12/10/08

La conspiración del pánico

Está claro que a D. J. Caruso le gusta Hitchcock. Otra cosa es lo que hace luego con él. Persecución del hombre inocente que ignora qué pasa, concierto de música en el que una nota puede desencadenar el drama, ambientación de la acción en lugares novedosos...
La conspiración del pánico es entretenidísima. Te subes a ella cuando ya va acelerando y no te puedes bajar en un par de horas.
Hay algunas incongruencias internas, claro. No entiendo por qué el ordenador no se carga a sus objetivos del mismo modo que se carga a cualquier otro; debería saber que implicar al factor humano es un riesgo porque estamos bastante locos. Además, en cuanto apareció el ordenador, supe que si le desguazabas el ojo, los problemas se solucionarían. Rosario Dawson se dio cuenta muy tarde.
Pero lo que no tiene explicación posible, lo que es una trola increíble, lo que no cuela de ninguna manera es lo del cable de alta tensión. Simplemente: no se puede. Por mucho ordenador que seas.
En fin, cito, porque viene a cuento, lo que dijo Benjamin Franklin: quien renuncia a parte de su libertad para obtener más seguridad, no merece la libertad ni la seguridad.

11/10/08

Death Race

Esta película apenas sería reseñable. Da lo que promete, es entretenida y no dura en el cerebro más allá de su visionado.
Pero es una buena prueba de cómo la paternidad produce en las personas efectos absolutamente inesperados, reacciones imprevisibles y formas de expresión de las que posiblemente su responsable se habría arrepentido tiempo antes.
Paul W. S. Anderson y su señora Milla Jovovich han sido papás recientemente. Eso es lo único que explica la escena final de Death Race. Después de ofrecernos durante 100 minutos un apabullante despliegue de salvajes carreras de coches, tiroteos, explosiones, gente decapitada, peleas y asesinatos, llega el momento culmen. Jason Statham escapa, recoge a su niño y dice que, aunque él no es un hombre perfecto, nadie puede amar a su bebito más que él.
Qué tierno. Qué bonito.

10/10/08

Todo el mundo es imbécil

Estos son los protagonistas (imbéciles) de Quemar después de leer.
John Malkovich es un analista de la CIA, espía despedido por su incompetencia. Sus memorias no las quiere nadie pero la egolatría de la gente desencadenará la acción.
Tilda Swinton es su mujer, pediatra con una mala leche impresionante (genial la escena en la consulta con el niño). Es amante de George Clooney.
George Clooney agente federal, completamente paranoico, considera sus habilidades muy por encima de lo real.
Frances McDormand, empleada en un gimnasio, quiere hacerse, gratis, cuatro operaciones de cirugía estética.
Brad Pitt, compañero de trabajo de Frances McDormand, es imbécil a secas. El disco de memorias de John Malkovich cae en sus manos y cree que tiene el mundo en sus manos.
Richard Jenkins es el encargado jefe del gimnasio. Como todos los hombres cobardes y apocados estará dispuesto a hacer una locura para impresionar a la mujer que quiere.
Primera reflexión. ¿Te has dado cuenta de que todos son igualmente imbéciles pero que sólo las mujeres logran lo que quieren mientras que los hombres acaban bastante mal?
Segunda reflexión. Dejando al margen algunos momentos francamente divertidos la película es bastante flojita. En mi opinión, vale lo que vale Brad Pitt: una interpretación tan original y extraordinaria como las que hizo en 12 monos o Snatch, cerdos y diamantes.

9/10/08

Asesinato justo

Se ve que a los actores, como a los futbolistas, les cuesta retirarse en el momento oportuno. Algunos, dotados de especial clarividencia o dignidad, saben hacerlo.
Yo comprendo que a Robert de Niro y Al Pacino les cueste dejar el empleo. Es lógico. Pero están empañando toda su carrera pasada. La cuestión no es que Asesinato justo sea mala (que lo es) ni que resulte inconcebible (ellos dos haciendo pesas, dando carreritas, sacudiendo mamporros, disparando como Buffalo Bill) ni que la trama romántica sea estúpida (¿de Niro con Carla Gugino? Por favor...) ni que el final sorpresa sea una vacilada (la trama no es sorprendente, sólo se intenta confundir al espectador); la cuestión es que no es digna de ellos.
Hace años a los actores les daba por reunirse y poner un restaurante o una cadena de restaurantes bajo su patrocinio. Voy a sugerir algo: ¿qué tal si de Niro y Pacino se unen para promocionar una cadena de geriátricos? De este modo, quizá les cueste menos ingresar en uno de ellos.
Es sólo una idea. Supongo que sirve cualquier cosa con tal de que nos dejen en paz y podamos seguir recordándoles por sus buenos papeles.

8/10/08

CJ7

CJ7 no es la séptima generación de clones de Claudia Jean Cregg (Allison Janney en El Ala Oeste de la Casa Blanca). Lo digo por si determinadas personas piensan en ver una versión aún más mejorada de la más famosa jefa de prensa.
CJ7 es la última marcianada, y nunca mejor dicho, de Stephen Chow, ese director hongkonés capaz de pasar, de un plano a otro, del chiste marrón más absoluto al lirismo más acaramelado. Es una película destinada, única y exclusivamente, a aquellos que disfrutaron de Shaolin Soccer y Kung Fu Sion.
Destinada a mí, por ejemplo.

6/10/08

La monja, la novicia y el transportista

La monja de los No Élites es Michelle Yeoh y, por eso, no nos extraña que sepa artes marciales; la novicia tiene telepatía y algún que otro superpoder desarrollado; el transportista es Vin Diesel que no tiene superpoderes ni nada semejante pero hace lo de siempre: repartir mamporros y tirar para adelante.
Si el director de una película te dice que el producto es un bodrio, debes confiar en su sinceridad. Al pobre Mathieu Kassovitz le dejaron el montaje inicial de 161 minutos en 90 justos. Eso explica muchas cosas. Aunque temo que con los 161 minutos totales tampoco habría resultado mucho mejor.
Babylon es otro de esos cócteles en los que se mezclan dos películas para ver qué sale. En este caso el comienzo es el de Hijos de los Hombres y el final el de Blade Runner. A medida que avanza va a peor, de modo que, en algún momento del metraje, empiezas a desear que, alguien, cualquiera, por favor, encuentre la manera de cargarse definitivamente a los tres protagonistas.
Definitivamente.

2/10/08

El niño con el pijama de rayas

Con tantos testimonios reales acerca del Holocausto, es un peligro intentar la ficción. A Roberto Benigni le salió bien con La vida es bella porque disfrazaba de comedia absurda las situaciones descabelladas.
Pero El niño con el pijama de rayas es un drama y la sensación que me produce es la de inverosimilitud. Acepto las buenas intenciones y entiendo que busque el corazoncito del espectador e incluso me parece un acierto que nos cuente la perspectiva de la familia nazi.
A la postre, todo es increíble.
Desde luego, yo pensaba que los campos de concentración estaban mejor vigilados. Eso de hacer un agujero para entrar, no sé, no sé...