El capitán Charlie, del submarino Colorado,
recibe la orden de disparar misiles nucleares contra Pakistán. El canal de la
orden, irregular, le hace dudar. Aviones americanos les atacan.
El capitán Charlie decide ir a la isla Santa
Marina, base de la OTAN, y se declara nación con armamento nuclear, 17 misiles
atómicos contra cualquiera que tenga ideas raras.
En Washington hay una conspiración, el
presidente es cuestionado, un grupo de SEALS la han pifiado y son los
causantes, entre la tripulación hay quien tiene sus propias ideas. Y también el
mafiosete local. Una intriga política-militar bastante sugerente con un
arranque fulgurante.
Shawn Ryan.
Hizo The Shield. No va a ir en la misma línea (esto es más
comercial), pero desde luego es una propuesta original y tiene arrestos para
plantear que un submarino americano lance un misil nuclear contra Washington.
Eso no se ve todos los días.
De los pilotos que he visto hasta ahora, sin
ser muy bueno (al igual que Revolution
me parece muy apresurado. Tiro una bomba nuclear donde no hay nadie y ya está. Como si fuese una granada), es el que apunta mayor potencial.
Blancanieves flamenca y torera. Olé.
El tráiler no me alentaba mucho, pero este
melodrama, con más de Dickens que de los Grimm, está cargado de
una potencia visual enorme. Al igual que Dickens, tiene la sabiduría
para trascender el sentimentalismo, con un ironía sutil o una dentellada
mordaz.
Esmeradísima planificación, una fotografía
en blanco y negro maravillosa y una música adecuada en todo momento. Verdú
interpreta a una grandísima hija de perraca, una tipa a la que basta ver cómo
se mueve, para saber que hay que andarse con ojo con ese bicho, que más te vale
coger un avión y cruzar el charco si va a por ti. Y las dos Blancanieves, Sofía Oria y Macarena
García (muy bonita la transición de niña a adulta en la sombra de las
sábanas) lo bordan.
Berger sabe que el cine mudo
se edificó sobre la estructura de melodramas baratos. Aquí fabrica uno. Pero no
barato. Te lo deja grabado en la memoria. La Blancanieves Disney, de faldita azul y blusa blanca, lleva,
desde ahora, traje de luces y tiene la cara de Macarena García. Porque,
en el fondo, siempre la habíamos imaginado así, ¿no?
1. Críticos que siempre han relativizado la
importancia de los premios, defienden los Emmy 2012 porque coinciden con sus
gustos. Ahora los premios sí aportan algo a la objetividad de su propio
criterio. Eso de ya lo decía yo. Débiles
que somos.
2. Ganó Homeland. Me parece tan inverosímil como la serie en sí. Estoy
comprobando que muchos de los que tragamos The Killing no soportamos Homeland. Y a la inversa. Nosotros vemos solidez en The Killing y agujeros en Homeland. Y a la inversa.
3. Tadeo
Jones. Me alegra y me deja ojiplático. 11 millones. 4 semanas de número
1. A este paso la próxima entrega de Indiana
Jones será un homenaje a Tadeo
Jones. ¿Indiana Jones?
Sí, las pelis de un tío que parodiaba al gran arqueólogo español.
4. Una revista publicó que Eric
Stonestreet y Charlize Theron eran pareja. Ya. Y Ron Perlman
y Ava Gardner también. Y hubo gente que lo creyó. Esto me lleva a algunas reflexiones: a) el periodismo es, cada vez más, una profesión inútil; b) no hay nada interesante que publicar; c) la prensa rosa daña las neuronas si se lee asiduamente; d) algún
periodista acomplejado dio rienda suelta a sus proyecciones.
Cuatro mujeres británicas, en 1943, se
dedicaban a descodificar mensajes alemanes. Salvaron muchos vidas gracias a su
inteligencia. 9 años después viven aburridas. Despiertan del letargo cuando un
asesino en serie comienza a matar a chicas jóvenes y deciden tomar cartas en el
asunto.
El planteamiento me parecía sugerente y se
trataba de sólo tres capítulos. Me adapté a ella aunque pronto me di cuenta de
que no era buena serie.
