En
un pequeño pueblo inglés todos los habitantes pierden el conocimiento durante
unas horas. Al despertar, las mujeres fértiles están embarazadas. Los niños que
nacen son...
La
película tuvo la desgracia de un remake en el año 1995. Cayó en las manos de John Carpenter y, por tanto, la gente
supone que es una película de terror. Pero yo siempre he pensado en la versión
de 1960 como en una de las grandes historias de la ciencia-ficción. 75 minutos.
Sin pérdida de tiempo, yendo al grano. Extraña, misteriosa, sin repuestas. Un
enigma hermético. ¿Quiénes son? ¿Qué quieren? ¿Cuál es su objetivo? ¿De dónde
vienen si es que vienen de algún lugar?
Nada.
Sólo vemos su actuar. Sin emociones ni sentimientos, impermeables a cualquier
manifestación de afecto.
Una
peli que tiene claro el concepto de eficacia. No necesita ni mucho tiempo ni
muchos efectos especiales (los ojitos) ni despliegues pirotécnicos. Menos es
más. Inquietante.
-Son
tan perfectos...
Se
ha quedado muy lejos del altísimo nivel de la segunda temporada.
En
esta ocasión había demasiadas tramas dispersas. Demasiados malos, demasiados
intereses, demasiadas argucias para poner todos las piezas en sintonía.
Con
frecuencia, muy confusa. En algunos momentos, errática, como si no supiese hacia
dónde iba.
Pese
a todo Justified es una serie que depara grandes momentos, sorpresas
que te dejan con los ojos como platos. Pongo por caso ese 3x09 que sale, a ojo
de buen cubero, a un asesinato cada cuatro minutos. Más o menos. Y asesinatos
de los buenos, de pifia en atraco a banco, de negociación, de tiroteto, de
engaño, de mina terrestre.
Elmore Leonard y los responsables
de la serie parten del convencimiento de que la humanidad hace muchas
estupideces y los criminales aún más. No existe el plan perfecto. Existe el
vamos allá, improvisamos, la pifiamos, intentamos salir de esta, la liamos aún
más gorda, vienen los polis, que también son humanos, que no saben a qué se
enfrentan, se despistan...
El
polo opuesto de Sherlock Holmes, vamos. Me encantan esas caras de Timothy Oliphant cuando se encuentra un
desaguisado y se plantea qué carajo ha tenido que pasar para que las cosas se
complicaran tanto. Y el convencimiento, tras su mirada, de que los hombres
somos mezquinos, estúpidos, unos pobres pardillos.
Ya
es la segunda vez que Arlo Givens intenta matar a su hijo Raylan Givens. La
familia es lo primero.
-¿Está
insinuando que enviamos una señal al espacio y la recibieron?
Pues
sí. Y, claro, cuando llegan los alienígenas nos pillan, como suele decirse, en
bragas, con Liam Neeson de almirante
de la Marina y Rihanna como cabo.
La
película es lo que es. Dentro del género caben dos posibilidades: que tanta
destrucción te aburra o que te entretenga. Por suerte, ésta te entretiene.
La
primera media hora se la puede saltar cualquier ser humano, marciano o
viviente. Presentación de personajes con los típicos diálogos de vergüenza
ajena y situaciones absurdas.
Luego
empieza la destrucción de Hong Kong y, con las pilas puestas, se puede
disfrutar. Disparos, demoliciones, patriotismo, gente sacando pecho y otra vez
a las armas.
Me
encantaron los yo-yos gigantes.
Antes
de la avalancha digital, los libros de autoayuda había que leérselos. Y eso era
bueno. Al menos la gente hacía un esfuerzo. Ya se estaba autoayudando.
Ahora
ya no hace falta leerlos. Te los serializan en la tele.
Touch no tiene más oportunidades. Vi el piloto,
he visto todo. En el pasado quizá le habría concedido un margen. Pero es que,
después de Héroes, ya conocemos a Tim
Kring y sabemos que está menos preocupado por contarnos una historia que
por colocarnos su rollo ético-humanista-ecologista, sus conexiones
cósmico-emocionales-sensitivas, su new
age-nirvana-chute y su buenismo en general.
Soy
un tío majo y todos nos queremos mucho. Yo quiero quererte. Quiero que me
quieras. Quiero que nos queramos.
Pues
vale.
¿No
es un poco triste ver a Jack Bauer con una florecilla en la mano, tierno y con
cara mística, mientras suenan coros angelicales de fondo?
