25/12/08

El ilustre caballero Desperaux

No creo que El valiente Desperaux vaya a tener mucho éxito en las pantallas. Los adultos la verán como una película para niños y a los niños les resultará compleja.
Y, sin embargo, es un cuento bonito, original, con momentos imprevisibles. Al final, claro, todo acabará bien porque es un cuento. Pero la mayor parte del metraje está teñido de un hálito de languidez, de melancolía, casi de tristeza. Apenas hay humor y sí muchas referencias a la literatura caballeresca, a los ideales de honor. Porque Desperaux, pequeñajo, orejotas, valiente, se somete al código de la caballería y jura decir siempre la verdad. Es un Quijote que al leer un libro humano se considera obligado a devolver la libertad a una princesa. Y hasta se permite el lujo de hacer un poquito de teoría de la literatura cuando lee por primera las palabras Érase una vez...
Se dispersa en múltiples tramas y la animación, sobre todo los movimientos, no acaba de estar afinada. En cualquier caso su propuesta logró sorprenderme: tan seria, tan arriesgada, tan lejos de la carcajada fácil por la que apuesta Dreamworks. Espero que a la Universal no le hagan daño los resultados de taquilla en este primer intento de animación y siguen adelante.

24/12/08

Di que sí

No es que sea una película mala con avaricia pero, en esta ocasión, me hizo sentirme al límite de lo soportable.
Hace 20 años, quizá, podría haberle visto alguna gracia a las muecas de Jim Carrey. Que a sus 46 años siga haciendo las mismas monerías, contorsiones faciales, gestos histriónicos y, digámoslo claro, estupideces, demuestra que no sólo no sabe actuar sino que, además, ni siquiera sabe qué significa eso. El show Truman, una vez más, viene a confirmar que era una gran película a pesar de él y no gracias a él.
Esa secuencia en que se envuelve la cara con papel celo es tan estúpida, tan superflua, tan dirigida a buscar la risa forzada, que estuve a punto de abandonar. Sólo mi entrenamiento y mi disciplina personal, probada ya en muchas otras situaciones semejantes, permitió que pudiese seguir adelante hasta la conclusión de la película.
Bien es cierto que en cuanto llegó el fin, no había quien pudiera obligarme a contemplar un solo segundo de los títulos de crédito. Y no lo hice.

23/12/08

Héroes: 3ª temporada

Hay cosas deliciosas en esta serie: Hiro Nakamura, adulto, junto a Hiro Nakamura, niño, haciendo los mismos gestos de ajustarse las gafas e inclinar la cabeza; Claire, adulta, cuidando de sí misma cuando es un bebé; los dependientes de la tienda de cómics...
Y luego muchas incongruencias porque la gente tiene tantos poderes que no es fácil coordinar todos ellos para que ocurra lo que el guión quiere que suceda: los modos de anular, noquear, matar a Sylar, por ejemplo. O la secuencia en que el tipo que quita los superpoderes a los demás lucha mentalmente con el padre de los Petrelli: si le ha quitado los poderes ¿por qué tiene que luchar mentalmente contra él?
Se ha hablado mucho de su descenso de seguidores. La verdad es que el comienzo de la tercera temporada, con los jaleos de presente y futuro, con varios Peter Petrelli por ahí sueltos, podían espantar a cualquiera. Me parece bien el planteamiento para la cuarta temporada (o la tercera y media): menos gente y Nathan Petrelli persiguiendo con sus poderes políticos a todos los demás.
Lo que menos me gustó fue eso de dejar enterrada y bien muerta a Nikki/Jessica (un personaje interesante) para sustituirla por una imprevista Gina, hermana gemela que congela cosas y aporta más bien poco.
Y el pobre Micah sólo aparece de rondón en un capítulo.
Bueno, también está lo del eclipse solar que se produce en todas partes a la vez. En fin...