Por una parte hay demasiada inspiración en Sherlock 1x01. Por otra parte las cuatro son un poquito cliché,
un poquito previsibles, un poquito tristes, un poquito amargadas. Poca
profundidad.
Pero mientras la veía, pensaba en que The Bletchley Circle es una serie
mediocre en un país con un listón altísimo. Y esa serie mediocre es mejor que
prácticamente cualquier cosa que hacemos por aquí. Por un motivo muy sencillo:
aquí nuestro listón cultural, lo que espera la gran masa, es Gandía Shore.
Y todavía hay quien se pregunta que por qué
estamos en crisis.
1929. Un día cualquiera en Leningrado (antes
San Petersburgo y hoy también).
Dziga Vertov, como muchos otros
directores antes y después que él, tenía la idea del cine-ojo, de la
objetividad total, del documentalista aséptico. Se equivocaba, por supuesto. Su
mirada, su cine-ojo, era puntillista, constructivista, futurista. Y es, desde
esos parámetros, desde los que construye el edificio de la ciudad.
Edificios, fábricas, gentes; trabajo,
deportes, transportes; el lento despertar y el bullir diario. Con un montaje
aceleradísimo, imponente, casi brutal. Es el cineasta que quiere ver todo,
observar, registrar, archivar. Absolutamente todo.
Tiene grandes ideas. Esas fotografías que
cobran vida, el despertar de la ciudad como el despertar de una mujer, los
incesantes paralelismos del trabajo (la mujer que cose, la mujer que monta la
película), los juegos de realidad y ficción (la gente que ve la película será
parte de la película, la montajista se monta a sí misma).
Sí, he mencionado muchas veces el montaje.
Esta peli es, ante todo, un faena de las gordas para la montajista (Elizaveta
Svilova). Menudo laborón que hay detrás.
Supongo que era lo que tocaba en el plan
quinquenal de turno.
Como muchas otras películas de Woody
Allen ésta viene a ser algo así como el día en que comemos las sobras de la
semana. El bizcocho que quedó por ahí, el vino del que sobró un culín, la pasta
que dejamos... Un conjunto de gags que no pudo meter en otras pelis (en
realidad tampoco podía meterlas en la presente) y los mezcla en diferentes
historias de lo más dispar.
Fama. Esa es la palabra de Roma. A Roma con amor. Aroma de Roma.
Aroma de fama. La fama efímera de Benigni en un reality show surrealista llevado al extremo, la de Alec Baldwin
vendiéndose como arquitecto de supermercados, la de Ellen Page que le
imposibilita cualquier amor estable, la de la prostituta Penélope Cruz y
su cartera de clientes de la alta sociedad, la del cantante de ópera bajo la
ducha...
Fama que persiguen y odian y obtienen y
pierden.
Y actúa él, después de un largo tiempo:
-No puedo aflojar los puños cuando hay
turbulencias. Soy ateo.
-No somos los únicos tíos listos del mundo.
Esa afirmación, por supuesto, la pronuncia
un tío que no lo es mucho (muy listo, quiero decir). Porque su plan infalible
para robar a los mafiosos les pondrá un asesino tras los talones.
La crisis afecta a los criminales. Y los
criminales se vuelven peores.
Mátalos suavemente tiene un estilo realista, sucio, rabioso.
Es un ajuste de cuentas con Obama. Los discursos que vemos y oímos,
funcionando casi como banda sonora, esa idea de América como pueblo, se ve
devastada por el contraste de las imágenes.
Lo más decente que vas a ver en la película
es el bar de un aeropuerto. Lo demás son arrabales, barro, suciedad, óxido. Y
sangre. Unos personajes de conversaciones en profunda degeneración a la par que
el mundo en que habitan. Más que una película de acción (aviso a los que
esperan un pasatiempo) es un acta de defunción.
Pero está bien ver a Brad Pitt, Richard
Jenkins, James Gandolfini, Ray Liotta dando vida a estos
bichos mezquinos, sin escrúpulos. Creo que en toda la película no aparece ni un
solo rastro de bondad.
-América no es un país. Es un negocio.