Cuatro
desconocidos se reúnen, a través de una aplicación, para viajar en coche de
Madrid a Cieza. Durante el trayecto el conductor parece actuar de forma rara.
La
idea me parece buena. Le habría gustado a Hitchcock.
El
guión necesitaba bastante más trabajo. Pese a la duración de 80 minutos se hace
larguísima. Habría necesitado construir mejor el suspense. Trabajar en las
miguitas de pan, en las pistas, los elementos de duda.
El
problema más doloroso son los diálogos. La primera media hora (o algo así) es
un horror. Diálogos en los que nadie ha puesto esfuerzo, forzadísimos,
inverosímiles. Lastran la película de modo irreparable. Luego mejora algo,
cuando la trama se instala al fin. Pero incluso ahí, en el momento de clímax,
cuando van a llegar las explicaciones, se comprueba la dejadez en la escritura,
cuando a Ana la obligan a repetir una y otra vez lo mismo, sin añadir nada
nuevo.
Pobres
actores. La paranoia nos parece exagerada por su artificio, porque nos lo dicen
toscamente, sin mostrarlo con una sugerencia sutil, un diálogo taimado, una
acumulación de comentarios de doble interpretación.
Queda
eso: una buena idea y la dejadez para la escritura tan frecuente en España. Eso
no es problema de presupuesto. Es falta de confianza en el producto. Y resulta
que el producto era bueno. Espero que Martín Cuervo, dentro de unos
años, haga un remake de su propia película, pero esta vez usando más de 200
palabras diferentes. Eso está bien para los adolescentes pero no para una
película.
En
India sí que saben hacer labor policial. A la antigua. ¿Detienen a alguien? La
inspectora Kasturi Dogra le arrea unos bofetones. ¿Interrogatorio? Bofetones.
¿Una francesa pone una denuncia? Bofetones. Para que no se calle nada.
Y
funciona. Si es que en occidente no nos enteramos.
Me
costó un par de capítulos meterme en la trama. A sus códigos, situaciones, multitud
de personajes, montaje… Hay saltos culturales que no son fáciles de asimilar.
Aquí, por ejemplo, ves un hombre con corbata y determinado escenario y sabes
que es un político. Allí ves saris y gorros y tardas un capítulo en saber si es
magistrado, político, hombre de negocios… Para cualquier indio seguro que es
reconocible de inmediato. Eso sí: los adolescentes son igualmente estúpidos en
todos los países.
Una
chica ha sido asesinada. La policía cree que hay intereses económicos y
políticos detrás. La gente piensa que ha sido el hombre-leopardo, como hace 19
años.
El
esfuerzo por centrarse, por quedarse con nombres, con el ambiente, merece la
pena. La trama funciona bien tanto en la parte de investigación como en el
nivel personal. Va de menos a más y los conflictos dramáticos están bien
desarrollados. Ojo: no es Mare of Easttown, es una policiaca convencional,
modelo entretenimiento. Si hubiese sido americana habría sido una más del
montón. Los añadidos idiosincráticos indios le dan el punto de interés y,
aunque haya tópicos, esquiva algunos, como lo de secuestrar a la hija de la
poli. Muy bonito el tiroteo final bajo la nieve.
Isaac
LeMay engendró hijos a diestro y siniestro por las llanuras, hasta que un jefe
Cheyenne le maldijo: uno de sus hijos le mataría. Y LeMay rastreó a sus hijos
para matarlos, antes de que uno hiciera lo propio con él.
Un
western sucio y violento, en la línea
de Peckinpah, con un punto de partida semejante al de La vida es sueño. Hay asesinatos a
tutiplén y la gente se pega tiros con ocasión o sin ella. Destino y fatalidad. La
causa produce la consecuencia que se quería evitar. ¿O la consecuencia produce
la causa? Hay un determinismo implacable en esta narración. LeMay está, a un
tiempo, protegido y condenado por el diablo. Y el diablo repercute en otras
vidas y el mal se extiende de formas inesperadas. Y con el diablo en todos ellos
se preguntan si Dios los ama.
Me
ha gustado bastante. Tiene muchas cosas buenas y unas cuantas malas. Hay
personalidad en su planificación. Travellings, planos generales, medios planos,
los fuera de campo… La música discordante de guitarra eléctrica parece muy
apropiada. Resulta extraña esa atmósfera que fabrica, un espacio alegórico
donde la calma de la naturaleza se ve alterada por las explosiones de violencia
de los hombres. Un lugar mítico y legendario que cobra forma inesperada en el
Oeste. Me hizo pensar, sin llegar a su altura y salvando las distancias desde luego, en ese vagabundeo
sin sentido de Centauros del desierto.
No
es para los amantes del western
clásico. Hay que saber amoldarse.
Buen
final. Previsible pero potente y sobrio.
-Hola,
padre.
Al
igual que en Beast, Michael
Pearce no nos informa verbalmente de lo que sienten los protagonistas, lo
que quieren, piensan. Sólo vemos lo que hacen. Como en el mundo real. Nos
suelta en medio de la trama y nos vemos obligados a interpretar.
