Tricampeón
mundial de Fórmula 1 y el último piloto que murió en una competición.
Está
claro que utilizar la electrónica para prohibirla al año siguiente tuvo
consecuencias desastrosas.
El
documental está realizado, íntegramente, con imágenes de archivo. Eso significa
cambios continuos en la calidad de la imagen y, por otra parte, una sensación
de gran autenticidad.
La
Fórmula 1 me interesa tanto como el desarrollo de hongos en la Antártida. Y,
aún así, Senna me ha interesado. Esa rivalidad entre Ayrton Senna y Alain Prost, (más visceral y cruda que la de Alonso y Hamilton), esas
decisiones de Balestre (tan
parciales y politizadas como las de Eccleston),
ese universo tan similar al de ahora, prueban lo poco deportivo que es el
deporte.
Senna dice que echa de
menos un deporte sin política ni dinero. Pero ahí estaba porque no hay otro
remedio. No parecía mal tipo. De hecho, parecía buen tipo. Pero al documental
le falta adentrarse más en su persona. Apenas sabemos cosas de él salvo que
creía en Dios. Poco de su padre, madre, hermana, amigos...
Incompleto,
creo, pero indispensable para cualquiera
que guste de la Fórmula 1.
Para
mí la enemistad más llamativa de Hollywood es la de las hermanas Joan Fontaine y Olivia de Havilland. Con casi 90 años las dos. Y ninguna se muere
porque, dicen, no quieren darle a la otra esa satisfacción.
Y
la amistad más llamativa es la de Mel Gibson
y Jodie Foster. Ese supuesto
retrógrado homófobo y esa supuesta lesbiana que se ha negado a salir del
armario.
Supongo
que la clave está en las suposiciones. Que los que suponen, a su modo, les han
empujado a ser amigos. Que mientras los demás les juzgan ellos no lo hacen.
Muy
flojita la peli. Como si Jodie Foster
la hubiese hecho, simplemente, para demostrar su amistad con Mel Gibson. Entre caña y caña rodamos
unas tomas, ¿vale?
Mira
que la peli tiene grandes ocasiones de aprovechar elementos de comedia y drama.
Pero Foster se contiene y autolimita.
Los grandes momentazos que podía deparar los deja en apuntes: los dos giros
principales de la acción podrían haber tenido una fuerza fabulosa.
En
fin. El
castor es la metáfora de algo pero no sé de qué. O quizá es que es
demasiado obvia.
Estos
días he citado algunas películas a cuyos directores se les fue la pinza. Y eso
que no he dicho nada de Lars von Trier
y sus declaraciones en Cannes.
Supongo
que cuando un director cree que ha llegado a cierto nivel de grandeza (véase Almodóvar y Los abrazos rotos, otra
ida de olla) decide hacer algo extravagante para ver si cuela. Algo que a él le
gusta, una película para sí mismo, para mirar por las noches cuando ninguna
película de ningún otro director le gusta.
No
todo lo que hacen los hermanos Coen
me agrada. Pero les reconozco algo: incluso cuando se les va la pinza, saben
controlarse.
Por
supuesto El gran Lebowski es el gran ejemplo. Una película marciana
donde las haya que, vete tú a saber por qué, funciona con precisión. El Nota y
sus colegas de bolera juegan en el precipicio del absurdo sin caerse por el borde.
Como las cenizas de Donny, se quedan en tierra.
También
es cierto que, si tienes a Jeff Bridges,
John Goodman, Steve Buscemi, Julianne
Moore, John Turturro y Philip Seymour Hoffman, juegas bastante
sobre seguro.
-Supongo
que es así como la condenada comedia humana se va perpetuando.
Tenía
ganas de ver esta película por los buenos comentarios que habían llegado del
Festival de Sitges. Esto pone en evidencia dos cosas: a) el bajísimo nivel que
se acepta y b) los críticos que se venden al nombre de Takashi Mike.
Como
todos esos que, antes de estrenarse Juego de Tronos o Crematorio,
ya dijeron que eran buenas. Y la gente lo repite por contagio. En mi humilde
opinión pasa lo mismo con Los Soprano: mucha gente dice que es
buena porque mucha gente dice que es buena. Como afirmaba Kalinda en The
Good Wife: Es el problema de las
buenas acciones. Se multiplican.
