Me ha costado muchísimo tragar esta
adaptación. Para mí, para mucha gente, Anna
Karenina, la novela, es una narración única, tal vez la que mejor se ha
adentrado en el análisis de las razones y las sinrazones del amor, la historia
de un adulterio tratado con genialidad, la evolución psicológica de una mujer
entre la pasión y el deber.
Desde luego no es teatro. Y, mucho menos, un
teatro tan artificioso. A punto de ser un musical a veces, casi una comedia bufa otras. Reconozco que las escenas están trabajadísimas,
movimientos de cámara, fotografía, vestuario, cambios de escenarios,
composiciones de masas estáticas... Pero no es nada apropiado para contar lo
que está contando.
Ese relato sincopado está en las antípodas
de la fluidez de pensamiento. En la novela el espectador siente los movimientos
mentales de Anna Karenina y del resto de personajes. La película pone en primer
lugar ese desfile de modelos, mobiliario, joyas...
Y, desde luego, que el conde Vronsky sea un
pimpollo afeminado, te hace pensar qué clase de voluntad retorcida movió a
guionista y director.
Por favor, de verdad, lo suplico: que nadie
vuelva a tocar la novela salvo que sea un genio confirmado. Y que sepa de qué
va la historia, claro.
-Los monstruos moran en Albión.
Me gustó el comienzo, con ese montaje en
paralelo entre el campesino Jack y la princesa Isabel, leyéndoles los mismos
cuentos, recibiendo broncas parecidas.
Mi sensación: expectativas iniciales bajas,
después empiezan a darte más de lo que esperabas, luego, cuando te dan todo
eso, deberían haber ido un poco más lejos para redondear la faena. Porque la
caída del árbol, el asedio y otras muchas cosas están muy bien. Pero puestos a
la faena les falta el punto de la épica.
La estética de cuentecillo está bien, con un
contraste un tanto tétrico que sin duda aporta Bryan Singer. La ciudad
de los gigantes y sus hábitos caníbales aterrarán, sin duda, a los más peques.
Dejando al margen mocos y demás parafernalia.
Una combinación de aventuras romance y un
poco de humor que resulta entretenidilla pero poco perdurable.
Otra cosa: la princesa se marca,
posiblemente, el cambio de vestuario más rápido de la Historia del Cine.
-No puedo decir sí a todo.
Segunda película escrita y dirigida por Josh
Radnor. Después de Happythankyoumoreplease
crea una historia más pulida, aquilatada, trabajada, inspirada,
liberada (casi) de artificios.
Radnor tiene toque, intuición
para descubrir las cosas buenas de la vida. Y sus personajes hablan de la buena
literatura (y de la mala), de música clásica, de responsabilidad, del sentido
moral del hombre, de la edad. La edad que aceptamos o rechazamos.
Hay mucho amor por la literatura. Me encanta
ese debate sobre la buena literatura enfrentada a la mala (Crepúsculo), su percepción acerca de
una sociedad que gusta de las cosas malas. Y me encanta ese final, la
conversación acerca de la vejez.
Josh Radnor,
Elizabeth Olsen, Richard Jenkins, Allison Janney, Elizabeth
Reaser, Zac Efron. Actores
y actrices de muy diversos pelajes que están perfectos en su papel. Me
sorprendió la Olsen y, desde luego, Zac Efron. Su trama está
forzada pero él cumple.
1. Ay, Community. El 4x05 me ha parecido un intento de suicidio. Uno
de esos que no van en serio, que son para llamar la atención. Pero es muy mala
señal tanta desgana.
2. Durante muchas semanas ¡Rompe Ralph! fue la única oferta
infantil y/o familiar. Eso favoreció la buena taquilla que hizo. Ahora se
acumulan Oz, un mundo de fantasía,
Jack, el cazagigantes y Los Croods. Supongo que alguien más ve
el problema, ¿no?
3. Inárritu va a hacer una comedia
titulada Birdman. No sé. Yo
creía que Iñárritu era de esos que no sabía reír. Las palabras comedia e Iñárritu, en una misma frase, me hacen pensar en El jefe de todo esto de Lars von
Trier.
