli le hizo tilín, quién sabe por qué. Y yo que
veo a Sarah Jessica Parker, el
título, el cartel...
Pues
tirando a elemental. Le doy un aprobadillo por eso de las buenas intenciones.
Pero nada más.
Lo
bueno de esto es que, el próximo día, le colocaré Franklyn, que a mí me
gusta y sé que a él no le gustará.
Me
puse con ella porque era una de las pocas cosas que no había visto de Sam Raimi.
Desde
el momento en que una mujer es la pistolera en una película del Oeste, hay que
decir que se trata de un Western atípico. Hay pocos. Johnny Guitar y, en
cierto modo, Valor de ley.
Rápida
y mortal está lejos de estas dos pero merece, creo yo, cierto respeto. Porque la dirige Sam Raimi y porque trabajan Sharon
Stone, Gene Hackman, Russell Crowe y Leonardo DiCaprio.
Un
pueblo que organiza un concurso de duelos a muerte y al que acuden pistoleros
descerebrados, lo mejorcito de cada familia. Un pueblo que se encuentra
gobernado por un tal Herodes.
Y
Lady se apunta al combate.
Es
verdad que tiene elementos demasiado exagerados: esos bonitos agujeros en el
cuerpo, ese balazo final que hace dar una vuelta de campana. Pero también tiene
sus cosas buenas. Me gusta mucho el comienzo, la presentación de personajes,
los secundarios.
Sirve
para pasar el rato cómodamente.
Mira
que es grande Gary Oldman.
Esta
película de espías no va a gustar al público general. Y a Tomas Alfredson, su director, le importa un pito que no guste. A mí
me parece muy bien.
Es
seca, pastosa, difícil de seguir. Si pierdes un detalle, algo de la trama se te
va. Y no va a repetirte las cosas dos veces. A Anna, la mujer de Smiley, la vas
a identificar porque lleva un vestido rojo. Por poner un ejemplo que debatieron
mucho las dos viejecitas que tenía detrás. Hasta que una de ellas, por fin, se
quedó dormida.
No
es que John LeCarré me guste mucho.
He leído cosas suyas y sé quién es Smiley, la organización Circus y me hago
cargo de su mitología sobre los servicios secretos británicos. Pero me parece
que Alfredson le ha mejorado.
Vi
un par de veces Déjame entrar y sospecho que con El topo haré lo mismo.
Tampoco más porque no son películas para alegrarte la vida. Pero sí merecen dos
visionados porque tiene estilo y personalidad.
Para
empezar el año, una película bonita y familiar, pero no cursi.
Cameron Crowe acierta en el tono
de la película. Un joven viudo, padre de dos hijos, busca casa para empezar de
nuevo. Acaba liándose la manta a la cabeza y comprando un pequeño zoo.
El
primer acierto es que, aun contando con Matt
Damon y Scarlett Johansson, no
les mantiene en un perpetuo desfile de modelos. Trabajan en un zoo y tienen
aspecto bastante normal. También está Elle
Fanning que, como también sale en todas las películas que puede, tenía que
acabar coincidiendo, tarde o temprano, con Matt
Damon. Esta chica debe estar perdiendo un montón de clases.
El
segundo acierto es que, para ser una película familiar, la relación padre-hijo
no es un cliché (véase el broncazo de Matt
Damon al chaval: justificado, verosímil, racional). Debería aprender Spielberg y aplicar algo de esto a Falling
Skies o Terra Nova.
El
tercer acierto es que no cae en el ecologismo barato. A los trabajadores del
zoo les gustan los bichos pero saben que las personas son lo primero.
Un
cuento bien contado, amable, entretenido. Previsible, pero era a lo que íbamos.