Ayer
resolví uno de los mayores enigmas que se ha planteado la humanidad.
Descubrí
cuánto dura, exactamente, la eternidad: 102 minutos.
102
minutos eternos, los más largos de mi vida.
A
Sean Durkin ya lo tengo fichado para
prescindir de él en futuras ocasiones. Y para mandarle al Escuadrón Asesino Víbora Letal a su casa y que le haga algún tipo
de advertencia.
Vaya
película aburrida, sosa, intrascendente y, a la par, desagradable. Aún peor que
Tenemos
que hablar de Kevin. Y eso es decir mucho. Ahora que lo pienso, juntar
a Kevin con Martha podría dar para una secuela.
La
cosa podía prometer. Una chica abandona una especie de secta-comuna anarquista-hippie
o algo así. Al parecer, después de dos años, lo de matar gente no lo lleva bien
del todo. Aunque tampoco está claro que ese fuese el detonante. Dejémoslo en
que, como Elvis, volvió a casa.
Y
ya está. La chica, traumatizada, duerme mal, come poco, vomita, tiene
pesadillas, se baña en el lago... Y, de verdad, de verdad de la buena, que ya
está. En determinado momento el director decide parar y para. Por suerte para
todos los espectadores. Si la eternidad hubiese durado un poco más, no habría
aguantado.
A
los yanquis les gustan los juicios tanto como las barbacoas. O más. Si no hay
uno de cada, en todas las películas o series, no se quedan a gusto.
Raising Hope no podía ser menos. Pero, obviamente, en
su versión loca y desmitificadora.
La
madre de Hope, asesina en serie electrocutada, no murió. Ha regresado y reclama
la custodia de su hija. Y ahí tenemos en el juicio a Maw-Maw pidiendo música en
esa iglesia para no parecer cuáqueros y haciendo cantar al jurado, a Shelley1
con su guitarrita y al ciego conduciendo el autobús que lo solucionará todo.
No
puedo decir que haya sido el capítulo más desquiciado de la temporada. Porque
los ha habido como para encerrar a todos los responsables. Pero ha sido muy
divertido.
Y
después de un namaste y un pacificador discurso budista, agarra el machete.
Es
verdad que Hope no ha ido a parar, quizá, a la mejor familia. Pero sí a la más
estrambótica, estúpida, demente y chalada. Basura blanca.
Bueno
y, además, la quieren.
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1.
Me sigo preguntando por qué Kate Micucci,
con esa cara tan divertidísima que tiene, no trabaja en todas las comedias de
habla inglesa.
La
novela de Paul Torday se enmarca
dentro de la sátira política, un género que los ingleses manejan muy bien.
Mientras leía el libro pensaba en ¡Noticia bomba!, de Evelyn Waugh. Sin alcanzar su nivel,
por supuesto.
Lasse Hallström se las ha apañado
para convertirlo en una película romántica. El personaje de Kristin Scott Thomas, jefa de prensa
del gobierno, es la única que conserva la vitriólica acidez, la que dispensa
unos diálogos que dejan temblando al personal. Pero todo lo demás es dulce y cordial.
Las
diferencias se intensifican con el final, claro. Ese pasaje que en el libro
creaba un cierre perfecto, trágico, cómico, lleno de humor negro e ironía vital
(o mortal), en la película se queda muy blandito.
No
es un problema comparativo, no me dejo llevar por el libro. Es, simplemente,
que al quitarle los elementos de fuerza, la película se queda en algo amable y
atractivo pero también muy sosillo.
Tras
presenciar cosas tan dolorosas para los ojos y las neuronas como las primeras
entregas de Crepúsculo y otras muchas pelis teen, es un verdadero placer (un enorme placer) encontrarse con
algo tan contundentemente sólido como esto. Un cine lleno de adolescentes y
jóvenes y no se oía una mosca. Algún crítico temerario la ha comparado con Matrix
y eso es ir demasiado lejos.
La
atmósfera opresiva que construyen al inicio, ese ambiente tan angustioso, tan
de aires de futuro nazi, me enganchó a la peli antes de saltar al Gran Hermano
que podría haberme desenganchado.