Logra
así una atmósfera muy particular. No sabemos si realmente hay una invasión de
microorganismos no terrestres o si se trata de un estado paranoico de ese
marine. La película mantiene esa dualidad hasta la mitad de su metraje, con
tono realista, cierta crítica social y una tensión continua.
El
padre, siempre en misiones secretas, con documentación militar sobre insectos
que controlan la mente, lleva dos años fuera de casa. Su mujer se ha vuelto a
casar. Y el padre rapta a sus hijos para protegerlos de la amenaza global.
Así
que tenemos algo que puede ser una road
movie, una película de ciencia-ficción o un drama familiar. Y entonces
llega esa llamada a Octavia Spencer y todo se echa a perder porque cuando
las cosas se decantan hacia un lado pierde fuelle e interés. Romper la duda
hace que lo que presenciamos sea, simplemente, una película más del género,
como muchas otras.
Partiendo
de un presupuesto interesante se vuelve progresivamente convencional.
Decepciona pero se deja ver gracias a las buenas interpretaciones.
1.
No aguanté más que un capítulo de Falcón
y el Soldado de Invierno, dos de Loki,
uno de ¿Qué pasaría si..? y me
está costando Ojo de Halcón.
Me di, cuenta, de repente, de que cualquier serie de Netflix de superhéroes
Marvel (Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage, Iron Fist, The
Defenders) fue mejor que las de Disney. Excepto Bruja Escarlata y Visión. Hablo sólo desde un punto de vista cinematográfico. Si hubiera sabido lo que venía, habría calificado mejor a las series de Netflix.
2.
Tiene buena pinta el tráiler de la serie Reacher.
Sin Tom Cruise. Con Alan Ritchson.
3.
Kansas City no tiene tanto interés por la presencia de Sylvester
Stallone como por la de su responsable, Taylor Sheridan. Pretende
contar paso a paso cómo se construye la mafia desde cero. Llegas a una nueva y
ciudad y…
4.
Taylor Sheridan también está detrás de 1883, precuela de Yellowstone
con un reparto interesantísimo para un western
con muy buena pinta.
-Ofrecemos
la mano de tres dedos para una alianza incómoda.
Mejor
que las dos temporadas anteriores de Chibnall porque se olvida de la
moralina, de la corrección política y de dos companions.
La
trama pretende ser una única historia de seis capítulos. Ahí fracasa con
frecuencia. Es buena esa ambición porque en ocasiones logra devolvernos al Doctor Who. Pero el guión se vuelve
cada vez más caótico, el montaje se embarulla y se vuelve ilógico en su afán
por meter todo: Sontaran, Dalek, Cybermen, ángeles llorones y las nuevas
incorporaciones propias.
La
cuestión es que, por ejemplo, están muy bien algunas ideas visuales, los
ángeles llorones del 13x04 (verdaderamente aterradores), la aventura
arqueológica del 13x05, elementos sueltos de cada capítulo. Pero resulta
imposible otorgarles coherencia. Chibnall ha querido poner remedio en
seis capítulos al desastre de las dos temporadas anteriores y organiza un
batiburrillo que ni él mismo logra editar con consistencia.
Jodie Whittaker se siente cómoda
cuando puede interpretar su propia versión de la Doctora, cuando permiten que
se desate en las partes divertidas y no la obligan a ponerse seria y
sentenciosa. Cosa que ocurre pocas veces. Cuánto le cuesta a Chibnall apretar
las teclas del humor. De verdad que echo muchísimo de menos a un Doctor
divertido, liviano.
Recordemos
que la era Chibnall estaba destinada a la recuperación de los recuerdos
de la Doctora. Un marrón que él propone, no resuelve y deja en el aire para los
que vengan después. Imagino que los futuros responsables harán como que no ha
pasado nada.
En
realidad aún quedan tres capítulos: un especial de año nuevo, otro un poco
después y otro, despedida de Chibnall y Whittaker a finales
(¡finales!) de 2022.
Temporada
de 6 capítulos para dar el cierre final. Se nota que está realizada con
desgana. No tiene el ritmo ni la acción ni la dinámica de personajes tan
sugerente que hubo en anteriores temporadas.
Me
ha llamado especialmente la atención el esmero que pusieron en las coreografías
de peleas de las anteriores temporadas y la torpeza con que se ruedan las de la
presente. Aunque también resultan muy inverosímiles las misiones y reacciones
de los personajes. Las cosas ocurren porque sí, sin buscar un mínimo de
credibilidad.
Al
menos está por ahí Mireille Enos. Arranca definitivamente el protagonismo
a Hanna e interesa la trama si ella está presente. Su veteranía despoja a las
jovenzuelas del papel primordial. El guión, desde luego, es tan raro con ella
como con los demás, pero la actriz se las apaña para sostenerlo con esa
frialdad externa y un montón de emociones internas que sabe exponer con
control.
He
dicho que es un cierre. Pero sólo es una suposición. Las cosas están como
deberían estar y creo que así deberían terminar. Pero quién sabe. En cualquier caso
es el final para mí. No da para más.
Salvo,
claro, que a alguien se le ocurra ese cruce anhelado en mi imaginación con Bourne.