20/12/08

Será un honor defender su honor

¿Que por qué es mejor Adiós pequeña adiós? Porque es concisa, va al grano, mantiene el drama y el suspense a un ritmo mantenido y acaba cuando tiene que acabar.
El intercambio se enrolla, le sobra media hora (como mínimo), es un carrusel de ritmos, ocasionalmente truculenta y tiene muchos finales. La mayoría de ellos innecesarios pues lo que tenía que contar ya lo ha contado.
Dicho esto, El intercambio es una gran película, una férrea descripción del drama, sus múltiples ramificaciones, la sociedad en que acontece. Con momentos fuertes, muy fuertes.
Y una estupenda Angelina Jolie. Ya lo he dicho en otras ocasiones: cuando la señora Jolie deja de actuar con la anatomía para actuar con el cerebro es grande, muy grande. Casi (casi) tan buena como su marido. Pero es que Brad Pitt es mucho Brad Pitt.
Clint Eastwood demuestra, una vez más, que sabe aluviones de cine. Clásico y moderno. Y que hasta sabe dirigir a individuos como John Malkovich sin que se le desmadren.
Son casi dos horas y media. Aunque en ocasiones se haga un poco pesadita, siempre te das cuenta de que es mejor estar viendo eso que prácticamente cualquier otra cosa. Porque te sacude y te conmociona y sales del cine con la sensación de haber ganado algo.

17/12/08

Tarta de arándano con helado

Wong Kar Wai tiene una enorme sensibilidad estética y emocional. En cierto sentido My Blueberry Nights me gusta especialmente porque no se empeña en complejidades. Es verdad que pierde dramatismo, fuerza, intensidad. Pero es una película que se ve con agradable ligereza.
También me permitió descubrir, una vez más, lo mucho que me gustan las road movies. Mientras la película giraba alrededor de conversaciones en bares y restaurantes, la seguí con relajado disfrute. Pero cuando Norah Jones y Natalie Portman empiezan a moverse por la carretera me incorporé en la butaca. Es cierto que antes nos había presentado a Natalie Portman como consumada jugadora de póquer. Y eso es una introducción interesante porque también siento debilidad por las películas de póquer.
Sé que, en general, la gente ha preferido la historia de desamor entre David Strathairn y Rachel Weisz. Me alegro por ellos. Porque la cuestión es que todo el mundo, supongo, puede encontrar en esta película algo que engancha con él: amistad, amor, desamor, tartas de arándano con helado o conversaciones vistas tras la luna del escaparate.

13/12/08

Ultimátum a la Tierra

A mí esta película me parece un dignísimo remake de Ultimátum a la Tierra (1951): las dos son igual de sosas.
Me llama mucho la atención la cantidad de críticos que han criticado a Ultimátum a la Tierra (2008) comparándola con la primera versión. Eso significa que no sólo no han visto el primer Ultimátum a la Tierra sino que, además, ni siquieran saben de qué va.
Ultimátum a la Tierra (1951) es un clásico, sí. Pero un clásico de serie B, la típica película que uno ve para cachondearse un rato con la cutrez de efectos especiales y burlarse del mensaje infantiloide. Creo que debo tener en el sótano un plato exactamente igual a la patética nave que llegaba del espacio. Y el robot, en fin, he visto pijamas que daban mejor el pego. Así que decir que Ultimátum a la Tierra (1951) era una denuncia a las armas nucleares, significa estar borracho o querer tomar el pelo al espectador.
Es verdad, sí, que convertirla en superproducción para hacerla igualmente sosa e infantiloide, no conduce a otra cosa que al gasto de dinero en efectos especiales sin ganar en encanto.
Se supone que Klaatu (Keanu Reeves) viene para salvar la Tierra de nosotros. Para mí, el único interés de Ultimátum a la Tierra (2008) es averiguar en qué planeta debo presentar una denuncia por incompetencia contra el tal Klaatu. Resulta que para salvar la Tierra pone en marcha a una serie de nanorrobots que devoran todo a su paso para autorreplicarse. No sé qué piensa el tal Klaatu que debería ser la Tierra pero desde luego ha dejado la costa este de Estados Unidos convertida en sílice en su totalidad. Y para mí que allí no vuelve a crecer nada.
Se le va a caer el pelo cuando acuda al Consejo ése que dice que tienen.

11/12/08

Corazones rebeldes

Seguir los ensayos y conciertos de un grupo de rock no tiene mucho de original. A no ser que el grupo se llame Young at Heart y sus componentes tengan una edad media de 80 años.
Confieso que vi esta película boquiabierto (no puede ser lo que estoy viendo), descacharrándome de risa (hay conversaciones delirantes) y conmovido (el modo en que aceptan las inevitables muertes de sus compañeros de coro).
Les cuesta aprenderse las letras, se quedan en blanco (o dormidos) y tienen achaques. Pero ahí están. Dan conciertos por todo el mundo, en cárceles o grandes auditorios.
Los videoclips son la caña, especialmente ese titulado Quiero que me seden, de los Ramones.
Pues eso: el rock nunca muere.