Pero
a lo que iba: Yatterman no es buena. Es mala con ganas y avaricia. Uno de esos
casos en que la forma es infantil (infantiloide) y el fondo es para adultos
(obsesos). O quizá es que está destinada sólo a adultos con mentalidades
infantiloides.
El
argumento viene a ser la historia de una supervillana ladrona cuya gran aspiración es
conseguir mucho dinero para casarse, retirarse al campo y tener niños.
Pero
mujer... ¿en serio no se te ocurren fórmulas mejores?
Y
de fondo perros de juguete gigantes, robotitos de colorines y esa parafernalia
mazingerzetera que no ha evolucionado.
Cuando
los japoneses se ponen raritos son insoportables.
Community es, por supuesto, una puñetera locura, un
estado de neurosis permanente, un DEFCON 1.
Community es una parodia acerca de las universidades
públicas estadounidenses y una serie terriblemente incorrecta. A veces,
salvajemente incorrecta (¡Queremos Drogas!) porque, ya puestos a disparar,
disparan contra todo. Y, pese a su causticidad, creo que los americanos no son
conscientes por completo de lo que tienen entre manos.
Porque
aunque sea una parodia de las universidades públicas estadounidenses es,
también, sin que se hayan dado cuenta, un retrato de la universidad pública
española. Desde luego hay muchas diferencias en lo accidental: planteamientos,
fiestas, estructura de los cursos, hábitos. El contexto. Pero en lo
sustancial... Ay. En lo sustancial descubro tantas semejanzas, tantos
parecidos... Tantas identificaciones plenas.
No
estoy pidiendo que aquí hagamos nuestra propia Community para limar las
discrepancias culturales, los accidentes, el contexto. Si alguien hiciese una Community
española acabaría haciendo una parodia. Y lo interesante es el retrato: Community.
Hay
muchas cosas flojitas y también bastantes, muchas, ideas brillantes. Por
seleccionar un momento me quedo con esa escena en que Abed imita a Don Drapper
para ligarse a una chica en una actuación... y se la liga de verdad.
Aunque
ese capítulo de zombis con música de Abba... Hmmm...
El
título, obviamente, viene de aquello de Godard.
Para hacer una película basta con una mujer y una pistola. Evidente, como
muchas otras cosas, hasta que alguien lo dice. Una mujer y una pistola. Hay tal
poder de sugerencia en esos dos elementos...
La
trama, obviamente, es la de Sangre fácil. No sé si tributo o
parodia de los hermanos Coen. Ya
parodian ellos bastante así que...
Lo
que añade Zang Yimou, obviamente, es
el resultado de una mala digestión de fideos o de alguna otra cosa que se tomó.
La
peli, no lo niego, tiene sus cosas buenas, empezando por ese impresionante
esteticismo que el director chino tan bien maneja. Y algunos aspectos de la
planificación y la gran cantidad de tiempo que es una película muda.
Pero rarita. Muy, muy
rarita.
Anda
suelto por ahí mucho crítico de cine estreñido.
Ya
sé que no es una obra maestra, diantre. Y, por los siete mares, que no es un
peliculón. Ya sé que no depara las sorpresas de la primera y ya sé que
pertenece al despreciable género de aventuras.
Pero
ahí está: ¿qué más pedirle a una peli de aventuras? Es entretenida, los 140
minutos se pasan en un suspiro, tiene acción, es divertida, hay buenos diálogos
y la producción es impecable.
Por
cierto. Sé de alguno que, no hace muchas semanas, hizo arrumacos a Águila
Roja justificando lo injustificable. Y ahora pone peros, busca tres
pies al gato, a Piratas del Caribe. Por favor: que se haga el nudo de la propia
cuerda que le ahorcará.
El
esquema es el mismo: gente que miente a gente, se alía y se traiciona para
lograr llegar a la Fuente de la Juventud. Y, como todo el mundo miente,
Angélica les engaña diciéndoles la verdad. Y un final en plan Indiana
Jones y la última cruzada. Intrascendente. Un juguete. Vaaale. Pero me
lo pasé bien. Con ganas de poner rumbo a Tortuga.
Y
si me preguntas por qué no aproveché las aguas de la Fuente de la Juventud te
diré con Jack Sparrow:
-Yo
no tengo ni voz ni voto. Mi vida es la de un pirata.
Por
supuesto, no puedes perderte la secuencia tras los títulos de crédito: muy
graciosa Pé, la hija del mismísimo
Barbanegra.