Una película muy disfrutable si te enchufas el encefalograma plano.
Hay que prescindir de razonar las cosas en exceso porque entonces no hay quien
pueda con ella. Eso de que un par de malos aparezcan en todas partes, monte,
bosque o pueblo, con una celeridad pasmosa, le hace perder a la peli mucho
interés.
Y es una pena porque con un poco más de esfuerzo habrían sido
problemas fácilmente subsanables.
Un grupo de alpinistas en Escocia encuentra a una niña en un zulo.
Ellos la salvan, los secuestradores van a por ellos.
Hay más sangre de la que uno, a priori, pueda imaginar. Porque la fuga
lleva hasta el pueblo y hasta la presencia de quienes tienen el dinero del
rescate. Que también portan sus peculiaridades y sus recortadas.
Momentos de tensión muy logrados y otros momentos en que te lo
fastidian.
No es verdad que se aprenda de la experiencia. Bueno, a veces sí, a
veces no.
Esa raza de productores, a la captura de un éxito literario, demuestra
muy poca consideración por los guionistas. Parten de la idea de que los
guionistas carecen de imaginación y de que su trabajo es meramente técnico.
Mira que se han adaptado al cine miles de libros. Y pocos han
conseguido igualarse con el original o superarlo. Lo que el viento se
llevó y El Padrino son dos excepciones.
Beau Geste (la versión de 1939)
quizá sea otra. Más notable aún porque son pocas las pelis de aventuras
verdaderamente buenas. Y Beau Geste es impecable. Tan impecable
como la puntería de aquellos tiempos: tuaregs o legionarios no dejaban heridos,
sólo muertos. Esa conjunción de Legión Extranjera, aventuras en el desierto y
robo de una preciosa joya tiene un ritmo maravilloso.
Y tiene también a Gary Cooper que estás en los cielos. Uno de
los pocos actores capaces de dar verosimilitud a la situación más forzada.
Tengo que agradecerle a Chucho
que me recordara esta película. Un placer regresar al exotismo.
-Señor. ¿Ha venido a rescatarme, señor?
-No te acerques. O te mancharás.
Qué bestias son los coreanos. La historia
viene a ser la de El profesional
(Léon). Pero pasada por el tamiz coreano de hachazos, lluvias de
puñaladas, sangre explícita y el sórdido ambiente del tráfico de órganos.
Todo está sucio. Incluso el héroe. Tan
manchado que si una niña se le acerca puede pringarse.
Lo comenté en The Yellow Sea. Dirigen con la misma habilidad de los
americanos. A estos tíos les dejas un poco de margen y, si consiguen
distribución, podrán competir con Hollywood. Copian el estilo pero conciben las
cosas a su modo. En mi opinión son demasiado viscerales, demasiado
desagradables. Pero hay planos muy bien rodados. Ese salto desde el primer piso
a la calle y la cámara (¡aparentemente en mano!) logra seguirle.
La cosa es que están aquí, han venido para
quedarse y hay que seguirles la pista.
-Evito el alcohol. Cuando puedo.
Pero nunca puede.
Calor y ron; carnaval y ron; gordos obesos
yanquis en boleras y ron; brujas vudú hermafroditas y ron; chanchullos
inmobiliarios y ron; peleas de gallos y ron; resacas y ron; gafas de sol (por
la resaca) y ron; sudor y ron.
No sé de qué va esta película. No pertenece
a ningún género, no cuenta nada. Miramos a Puerto Rico en 1960 a través de los
ojos del periodista Kemp. Una sucesión de estampas inconexas y fortuitas que,
juntas, construyen un ambiente, un espacio exótico de contradicciones, una
forma extraña de vivir.
Ron. Imagino que guionista, director y por
lo menos la mitad del equipo también le estaba dando al ron mientras la
filmaban.
