23/10/08

All Souls

Siempre me interesan las películas y las novelas que intentan ejercicios de teología-ficción. Es un género dificilísimo. Fácilmente se cae en la parodia, en el ridículo o en el pietismo.
El exorcismo de Emily Rose me parece una de las películas más inteligentes que he visto de este estilo. Y pienso que Orson Scott Card es lo más decente que hay en literatura desde la perspectiva de un mormón.
El otro día e me pasó un capítulo de Expediente X titulado Alls Souls. No está nada mal.
Uno de los principales problemas de esta clase de películas es que bien y mal, ángeles y demonios, Dios y Satanás, parece que se disputaran las almas como en una rifa. Esta para ti, esta para mí. Como si la libertad de las personas no tuviera nada que decir.
All Souls está siempre a punto de caer en ese defecto: las cuatrillizas con parálisis mental son asediadas por ángeles y demonios. Parece que el primero que llega se las queda. El gran acierto es que, gracias a la agente Scully, sí pueden decidir: ir a una puerta o a otra, donde aguarda el ángel o el demonio.
La confesión posterior de Dana Scully me parece un tanto forzada. Se supone que no debería tener dudas acerca de lo que ha hecho. Pero de todos modos, no es decisivo para el desarrollo de la trama; es sólo un recurso de estilo para realizar los flash back y contar la historia.

22/10/08

Questa notte è ancora nostra

No estoy completamente seguro, pero creo que fui a ver esta película por lo bien que sonaba el título en italiano. En español la han traducido como La noche es nuestra, exactamente igual que la película del año pasado de James Gray sobre la policía de Nueva York. Por un momento pensé que la reestrenaban, o algo así. La cuestión es que no sé si Questa notte è ancora nostra es una película italiana que copia a las comedias románticas americanas o una comedia romántica americana hecha por italianos. Chico italiano que trabaja en una funeraria quiere tocar rock. El productor busca algo exótico y quiere que en el grupo esté una vocalista china. El chico decide ligarse a una china. Chica china va a ser casada con un chino para saldar una deuda de los padres. Ella no quiere pasar por el aro y finge estar prometida. La chica decide ligarse a un italiano. Por supuesto acaban enamorándose después del lógico desencuentro al descubrir que el otro/otra estaba manteniendo una farsa. Aunque haya entierros y bodas católicas, fontana de Trevi, pizzas y tal, están todos los demás clichés: encuentros en supermercados, fiestas llenas de equívocos y hasta tablas de surf como si esto fuese California. Prefiero decir que es una comedia americana hecha por italianos porque así, al menos, se puede aducir un factor de originalidad. Por lo demás, es triste admitirlo, podría haberla dirigido Nora Ephron. La sensación, en cualquier caso, es extraña, como de desorientación. Y quizá eso está bien.

20/10/08

Tropic Thunder: Una guerra muy perra

Ya comenté que la muerte de Paul Newman aconteció mientras yo veía este bodrio. Admito que me engañaron, qué le vamos a hacer. Pensé que habían logrado hacer una parodia inteligente pero es una demencia como tantas otras.
Sigo esperando que Jack Black vuelva a repetir un éxito tan inteligente como el de School of Rock, pero me parece que voy a esperar sentado.
Un comentario muy breve: creo sinceramente que Ben Stiller debería estar en un psiquiátrico, desde hace años, antes de que haga daño a alguien.

19/10/08

El cayado del Rey Mono

Es lo que tienen los chinos. Todos esos nombres tan poéticos, tan imaginativos y, en el fondo, tan idiotas.
El Rey Mono, el Inmortal Borracho, Gorrión Dorado. El Buscador.
Declaro mis preferencias por Jackie Chan, un tío divertido, ingenioso, ocurrente para inventar coreografías de peleas y con un poso de Charlie Chaplin. Jet Li es más sosaina.
¿Para quién es El Reino Prohibido? Para los fans de uno y otro. Para juntarlos a todos. Para rodar una película con un guión casi inexistente en el que los dos puedan divertirse repartiendo leña. Por eso, lo único interesante, es la sucesión de originales y vistosas peleas de artes marciales y, también por eso, el gran momento es la pelea entre ambos.
Los chinos hablan mucho de prudencia, de sobriedad, de paz cósmica. Te entran ganas de ignorar la película, enroscar las piernas en la butaca en plan Buda y ponerte a levitar. Pero cuando Jackie Chan y Jet Li se encuentran, primero destrozan los muebles y después preguntan. Entonces se dan cuenta de que están en el mismo bando. Pero claro, si primero hubiesen preguntado nos habríamos perdido la exhibición.
Reconozco que al lado de cualquier película de Zhang Yimou, esto que nos ocupa es una piltrafilla. Quiero decir, que no es Héroe, ni La casa de las dagas voladoras, ni La maldición de la Flor Dorada, ni (gracias a Dios) Tigre y Dragón. Pero creo que es muy sano, de vez en cuando, no ponerse demasiado trascendental, no tomarse demasiado en serio toda esa filosofía oriental, a punto siempre de caer en trance. En el fondo son un grupo de gente dándose mamporros, ¿no?