Buf.
Qué escalofrío me ha dado.
Una
de las cosas más interesantes de las películas antiguas (al menos la que a mí
más me interesa) es ver cómo evolucionan los aspectos técnicos y de guión,
tanteando, buscando formas nuevas, explorando. Descubriendo lo que funciona y
lo que no.
Alguien
prueba un movimiento de cámara o un encuadre para provocar una sensación. Y
puede que lo consiga o no. Si lo consigue, otros lo usan y mejoran. Si no lo
consigue... sigue siendo apasionante.
El último hombre sobre la tierra explora el guión,
la historia. Una extraña mezcla. Se supone que eran vampiros pero resultaron ser la base de
los zombis actuales. Y hay otros humanos que logran mantenerse con una vacuna y
que serán la verdadera raza sobre la tierra. Así que, ¿en qué quedamos? ¿Vampiros? ¿Zombis? ¿Mutantes? No es buena película, pero de ese
argumento tan poco matizado, tan experimental, ha surgido una abundante
descendencia.
Soy leyenda viene a ser el remake pulido. Pero muchas,
muchísimas películas tienen sus raíces aquí. Desde los zombis de Romero hasta 28 días después.
El último hombre sobre la tierra resultó ser
bastante influyente. Quién se lo iba a decir a Ubaldo Ragona, un tipo que no sabía lo que era el cine de terror, con poco interés por el cine en general y,
probablemente, ni siquiera tenía interés en dirigir. Pero fue lo que
encontraron en Italia, que estaba bien de precio. Si es que fue él quien la
dirigió, claro.
Película
dirigida por un árabe-francés, con dinero americano, rodada en Madrid y en la
que los buenos son del Mossad. ¿Reparto? Bruce
Willis, Sigourney Weaver, Henry Cavill, Verónica Echegui y Óscar
Jaenada. ¡Ah! Y la discoteca Fabrik, que sale más que Bruce Willis (lo matan enseguida).
De
semejante locura no han sacado algo bueno pero sí entretenido. Se come, se
digiere y se olvida en dos patadas. Pim-pam-pum, persecuciones por la Puerta
del Sol, Puerta de Alcalá, Plaza Mayor, Las Ventas, Retiro...
Y
a otra cosa.
La
crítica la ha puesto a caldo. Cosa que, hasta cierto punto, veo bien. Pero
siendo prima-hermana de Grupo 7 no veo por qué se usan
diferentes raseros. Si Grupo 7 era más sucia y realista
era, precisamente, porque no sabía ser entretenida. Si La fría luz del día es
más cañera es porque no sabe ser dramática.
O
eso o yo no me enterado y a la entrada de los cines reparten, además de las
gafas 3D, otro tipo de lentes para ver las cosas como a uno le cuadre. Ponme unas
para que me guste, ponme unas para que no me guste.
Sea
como fuere, el argumento de ambas era tan elemental que ya se me ha olvidado. A
uno sólo le quedan en la mente fugaces restos anecdóticos.
Genial
la caída con la parabólica.
Lo
normal es hacer una entrada para el episodio piloto y otra al final de
temporada. Con Community no puedo. Cuando es Grande es La Más Grande. Y hay
capítulos que necesitan su propia entrada.
Eso
es lo que pasa con 3x14. Pillows and Blankets. La cima, de
momento. Venía precedida por un 3x13 que nos ponía en antecedentes. Un intento de
batir el récord de una construcción con sábanas, al mismo tiempo que John Goodman malmetía a Troy y Abed,
los amigos perfectos, para enemistarles.
Pillows and Blankets se convierte en un
documental bélico, el relato de la batalla de la Universidad de Greendale (ya
habíamos tenido paintball y zombis
pero esto es más), con material gráfico y entrevistas.
Britta
como reportera inútil, Annie como enfermera, Jeff manipulando a los ejércitos
en su propio beneficio, Pierce en el clásico cambio de bando, la aparición
genial de los Malditos Changtardos
(yo tampoco lo pillo), la música, los intertítulos, el montaje... Perfecto. Un
episodio magistral.
Nos
quedan 6 capítulos antes de que sea cancelada. La echaré de menos. Pero por episodios
como éste, tan grandes, tan formidablemente épicos y ridículos y tontos y
delirantes, merece la pena.
Y
si me dices que sólo es una pelea de almohadas, te diré con Shirley:
-Tú
no estuviste allí.