-Seis
balas. Trajiste un arma de viejo, Bosch.
Al
poco de empezar dice Bosch que él es del siglo pasado. Pues sí. Hay detalles llenos
de ternura. Por ejemplo que su placa de Investigador Privado esté escrita a
mano. O que no sepa activar el bluetooth.
Esas cositas me encantan.
Me
ha gustado todo. Hasta el sistema de distribución. 4 capítulos de golpe y luego
2 cada semana. Muy asequible.
Tenemos
a Bosch, a la abogada Honey Chandler y a Maddie que se nos ha hecho poli. Y
también tenemos, de protagonista fijo, al hacker Mo Bassi. Seguimos los casos
de todos ellos, casos que unas veces se dan la mano más y otras menos. La
búsqueda de un heredero, la del asesino de un médico, la de un violador, la
denuncia contra la ciudad, la venganza
pendiente de la temporada anterior… Pero es que a mí me interesa incluso si
Bosch vende su casa o no.
Y
si de repente aparecen de invitados la impagable pareja de detectives Johnson y
Moore o el sargento Mank pues me siento como en casa, confortable, en un
espacio que conozco.
Vale:
una cosa no me gusta. El final de temporada. Bosch nunca nos había dejado con un suspense así, con una trama
inacabada. Sabemos que está renovada pero ¿qué hago yo hasta entonces sin saber
qué pasa ahí?

Bastan
75 minutos para filmar una película muy triste que te deja con los ánimos a ras
de suelo.
Hermano,
hermana, el hijo y la hija de ella. Son ingleses y están de vacaciones en Acapulco.
Llega la noticia de que la abuela ha muerto. A nuestro protagonista, Neil, no
le apetece ir al funeral de su madre y finge haber perdido el pasaporte.
Se
dedica a no hacer nada. Premio Nobel en pachorra, inane, pasa las horas y los
días indolentemente. Un ejemplar de solipsismo abrumador. A veces se acuesta con
una chica, más por ver si hay algo que le espabile, pero tampoco pone mucho
entusiasmo.
Ocurre
entonces una tragedia aún mayor que para cualquier persona resultaría
traumática. Él se preocupa por las consecuencias inmediatas pero enseguida
sigue a lo suyo.
El
final nos ofrece una posible respuesta para ese modo de actuar, pero no exime
al personaje de un egoísmo abrumador.
Imagino
que se puede entender como una crítica social. El hastío de la civilización
occidental, la indiferencia hacia los problemas de los demás, una negación
práctica de la vida. La apatía, el desconcierto de la existencia en este mundo.
En realidad es como si todos estuviesen a un paso de ese abandono.
Lo
sorprendente de la dirección de Michel Franco es que no resulta
aburrida, que encuentre un ritmo en la indiferencia, en la dejadez total.
Porque alrededor sí ocurren cosas. Tim Roth encarna con eficacia el
patetismo de ese hombre. El papel de Charlotte Gainsbourg sabe a poco.
Deprimente.
Muy deprimente.
Casi
todos los capítulos son la misma temática belicista con ligeras variantes.
Tiros, espadazos, peleas. Militares o mercenarios contra un monstruo, un robot
o lo desconocido. Sin más mensaje detrás. Está claro que los yanquis tienen un
problema. Tal vez eso explica un poco ciertas tragedias. Parecen incapaces de
encontrar un argumento de otro tipo. La temporada me ha parecido un tostón.
3x02, 3x05, 3x06, 3x07, 3x08 y 3x09. 6 capítulos de 9 alrededor de lo mismo.
Qué pesados.
El
3x01 es un chiste reciclado de la temporada anterior, con los robots y gatos ya
conocidos. El 3x04 es de zombis.
El
único que me ha gustado es el 3x03, The
Very Pulse of the Machine. Muy imaginativo en su dibujo, su color y su
contenido. Dirige Emily Dean y me parece realmente una preciosidad. Una
astronauta, Martha Kivelson, en Ío. Su vehículo tendrá un accidente y lo que
sucede después me resultó muy ocurrente. Pero sobre todo es atractivo por su
estética.
Netflix.
No es que la gente deje la suscripción, es que dan ganas de dejar de seguiros
hasta en Twitter. Os ha salvado ese capitulillo tan bonito. Menos mal que en
menos de dos horas se ven todos.
Maigret
investiga el cadáver de una joven asesinada. Empieza a tirar del hilo a partir
del ensangrentado vestido de alta costura.
La
ventaja es que está ahí Gérard Depardieu y llena la pantalla.
Literalmente. La llena. La pantalla, las estancias, las calles… Este hombre no
para de aumentar de volumen.
