Machos
alfa. Los lobos y la pandilla de humanos.
Una
de esas películas en las que acabas pidiendo la hora.
Una
de esas películas en las que agradeces que no hablen porque los diálogos dan
pena de puro forzados.
Una
de esas películas que empieza bien para, poco a poco, congelarse en los fríos
de Alaska y dejarte, como único elemento positivo, la belleza de sus parajes.
Pretende
ser una película de supervivencia y que te la creas. Pero es altamente
inverosímil que batan récords mundiales (ese salto del acantilado a los árboles
por encima del río), que violen leyes físicas (ese modo de agarrar la cuerda que
se cae al vacío) y que los lobos vuelen (no me explico todavía cómo se llevaron
un cadáver en un segundo). En fin, cosas que Stallone en Máximo riesgo no se habría atrevido
a hacer porque le habrían llamado fantasma.
Aquí Liam Neeson y los otros machos
alfa (nosotros somos los animales)
las ejecutan bajo la capa de la seriedad.
Para
ser una peli de aventuras es bastante tostón. Aunque el toque nihilista de la
última escena, tan macho alfa, me hace sospechar que quizá debí verla como un
drama metafórico acerca de la fragilidad de la condición humana.
Me
paro a pensarlo.
Tampoco
cuela.
Terror
de manual, previsible por entero. Casa maldita, espíritu de señora
cabreadísima, forastero con trauma reciente que llega sin enterarse de lo que
pasa. En esta ocasión el forastero resulta ser Harry Pot... digo Daniel Radcliffe.
La
cosa es que está ambientada a comienzos del siglo XX y la dirigen los ingleses.
Y ya se sabe que a los ingleses lo de la niebla, los caserones antiguos, los
coches de época y los trenes de vapor, se les da de miedo. Así que está muy
bien rodada, bien ambientada y tiene un larguísimo tramo en la que no se dice
ni una palabra y en la que sólo vemos a Harry Pot..., Daniel Radcliffe, pasándolas canutas en el caserón.
El
final, bonito, tierno, es como la otra cara de esa secuencia de Harry
Potter y las reliquias de la muerte (2ª parte), el limbo del andén 9 y
3/4. En vez de venir para acá, va para allá.
Previsible.
Otro
imitador de Tarantino con
presupuesto de serie B e ideas peregrinas.
Esos
diálogos que pretenden ser graciosos dan bastante pena.
Esas
alusiones al perdón, a Dios, a la redención, buscan una profundidad imposible.
Se vuelven tan pretenciosas que no acabas de creerte que realmente estén
hablando de eso.
Y,
con todo, han conseguido que estén por ahí, Curtis "50 cent" Jackson como protagonista y Ryan Phillippe y Bruce Willis de secundarios que aparecen de cuando en cuando.
Le
doy un aprobadillo porque tienen la decencia de reducir la trama a 80 minutos
sin alargarla innecesariamente.
Es
un error filmar esta serie de esta manera, como si fuese un documental. Limita
mucho. Y se nota que es falso, que algunas tomas son imposibles y, otras, no
podrían existir. Y tanta cámara al hombro resulta mareante.
Le
veía potencial desde un punto de vista subjetivo. Me gustan esas aventuras
selváticas, llenas de misterios y magia y cosas imposibles. En un siglo tan
racional como el nuestro, hay un lugar inexplorado en el que cualquier cosa
puede pasar. La vertiente del terror no me atrae.
Los
personajes me parecen buenos. Sin ser bichos raros (salvo Jahel Valenzuela,
claro) tampoco son clichés. Veremos si evolucionan. Problema a la vista: que se
convierta en capítulos autoconclusivos y se avance poco en la trama general.
Hay
otras cosas que chocan bastante y con las que deberían haber tenido un poco más
de cuidado. Como ese árbol de los espíritus en el que los nativos cuelgan
muñecas. Si a ellos les funciona para quedarse tranquilos, está bien. Pero no
está tan bien que, en un lugar nunca explorado, sean muñecas de Toys R'Us.
Entramos
en la Boiúna. Qué miedo.
¿Qué
puede haber peor que Glee?
Dos
Glee.
No.
Aún peor: un Glee adulto. Un Glee de adolescentes metidos en el
cuerpo de adultos. Con conversaciones chorras acerca de que no puedes seguir tu
sueño y que sí debes seguir tu sueño.
Smash aspira a estar entre las grandes series
sin haber reparado en su sólido infantilismo.
Y
esa aspiración le lleva a hablar de Eva al desnudo como si se tutearan,
como si no hubiese un abismo de inteligencia entre ambas. ¿Es que no han reparado
en que el brutal, lúcido y adulto guión de Eva al desnudo está por completo
fuera del alcance de los que han parido Smash?
Vale.
No debería enfadarme. Es culpa mía porque esperaba algo.
Han
hecho otra serie para adolescentes que va a arrasar. Yo he tenido suficiente.
Supongo
que Marilyn también.
¿Te
acuerdas de Daniel Espinosa, el tío
que dirigió Dinero fácil?
Pues
le han fichado en Hollywood, le han dado presupuesto y ahí tienes. Ha montado
una peli de acción que da gusto. Con persecuciones en coche y guantazos de los
que duelen con sólo verlos.
Lo
ambienta en Ciudad del Cabo, cosa que está bien porque también hay otras
extensiones de tierra fuera de Estados Unidos.
El
estilo está entre el de Tony Scott y
su fotografía quemada y el de Paul
Greengrass y su montaje rápido.
Con
todo, lo más gracioso para mí es que Espinosa
se ha llevado desde Suecia a Fares Fares
y, como no debe tener ni idea de inglés, no dice ni una sola palabra en toda la
película.
A
la salida, un trío de señoras ya mayorcitas, se fueron directas a las butacas del
café, comentando que estaban agotadas y que les dolía la cabeza con tanto no
parar.
La
historia me parece bastante sentimental y pedestre. O quizá debería decir
ecuestre, por aquello del caballo.
No
he leído la novela, pero sé que está narrada, toda ella, desde el punto de
vista del equino. Aquí no han tenido el valor o la sabiduría para hacerlo así.
Ay,
Spielberg. Una vez más.
Es
verdad que tiene encanto visual, travellings
elegantes, puesta en escena primorosa, una batalla del Somme espectacular,
logradas elipsis...
Pero
ese sentimentalismo, qué le voy a hacer. A mí me cansa. Lo único que puedo
hacer es quitarle puntos por ese abuso en la búsqueda de la lágrima. Y, en el
fondo, la película entera, la historia del caballito pasando de mano en mano,
es la búsqueda de esos momentos. El final de atardecer naranja es de juzgado de
guardia.
Quien
busque una peli para pasar la tarde, comiendo palomitas, en plan tierno y
bonito, tiene aquí una peli magnífica. No lo niego. Pero nominarla al Oscar...
¿Es que han perdido la puñetera cabeza?