Veo
sus defectillos y cosas raritas que deberían haber quedado resueltas (la
realidad-virtualidad en la que supongo que las inyecciones tienen algo que
ver). Pero la cosa es que se trata de la primera saga adolescente de la que quiero
saber la continuación. Ya. Ahora mismo.
Las
consecuencias de la muerte de Rue apuesto que no se han acabado. Será
interesante ver qué pasa con los Distritos 11 y 12.
Recuerda
este nombre porque se acaba de convertir en un símbolo: Katniss Everdeen.
-La
conocen como la chica en llamas.
No
tengo ni pajolera idea de cómo calificar esta película.
Es
sentimental, sí. Pero hay que reconocer que la historia de Bethany Hamilton es asombrosa. Surfista adolescente a la que un
tiburón come un brazo. Y, sin brazo, vuelve a la carga y se convierte en
profesional.
Y
tiene sus cosas buenas. El ataque del tiburón dura dos segundos. Nada de
minutos de suspense, de tensión preliminar, de contenido vacío. La dentellada y
ya. Luego, eso sí, despacio, el drama al completo: traslado a la playa,
ambulancia, hospital, recuperación. Y las sensaciones. AnnaSophia Robb lo clava. Las partes duras y las partes blandas, el
saber estar y el desmoronarse. El arriba y el abajo y otra vez arriba y abajo.
Y,
sin embargo, no sé. Habría exigido otro tono, creo yo. Aunque tampoco me
atrevería a decir cómo y de qué manera. Durante los títulos de crédito muestran
imágenes reales. Parece que había material para un documental. O casi. No sé si
eso habría ido mejor.
Supongo
que a los surfistas les encantará. Para el resto del mundo curiosa; a ratos
interesante y sugerente.
Ahí
dejó una foto de AnnaSophia Robb y
la auténtica Bethany Hamilton.
Fargo
desciende por la rampa de la Astraeus, con la bandera de los Estados Unidos en
la mano y, eufórico, la clava en el suelo. Es el primer hombre sobre Titán.
Sólo
que los niveles de oxígeno son muy altos y la policía está esperando.
Salto
temporal. Eureka se encuentra bajo la dictadura de S.A.R.A.H., los Andy, las
Marthas y otros robots.
Sé
lo que vas a decirme: que mi devoción por Eureka es ridícula. Lo sé. Pero yo
le daría unos cuantos Emmy todos los años (si significaran algo). Por su
capacidad para reinventarse, porque en un chasquido de dedos (chas, ya) cambia de la comedia al drama,
de la acción a las relaciones personales. Relaciones revueltas, claro. Es lo
que tiene lo de trastear con el tiempo.
Friqui, nerd, geek, como quieras llamarlo. Pero anda
que no es original. A su aire. Como lo era Pushing Daisies. Distintas las dos.
Pero a lo suyo, sin preocuparse de influencias, de lo que se lleva.
Eureka persiste porque tiene sus fieles (el
menda, por ejemplo). Dicen que es su última temporada y que cerrarán todos los
frentes abiertos. Seguro que lo hacen bien.
-Las
mejores mentes trabajan para nosotros.
La
historia es sencilla: un matrimonio (Nicole
Kidman y Aaron Eckhart) tratan
de salir adelante tras la muerte de su hijo.
No
es una peli comercial, lo sé. Pero se estrenan muchos dramas que no lo son.
¿Por qué ésta no llego a los cines? Ni idea. Están Tammy Blanchard, Dianne
Wiest, Giancarlo Esposito, Sandra Oh... Un reparto sólido que hace
verosímil e intensa una película que no cae ni en sentimentalismo ni en
tragedia.
Lo
que ocurre es cotidiano y natural, áspero pero lógico, con reacciones creíbles
y situaciones normales. Quedan marcas, nunca vuelves a ser el mismo, lo sigues
intentando.
Ya
lo comenté por aquí. Así que acudí a la descarga ilegal, el único modo de ver
determinadas cosas interesantes que otros consideran que no quieres ver.