Me
parece una producción discreta en todos los sentidos. La puesta en escena está
muy lejos del de las producciones británicas. Montaje y planificación son
mecánicos. El desarrollo del guión lineal, sin sorpresas. Y puestos a escoger
entre Depardieu o Rowan Atkinson me quedo con el actor británico.
Supo dar a su Maigret un poso
de tristeza. El de Depardieu no refleja nada. La melancolía que se arrastra se debe más a la dirección de fotografía.
Lo
cierto es que parece un capítulo de la serie más que una producción
cinematográfica. No está mal, se sigue razonablemente bien por la intriga pero
no hay mucho más que rascar ni en la forma ni el fondo.
Patrice
Leconte
no ha estado muy fino en la dirección. Parece un producto para salir del paso
sin más objetivo que recuperara la inversión y una propina.
Recuerdo
ver Top Gun (1986) con la peña
de clase. Ellos experimentaban un subidón de adrenalina y yo moría de
aburrimiento. Una trama romántica muy básica y aviones moviéndose. Los diálogos
te explicaban lo que estaba pasando porque de otro modo no te aclarabas. El
piloto apretaba un botón y te informaba verbalmente de que estaba disparando.
Un horror. Jamás entendí los elogios a ese producto.
De
modo que, lo que menos me gusta de Top Gun: Maverick, son los homenajes a lo que para mí es una película
sobrevalorada. El inicio es calcado, la moto corriendo en paralelo con el
avión, el bar… Pero así es la cosa. La peli tiene tanto prestigio que hasta se permite el lujo de estrenarse un día antes que las demás. Así de chulos son.
Hay
dos cosas que hace bien. La primera de ellas es que repite el esquema pero
introduce algo de contenido. La trama del hijo de Goose tiene suficiente desarrollo
y profundidad como para aceptar la existencia de la peli. Sin eso habría vuelto
a ser otra de romance básico y aviones moviéndose. La segunda cosa positiva es
que sabes lo que está pasando cuando los aviones se mueven o entran en combate.
No tienen que explicarte todo o lo hacen con un mínimo de sutilidad cuando es
necesario.
Es
espectacular, está bien rodada, tiene sus toques de humor sin pasarse.
Entretenida.
Rapa:
fiesta popular en la que se desparasita a los caballos. Eliminar la suciedad,
deshacerse de lo que sobra, suprimir lo inútil. Es lo que hace la asesina:
suprimir individuos nocivos de la sociedad.
No
es un spoiler. La serie nos muestra
pronto quién es la culpable. Es el primer riesgo que corre. Y no es el último.
En muchos aspectos invierte las reglas del género. Es lo que más me ha gustado
de la serie. Optar por una trama policiaca sin el desarrollo que uno espera. Nos resulta muy fácil simpatizar
con la asesina, compartir su ira. Porque administra la justicia que el Estado
de derecho no da.
Luego
están los dos protagonistas principales. Una sargento de la Guardia Civil y un
profesor de instituto que odia su trabajo, enfermo, que encuentra a la primera
víctima y que descubrirá en la investigación una fuga a su rutina. Pero también
es algo más: la verdad. Independientemente de la justicia civil, de los juegos
de la política, de los negocios turbios o de intereses de cualquier tipo, la
verdad debe decirse. Muy lograda la relación entre ellos. No sé si tanto como
en Hierro pero la dinámica es
original.
Javier Cámara, Mónica López y
Lucía Veiga están estupendos en sus papeles. Sin embargo acabo con la
sensación de que algunos personajes políticos sobran o adquieren una relevancia
innecesaria.
El
conjunto es bastante bueno. Los responsables son, ahora mismo, quienes mejor
entienden que se pueden hacer series españolas con carácter universal. Como las
nordic noir. Español pero no
pueblerino. Autóctono pero con capacidad internacional. Porque me dirán lo que
quieran de otras más alabadas pero que son incapaces de quitarse la boina.
Es
un guión justito con una estructura floja.
Hay
dos elementos fundamentales en la historia: la fabricación de una identidad
para el hombre que nunca existió y la operación de espionaje en España para
lograr que el engaño surta efecto. El primer elemento funciona bien en su mayor
parte. Queda roto en ocasiones por las subtramas añadidas: la romántica (de
nuevo un problema) y otra capa de espionaje (inoportuna porque no lleva a nada).
La trama de España, que podía deparar los mayores momentos de tensión, está
contada, no mostrada. Conversaciones rápidas de teléfono que nos explican lo
que sucedió. El momento más importante de la historia y no lo explotan. De
hecho lo tratan casi en elipsis. Incomprensible.
La
edición es básicamente lineal, rutinaria.
La
película se sigue bien porque la realidad es lo suficientemente loca como para
no poder tumbarla. Un hecho real, un engaño, un timo a gran escala para engañar
a Hitler y desviar la atención de Sicilia a Grecia.
Pero
debió contarse mejor.