4. Mira tú por dónde: alguien ha decidido
estrenar El chico del periódico.
La gente no me hace caso. Ni siquiera cuando tengo razón. Bueno, no sólo yo. En
Berlín la crítica la masacró unánimemente.
5. Faltan 15 días para el regreso del Doctor Who.
Las verdaderas protagonistas de la peli son
Evanora (Rachel Weisz), Theodora (Mila Kunis) y Glinda (Michelle
Williams). Claro. Para algo se han llevado un buen pellizco del
presupuesto.
No sé si te has dado cuenta, pero desde 1939
para acá los efectos especiales han adelantado una barbaridad. Justo al
contrario que la imaginación de los guionistas. Todo en este Oz es visualmente
arrollador y recargado y colorista. Pero la trama que en este mundo de fantasía
podría haber sido novedosa, repite demasiado la del clásico.
Oz viene a ser nuestra Dorothy y sigue sus
pasos en el camino de losas amarillas. Y el espantapájaros, el león cobarde y
el muñeco de hojalata han sido sustituidos por un mono alado y una muñeca de
porcelana. Significativo, ¿no? 2 compañeros en lugar de tres. Eso sí: la muñeca
de porcelana me pareció el mejor personaje de toda la peli.
Hay muchos guiños y referencias, desde
luego. Pero faltan las canciones (The Wizard of Oz), una frase inmortal (¡Me derrito!), entusiasmo, verdadera emoción, humor, contenido.
Supongo que a los peques les satisfará.
Visualmente es un surtido de chuches. Pero... Este Oz no es mi Oz. Mi Dorothy
tenía más capacidad de seducción. Y ni siquiera esta Kansas es mi Kansas.
Ah, sí. James Franco es sosísimo y
muy repelente. Incluso cuando se supone que ya es bueno sigue pareciendo un
vulgar don Juan.
Una razón práctica que explica por qué los
clásicos no se deben tocar.
1937. Nanjing se encuentra bajo bombardeo
japonés. John Miller (Christian Bale) es amortajador. Se dirige a la
catedral de Winchester para ocuparse del sacerdote fallecido. Pero cuando llega
allí sólo están las niñas del colegio católico y un grupo de prostitutas que
buscan refugio.
Yimou, tío, quién te ha
visto y quién te ve.
Todavía me acuerdo de cuando Zhang Yimou
hacía películas con forma y contenido, con estilo y argumento. Ahora hace
pastiches, refritos de aquí y de allá. El argumento es idéntico al de Los niños de Huangh Shi. Y Bale
es amortajador para poder colocar un par de frases como las de Despedidas.
La peli gustará, y mucho, a la mayor parte
del público. El arranque, esa secuencia bélica de 15 minutos, rodada
magistralmente, camufla muy bien el culebrón inverosímil que va a venir
después. Niñas encantadoras, prostitutas de buen corazón, el americano borrachín
que súbitamente se convierte en héroe... Y, claro, como estéticamente Yimou
es un genio, todo queda muy bonito.
Aunque técnicamente está bien, el director
chino ha entregado un producto muy tonto y complaciente.
En ocasiones hay películas que a los cinco
segundos ya te han ganado.
Aquí me pasó eso. Y no debería.
Aparece el logo de la Universal, con la
Tierra y las letras girando y resulta que, la música habitual, ha sido
reemplazada por voces a capela.
La cosa es que no se diferencia mucho de Glee. Y yo detesto Glee. Aquí no se trata de un
instituto sino de una universidad. El guión es previsible con todo eso de chica
y chico que se conocen y discuten y se reconcilian; y con eso de los equipos permanentemente
en duelo que al final ya sabemos quién va a ganar con un giro final,
inesperadamente muy esperado.
Pese a todo, tal vez, simplemente, porque la
música es buena o porque es a capela, me gustó. Creo que ese toque, la música a
capela, es suficiente sorpresa. Aunque las coreografías no sean espectaculares
resulta novedoso.