18/10/08

Los limoneros

Esta película, hecha con sutilidad y buen gusto, es una de las mejores metáforas que he visto sobre el conflicto árabe-israelí.
Frontera Israel-Cisjordania. A un lado la viuda que cultiva el limonar. Al otro, el ministro de Defensa israelí. Los servicios de seguridad consideran que el limonar puede ser lugar de riesgo y quieren talarlo. La viuda pone una demanda.
Eso sirve para que vayan apareciendo los hombres árabes, el abogado (muy interesantes sus motivaciones), los medios de comunicación... Pero no en plan John Grisham. Riklis prefiere utilizar las relaciones humanas.
La mujer del ministro acaba por empatizar con la viuda árabe. No mantienen ni un diálogo a lo largo de toda la película, pero las miradas, gestos y reacciones establecen entre las dos unos lazos de amistad más importantes que todo lo demás.
La secuencia final (el ministro israelí a un lado, la viuda árabe al otro) ha hecho variar el paisaje de un modo no del todo previsible. Una secuencia extraordinariamente poética en su sencillez. Como en el conflicto, todos pierden.

15/10/08

Cuando Amélie se nacionalizó británica

Happy: un cuento sobre la felicidad es la traslación de Amélie según los ojos de Mike Leigh.
Mike Leigh es, fundamentalmente, un tío tirando a depre, así que Poppy, más que repartir felicidad reparte risas tontas.
Hasta su mejor amiga, leyéndole la palma de la mano, descubre que la línea más gruesa es la línea de las gilipolleces.
Me aburrí bastante porque, como ya he visto más películas de Mike Leigh, sé a lo que juega: deja que gran parte del metraje transcurra lentamente, sin que pase nada, para que acontezca la explosión final, la enjundia y el resultado sea más potente. Así que estuve esperando a que Poppy dejara de hacer tonterías para ver el gran momento. Y, en fin, el gran momento, se queda muy lejos del de Todo o nada. Especialmente porque en Todo o nada el gran momento tenía un sentido redentor extraordinario y en Happy no pasa de ser una anécdota más.
Estaba bastante bien lo de las clases de flamenco, la bailaora sevillana y sus chistes españoles que sonaban a incorrección a los ingleses.
Bien: ¿no tienes la sensación de que Poppy, profesora de primaria, tiene una edad mental probablemente inferior a la de sus alumnos?

13/10/08

Cuatro vidas

No voy a negar que el reparto es de campanillas. Kevin Bacon, Julie Delpy, Andy García, Sarah Michelle Gellar, Emile Hirsch, Forest Whitaker y el mismísimo Brendan Fraser a quien es difícil ver en ocasiones y que ahora tiene tres películas simultáneas en los cines.
Es una película de vidas cruzadas y, en concreto, trata de acercarse a Vidas contadas. Pero si en Vidas contadas había 13 conversaciones sobre una cosa (título en inglés) para hablar con sutilidad acerca de la felicidad, en Cuatro vidas hay cuatro momentos llenos de tensión y furia para hablar de no se sabe muy bien qué.
Me gustaron los toques mágicos, la visión de futuro de Brendan Fraser y la existencia de un nuevo tipo de sangre. Pero sobre todo me gustó esa escena en que Forest Whitaker, después de atracar el banco, coge una moto, huye con ella de la policía y se dispone a subir las escalinatas hacia un lugar en que dará esquinazo a sus perseguidores. Y, justo entonces, vemos lo que no vemos nunca en el cine: la moto no sube las escaleras. Acontece la realidad: o eres un especialista o te estrellas contra los peldaños para darte un golpe de campeonato.
El cine nos había acostumbrado tanto a que las motos, e incluso los coches, suban y bajen escaleras que se nos había olvidado la realidad.