-Me
basta una llamada para destrozarle la vida.
-A
mí me basta el teléfono para matarle.
La
serie está plagada de réplicas en ese tono. Muy fantasma, mucha chulería.
Especialmente cuando las dice un tío que ocupa un área de unos 4 m2.
El rostro guarda distancia social con sus hombros. Que es que abre las cervezas
con el foso del codo (literal, ya verás). Pero no se quedan mancos sus dos colegas.
El inspector jefe Finlay y la inspectora Roscoe.
La
serie tiene muy poco que ver con la notable película original. Pero también
es cierto que la segunda película tenía poco que ver con la primera. Está bien
la trama policiaca de investigación. La pega es que luego resuelven todo a
tiroteo y mamporro limpio. La pega para mí, claro. Habrá gente a la que le
guste.
En
cualquier caso sí equivocan un poco el enfoque. Demasiado bestia y sangrienta
en algunas ocasiones. Quieren darle un aire como muy adulto a un tipo que es
básicamente un superhéroe salido de una mente adolescente. Desde luego resultan
excesivas ciertas poses de planificación.
En
cualquier caso resulta entretenida, con buen ritmo y alegría. Las debilidades
se las puedes perdonar o no. La mayoría de la gente no lo hace. Yo no tengo una
devoción especial por el personaje y me da igual lo que hagan con él, así que
soy más benévolo.
Esta
segunda temporada ha reducido los capítulos de 10 a 6 y me ha sabido a poco.
Culpa mía, que acuse a la serie de tener 3 capítulos innecesarios en su primera ronda. Pero a cambio logran un ritmo impecable y un buen desarrollo de
personajes y situaciones.
Creo
que Nina Kautsalo es la poli más septentrional que hayamos visto. Ahí, en la
frontera entre Finlandia y Rusia. En los bosques de Murmansk se mete esta vez.
Me
gusta mucho Nina. Abandonada por el padre (sabremos mucho del porqué en esta
temporada), con la madre en el hospital, un ex tirando a irresponsable con sus
más y sus menos, con la hija con síndrome de Down (ha crecido entre ambas
temporadas, claro, y se maneja muy bien en la interpretación). Y la inspectora
mantiene el espíritu alto, no se queja, no se amarga. Torea con espíritu
animoso y, en la medida de lo posible, trata de ser feliz. El polo opuesto de
tanto detective ceniciento, gris. Un personaje así es una joya y, desde luego,
lo mejor de la serie.
Estuvo
bien que la emparejaran con ese otro poli ruso, estirado, frío para estar en
consonancia con el clima. De qué va la caza en Murmansk lo deducimos pronto
pero está bien desarrollado. El final no
me vuelve loco. Me pareció un poco simple, pero eso es lo de menos.
No
es la gran serie policiaca de la historia pero yo me encuentro muy a gusto en
ese ambiente, entre Ivalo, Rovaniemi y Murmansk.
Me
encanta esa escena en que Venla, para obtener lo que quiere, pretende sacar
partido de su síndrome de Down:
-Diles
que tengo necesidades especiales.
Roland
Emmerich
ha decidido que a locuras catastróficas no le gana nadie. Tiene aprendices como
Michael Bay que alguna vez quisieron arrebatarle el trono, pero el
maestro es el maestro.
Así
que agarra la Luna y la envía en curso de colisión con la Tierra. A mí ese
planteamiento ya me parecería suficiente, pero Emmerich le añade más
cosas absurdas todavía. Cosas que nadie en su sano juicio pensaría. Pero sí Emmerich.
No
tiene sentido hacer una crítica seria de la película porque el director es un
niño con una imaginación fabulosa y medios a su alcance para darle forma.
Cualquier cosa que se le pase por la cabeza se convertirá en imagen, sea lógica
o no, explicándola con giros abracadabrantes.
Diálogos
simples, personajes sin profundidad. Puedes, legítimamente, insultarle y
cabrearte. O puedes aceptar que estás en la cabeza de un niño grande y
disfrutar. Destruyendo ciudades, levantando olas imposibles y fabricando misterios
que hacen temblar los cimientos de la Física.
Lo
peor es su final. Un final tipo Marvel, tipo Dc. Tipo voy a llenar 20 minutos
con peleas/destrucción. Acaban por hacerse muy pesaditos y el montaje en
paralelo (qué tostón la gente de la Tierra) resulta aún más cargante.
El
reparto no es malo pero, en fin, tener a Halle Berry para que
simplemente ponga cara de susto…
-Chéjov es aterrador. Cuando dices sus líneas
desentierras tu verdadero yo.
3
horitas. Se dice pronto.
Admito
que no me he aburrido. Pero es evidente que sobran minutos. Sospecho que no
habría pasado nada si se quita el metraje anterior a los créditos iniciales. Es
decir: 40 minutos. Porque es ahí donde se inicia lo que podríamos llamar la
historia principal.
