Cuando
el Gato con Botas irrumpió en Shrek se convirtió de inmediato en
un personaje encantador. Tanto que, al final, ha terminado por renovarse en
un spin off. Después de ver las
últimas secuelas de Shrek no esperaba nada bueno. El nivel de la saga madre estaba
cayendo a unos niveles bastante pobres.
Pero
El
Gato con Botas se defiende muy bien. Es ágil, aventurera, llena de
humor, con un guión decente, personajes con la suficiente profundidad...
Gato
con Botas y Humpty Dumpty se conocieron en el orfanato y, desde entonces, sueñan
con apoderarse de las judías mágicas para llegar a las nubes y apoderarse de la
oca de los huevos de oro. Tuvieron sus diferencias pero, ahora, Kitty Zarpas Suaves,
una experta ladrona, les vuelve a reunir. Y juntos se lanzan a la aventura,
aunque por diferentes motivos.
Muchísima
guitarra española con música muy bien traída.
Y
los martes por la noche duelo de baile a muerte.
Miau.
Berlanga es Berlanga. Sólo hay uno. Tal vez, un
día, los directores españoles le redescubrirán.
Siempre
es fascinante su habilidad para pasar del costumbrismo a la comedia, de ahí al
melodrama de cuento y, al final, al surrealismo. Porque se le va la pinza,
claro que sí. Pero de un modo alocado, divertido.
Y
la otra gran virtud de Berlanga es
su planificación. Con cuatro duros, sabe crear unos planos bellísimos. Esos
cascos y lanzas romanos tendidos en la playa, sacudidos por la marea. El
absurdo se convierte en metáfora. Calabuch, el pueblo de 900 habitantes,
dispuesto a declarar la guerra a los Estados Unidos. Y pierden la batalla con
elegancia porque la vida es así. Tiene que ser así.
Tiene
muchas similitudes con Bienvenido Mr. Marshall. No es tan
sutil ni tan redonda y quizá con demasiados personajes que deberían haber
cerrado mejor sus propias tramas. Pero creo que igualmente disfrutable.
Una
de las cosas más delirantes que he visto en mi vida.
Los
críticos de cine pueden ser muy mirados para algunas cosas. Piden coherencia
interna y tonterías así. Pánico en la granja es lo contrario
al sentido común. Todo ocurre porque sí.
Imagina
que un niño reúne todos sus juguetes y monta una historia para que todos ellos
tengan un papel. Indio, Vaquero, Caballo, científicos locos, el mamuth, el
barco, la granja, el pingüino robot y, por supuesto, el bocata de Nocilla.
Y
a tirar para adelante. Que nada frene la imaginación.
La
animación con plastilina es bastante pobre, muy lejos del elevado nivel de la Aardman. Pero se ve que los directores
(¿serán un par de críos?) se lo han pasado bien.
También
podría titularse ¿Dónde está Wally?
Está
película tiene algunas ideas brillantes. Y también muchos momentos aburridos,
repetitivos.
A
veces dices:
-Sí,
señor, muy bueno, lo has clavado.
Y
otras:
-Vaya
tostón nos estás colocando, colega.
En
parte comedia (buena) y en parte drama (malo).
Gustavo Taretto se muere de ganas
por ser Woody Allen. Lo cita
expresamente, cambia Manhattan por Buenos Aires, lleva a sus personajes al
psiquiatra, trabaja los diálogos en monólogos y tiene chispa.
Además
es bastante pop: Wally, internet, Astro Boy... muchas referencias para
veinteañeros.
Pero
le falta el ritmo de Woody Allen.
Sobran escenas y escenas y escenas.
Ya
dije, tras Eclipse, que no vería ninguna película más de la saga. Si David Slade no podía hacer nada con
ella, nadie podía.
Pero
Amanecer,
tiene sus peculiaridades y hay que comentar algo, aunque sea extracinematográficamente.
80% de publico femenino. Calificación de hombres: media de 3. Calificación de
mujeres: media de 7.
A
mí estas cosas me parecen los mejores argumentos que se pueden presentar a esas
mentes cerriles que piensan que los hombres y las mujeres somos iguales.
Estaba
comentando con un grupo de amigos que el estreno de Amanecer era un buen
momento para ir a ligar al cine. Muchas mujeres juntas esperando que alguien
tenga un detalle de atención con ellas. De ahí pasamos a criticar Amanecer
(sin haberla visto, lo reconozco).
Y,
entonces, apareció nuestro amigo, el hipercinéfilo, defendiéndola. Estábamos
todos perplejos hasta que me di cuenta del problema:
-Eh,
eh, tranquilo... No estamos hablando de Amanecer de Murnau.
Divertidísima.
Vitriólica.
Una
película en la que sonríes para no ver la evidencia. Ríes para pasar por alto
el drama. Te carcajeas para no verte reflejado en el espejo. Te burlas para no
tener que aceptar esa carga de artillería que están lanzando contra los
cimientos de nuestra ética occidental marchita.
Tremendamente
graciosa. Salvajemente perversa. Sí: salvaje.
Jodie Foster, Kate Winslet, Christoph Waltz, John C. Reilly. ¡Oh, qué grandes, qué salvajes todos ellos! Sí, sí. Un
dios salvaje que mantiene sus reglas, una sociedad quizá no tan alejada
de ésa que pone lanzagranadas (¿o son bazookas?) en manos de niños de 8 años.
Ríete
ahora porque, cuando salgas del cine, cuando termines la copia pirata, cuando
pienses a qué venían todas esas risas, cuando repases mentalmente el espejo,
quizá no encuentres tantos motivos de alegría.
Es
inteligente Yasmina Reza. Y Polanski al variar el uso de la cámara
con tanta corrección en la apariencia de la obra de teatro. El plano general,
el primer plano, la cámara al hombro... siempre adecuados.
Una
peli que hay que ver al menos dos veces. No porque tenga sorpresa final y
misterios. Al menos dos veces porque hay que profundizar en el misterio de sus
personajes. En el misterio de mi espejo.
Y
yo que fui vestido de liberal.
No
sé cuántas películas tendrá que hacer Jason
Statham antes de darse cuenta de que siempre hace la misma.
En
esta ocasión el nivel es algo superior. No porque actúe Robert de Niro sino porque actúa Clive Owen.
Le doy un aprobadillo.
La
ambientación en la Inglaterra de los 80 no está mal y esas pretensiones de
denuncia, en plan Ken Loach, le dan
un plus. Pero en el fondo no deja de ser una película de acción, con peleas
absudas, persecuciones confusas y demás.
Demasiado
rutinaria. Asesino en serie que quiere dejarlo porque ahí está su chica,
abandonar no es fácil porque le chantajean, jaleo para arreglar todas las
situaciones y que el sujeto pueda quedarse con todo.
Tampoco
es que sea una película disfrutona. Ese querer tomárselo en serio, como si nos
estuviese contando Syriana, no cuadra con el mejunje de mamporros.
Lo dejo porque, si sigo, igual le pongo un suspenso