Johnny Depp está ahí, en un papel
muy sobrio (aunque esté casi siempre ebrio) para lo que suelen ser sus personajes. Y se prestaba al desmadre. Giovanni
Ribisi está inmenso como siempre.
Casi una comedia, casi un drama. Triste y
desesperanzada eso seguro.
Portentosa.
Hice ya un comentario, pensando que, uno de
los largos parones, correspondía al final. Pero quedaba mucha tela que cortar.
Una temporada de altísimo nivel, cada
capítulo lleno de tensión, de encrucijadas personales, choques y alianzas. Una
partida de ajedrez a lo grande. Un Karpov-Kasparov. Aunque,
teniendo en cuenta la presencia femenina habría que hablar, tal vez, de las
hermanas Polgar.
Y el capítulo final de esos que hay que ver
en sillón confortable y con una copa en la mano. Martha Plimpton y Michael
J. Fox juntos, poniendo contra las cuerdas al bufete entero, una sucesión
de directos a la mandíbula para que no miren a la izquierda, que es por donde
se avecina la tormenta. Tormenta, sí. Alicia Florrick y sus hijos están
viendo Take Shelter.
Y Kalinda, en esa preciosa secuencia de
ascensor, ferretería, casa, martillazos. Lo que se oculta tras la pared. Y nos
quedamos con las ganas de saber quién es el tío al que ella espera, sentada en
sillón confortable con una pistola en la mano.
Cuando vi el final de la segunda temporada
pensé que la habían destrozado. Pero no. Tuvieron el sentido común de
descomponer, progresivamente, el affaire
Alicia-Will. Y ahí está. A la espera de Breaking
Bad, lo mejor del año.
Si es que no damos abasto.
No dije nada del capítulo anterior por no ponerme pesado. Pero 3x16, Virtual Systems Analysis, fue uno de los mejores capítulos que ha parido la televisión.
Y ahora volvieron a la carga con algo que no es tan bueno (un 9 en vez de un 10), pero sí mucho más asequible. Un homenaje-parodia a cine y series policiacas, a The Shield (Shirley en plan Claudette-CCH Pounder), a The Wire (con la presencia real de Omar Little-Michael Kenneth Williams, recién salido de la cárcel y reconvertido en profesor de Biología, aunque aquí se llama Marshall Kane), a Algunos hombres buenos, a The Unit...
Alguien destruye un boniato de la sala de prácticas de Biología. Esta es la escena del crimen. Troy y Abed se convierten en el poli malo y el poli bueno a las órdenes de Shirley.
Títulos de crédito cruzando The Good Wife con Southland, rodaje cámara en mano, fotografía gris como si estuviésemos en La Granja y... magia. La universidad de Greendale ve reconvertida fácilmente su estructura en una trama policial: forenses, archivos, despachos. Traficantes, apuestas ilegales, corrupción.
Jo. Es una pena que algunas cosas se acaben.
Divertidísima.
Un entretenimiento descomunal.
Joss Whedon tiene dos puntos
fuertes: la creación de situaciones entre personajes de caracteres muy
diferentes y esos diálogos mordaces, ágiles e ingeniosos que recuerdan a las
antiguas comedias clásicas.
No se me ocurre nadie mejor para ponerle al
mando de esta conjunción de superhéroes. Y ahí está: les saca todo el partido posible. La Viuda Negra y su
interrogatorio, Thor y su hermano adoptado, Iron Man y sus descacharrantes
ironías, Hulk y sus golpes (físicos y de humor), Capitán América y su seguridad
de cómo no viste Dios. Y Ojo de Halcón, que es el único eslabón débil.
Ese enfrentamiento entre egos es fabuloso.
Las escenas de acción están bien aunque no añaden nada a lo que hemos visto
últimamente. Es la interacción, los diálogos, el verdadero punto fuerte.
Eso y la concepción de estar trasteando con
un cómic. La tunda de palos a Loki. Auténtico tebeo.
Un gustazo.
Legolas. Je, je.