Vamos
por partes: un director teatral prepara la representación de Tío Vania. La productora tiene como
política de empresa asignar un chófer al director, la joven Misaki.
Esa
es la excusa para mostrarnos algunas de las vidas (¿por qué no todas, por qué
ésas?) de los personajes que intervienen. Hamaguchi se adentra en dramas
personales de los que se le escurre, involuntariamente, algún melodrama, algo
de sentimentalismo. Aunque ocurre poco. Historias que oscilan entre el
retorcimiento freudiano (demasiado retorcido) y el matrimonio perfecto
(demasiado perfecto), pasando por algún crimen y el trauma de conciencia que
todos ellos acarrean por un motivo u otro.
Digamos
que la trama principal es la del director y su conductora, que el resto son
vidas cruzadas colaterales. Tal vez todas ellas sean necesarias para contar lo
que el director quiere. Pero está claro que sobra mucha autopista, mucho túnel
(le gusta filmar túneles a Hamaguchi), mucho viaje atmosférico.
Hay
que reconocer que tiene pulso. Controla bien el ritmo, siempre planea un cierto
suspense sobre algún aspecto, sostiene la mirada del espectador. Lo que más me
gustó fueron algunos juegos con el fuera de campo.
No
sé cómo interpretar su final. Imagino que caben muchas interpretaciones y que
cada uno tendrá la suya. Y todas ellas serán igualmente válidas. Pero tampoco
es importante.
Una
obra ambiciosa que satisface en muchas ocasiones, resulta cargante en unas
pocas y que, aunque no logre todo lo que ambicionaba, deja poso y algún
planteamiento sugerente.
1.
Roland Emmerich está de acuerdo con Scorsese en que las pelis de
superhéroes (Marvel, Dc, Star Wars)
están arruinando el cine. Emmerich las ataca por su falta de
originalidad, por ser clones unas de otras.
2.
Robert Pattinson dice que ninguna de las pelis de Batman es mala. O no las ha visto o
miente o no sabe mucho de cine. Yo voto por la tercera.
3.
Ice Age fue producida por Blue
Sky. La distribuyó 20th Century Fox. Cuando ambas
desaparecieron Disney asumió que los derechos eran suyos. Pero la creadora de la celebérrima rata/ardilla/bicheja Scrat, Ivy Silberstein, se embarcó en un pleito de 20 años que
finalmente ha ganado la artista. Disney se queda sin Scrat. Esa señora merece un monumento.
-Me enviaste a matar a la maldita parca.
Clean tuvo su pasado antes de ser basurero. Pero hay
pasados que siempre vuelven.
Es la típica historia de mafiosete que se hace bueno
pero tiene que coger las armas de nuevo para ayudar a alguien. Y por ser típica
no me gusta ese tono pretencioso, como de estar contando algo profundo. Es lo
que es, un tío que sabe matar. Hemos visto muchas pelis como ésta y no hace
falta adentrarse en honduras redentoras.
La ironía de Clean es su apellido. Limpio. Toda la
película es sucia. El señor Limpio es basurero. Pero además es sucia la
chatarrería, las tiendas a las que va, los lugares que frecuenta, las calles…
Él es Limpio y todo a su alrededor está sucio. Un poquito obvio, ¿no?
Es verdad que a Adrien Brody se le dan muy
bien estos papeles de tipo hecho polvo. Sumido en una continua depresión por la
culpabilidad imborrable, por el pecado imperdonable, porque no se puede
perdonar a sí mismo.
Para los incondicionales de los justicieros tristes.
Un tipo armado entra en un instituto y comienza a
disparar.
No es mi género de películas favorito, pero creo que
es interesante su perspectiva.
No vemos ni el tiroteo ni ninguna de las cosas
habituales que muestran este tipo de películas. Se centra en el trauma de una
de las chicas supervivientes, en el brutal impacto psicológico, en las
consecuencias sobre las familias, en cómo afecta a la personalidad. Nada vuelve
a ser como antes.
La mayor parte de la película muestra situaciones
normales, cotidianas. Familia y amigos. Pero el modo de percibirlas y de
reaccionar resulta alterado. Vada asiste a la normalidad con tristeza, euforia
irracional, miedo… La realidad queda trastocada en una carencia de sentido. Una
hecatombe emocional.
Muy lograda la interpretación de la protagonista. Su
energía inicial, su depresión posterior, el momento en que se toma una pastilla
de éxtasis… Un vaivén de emociones y registros que Jenna Ortega ejecuta
con una naturalidad sorprendente.
La dirección es bastante convencional y no es
especialmente novedosa. La película tiene interés como análisis psicológico de
un personaje.
Me gusta su escena final. Nada complaciente.