17/9/11

El árbol de la vida

En este blog siempre pretendí hacer entradas cortas.
Pero ante algo tan genial, tan descomunal, tan arrasador, tan radical a la hora de transformar el lenguaje cinematográfico, habría que hacer una tesis doctoral. Varias tesis doctorales.
Así que o me explayo o resumo mucho.
En una palabra.
Amén.

15/9/11

Meek's Cutoff

1845. Oregón.
O alrededores.
Tres familias de colonos, bajo la guía del dudoso Meek, se han perdido. Buscan agua desesperadamente.
Sin épica, sin ideaslismos, sin leyenda. La vida dura, áspera, despiadada, del salvaje Oeste. La antiaventura llevada al extremo.
La película tiene un año (ganó el León de Oro en el Festival de Venecia) y no hay perspectivas de que se estrene en España. Lo entiendo, en cierto modo. No sé qué clase de público aceptaría este tipo de cine en el que un pañuelo llevado por el viento se convierte en acontecimiento.
Kelly Reichardt se la juega con una historia sobre la esperanza y la desesperación. Una metáfora de la vida en la que, la única opción, es seguir adelante y apostar con los ojos cerrados en quién confías, a través de grandes silencios y de paisajes tristes y bellos.
Y el oro. El oro que no se puede beber.

14/9/11

El viaje del director de recursos humanos

Me gustó mucho Los limoneros, así que tenía ganas de ver lo nuevo de Eran Riklis. Aunque se estrenó a mediados de junio, llegó ahora a la ciudad.
El viaje se inicia con cierta normalidad, sólo rota por el carácter huraño del director de recursos humanos. Pero, a medida que la historia avanza, todo se vuelve más y más absurdo.
Sinceramente: el engranaje de comedia y drama no funciona nada bien.
Hay algunos personajes atractivos, pero el hilo de la trama no termina de funcionar. El guión se estanca a ratos, es lenta, vuelve a levantar el vuelo, tiene elementos sugerentes, vuelve a caer...
La cónsul era la más graciosa, entusiasmada con el mero hecho de ver a un judío, cargando ella misma con sus maletas. Lástima que aparezca poco. Lo del tanque me parece excesivo, aunque tiene su carga metafórica.
Así es el mundo, el hermano mundo. ¿Cuándo me cansaré de ti? Cuando no coma pan en Cuaresma, cuando el vino se aburra de mí.
Vivir y morir en Jerusalén.
¿Y ser enterrado?

13/9/11

Marchlands

Alicia en el bosque. Se ahogó en el río.
Dejó atrás una cruz de plata.
Y un botón del abrigo.
Marchlands. La casa en que vivía. En la que sus padres y abuelos no sobrellevaron muy bien su muerte en 1967.
Marchlands. La casa que, en 1987, fue ocupada por un matrimonio con sus dos hijos. La niña pequeña ve a Alice, la niña muerta, y juega con ella.
Marchlands. La casa que, en 2010, pertenece a otro matrimonio que espera un bebé. Y la futura madre empieza a percibir cosas extrañas.
El montaje cuenta alternativamente las tres historias. Pero algunos personajes aparecen en varios momentos.
Otra de esas series británicas (5 capítulos) que aúna el perfecto ambiente de 3 épocas distintas, de 3 generaciones, de 3 comportamientos sociales. El fantasma de Alice une todo ello. Como crónica de los cambios sociales (que es lo que la serie es) creo que podría haber escogido otras opciones. Si metes un fantasma debería haber más terror o, cuando menos, más sustos.
Y el fantasma de Alice, como todos los fantasmas, debería hacerse entender mejor. Así, su madre no habría tardado 43 años en comprender lo que realmente pasó. Porque era un niña buena y su muerte no tenía sentido.
Askor.
Vaya palabrita para servir como pista.

11/9/11

Mammuth

La película no llega a la hora y media por una buena razón: no tiene nada que contar.
Mammuth es un tipo bruto, elemental, cortito, buena gente. En la búsqueda de papeles para la pensión de jubilación, recorre en moto los lugares por los que trabajó. Hasta que el guión se cansa del proceso y entonces pasa a ser otra cosa.
Encuentros con gente estrambótica, personajes absurdos, cada uno más imposible que el anterior.
Ya sabía yo que los franceses eran gente muy rara. Pero tanto, tanto...
Con tanto individuo ridículo, inevitablemente era necesario que hubiese algunos momentos graciosos. La sobrina de Gerard Depardieu, por ejemplo. Tan elemental como él, loquísima, artista (por llamarla de alguna manera) incomprendida. Ahí tenemos una forma original de hacer un curriculum vitae. O ese momento en que Yolande Moreau descubre que le han robado el móvil y busca una amiga, una bolsa, una pala y ácido, dispuesta a cargarse a la ladrona... Hasta que, ya en ruta, descubren que no saben a dónde van.
Una road movie sin rumbo que va dando tumbos por las cunetas.

10/9/11

La deuda

Toda esa parte que se desarrolla a mediados de los 60, en Berlín Este, me pareció cine. Cine de verdad. Con todos los ingredientes de las pelis de espías, narrado con lenguaje clásico, la psicología de los personajes definiéndose escena a escena.
Esos tres jóvenes y presuntuosos agentes del Mossad secuestran al doctor Vogel. Pero el cirujano de Birkenau es demasiada mente para ellos y les dejará secuelas para toda la vida.
Luego viene la parte de Israel-Ucrania a finales de los 90. Vete tú a saber por qué, alguien tenía interés especial en que la peli durase menos de dos horas. La cosa se muestra atropellada, confusa, deslavazada. Y es una pena porque es la parte de Helen Mirren.
Y Sarah escribiendo un libro para contar la verdad. Lo que ella, pobre, cree que es la verdad.
El conjunto me resultó satisfactorio, solidísimo en ocasiones, pero podía haber sido muchísimo más de haber cuidado mejor la segunda parte.

9/9/11

Stella

Vive en un barrio marginal de París. Sus padres tienen un bar y 10 habitaciones que alquilan a inquilinos con tendencia a morir de cirrosis. Stella sabe demasiado de la vida y poco del colegio.
Stella es un ejercicio de nostalgia setentera, un viaje a la infancia de la directora para revisitar cómo un niña (tal vez la propia Sylvie Verheyde, tal vez cualquier niña) se convierte en adulta.
Tierna, conmovedora, triste, desgarrada.
No dice mucho, no cuenta mucho. Pero filmada casi siempre en primeros planos o planos medios, los sentimientos van surgiendo a flor de piel. Lo que se intuye es mucho más de lo que se ve.
Me encantaron los arrebatos de mala leche de la chavala. Qué bestia.
Final abierto, muy abierto. Demasiado abierto. De esas ocasiones en que uno se plantea si sabían o no cómo acabar. Eso de aprovechar la oportunidad suena como un cierre un poco caprichoso.