Está claro que a D. J. Caruso le gusta Hitchcock. Otra cosa es lo que hace luego con él. Persecución del hombre inocente que ignora qué pasa, concierto de música en el que una nota puede desencadenar el drama, ambientación de la acción en lugares novedosos...
La conspiración del pánico es entretenidísima. Te subes a ella cuando ya va acelerando y no te puedes bajar en un par de horas.
Hay algunas incongruencias internas, claro. No entiendo por qué el ordenador no se carga a sus objetivos del mismo modo que se carga a cualquier otro; debería saber que implicar al factor humano es un riesgo porque estamos bastante locos. Además, en cuanto apareció el ordenador, supe que si le desguazabas el ojo, los problemas se solucionarían. Rosario Dawson se dio cuenta muy tarde.
Pero lo que no tiene explicación posible, lo que es una trola increíble, lo que no cuela de ninguna manera es lo del cable de alta tensión. Simplemente: no se puede. Por mucho ordenador que seas.
En fin, cito, porque viene a cuento, lo que dijo Benjamin Franklin: quien renuncia a parte de su libertad para obtener más seguridad, no merece la libertad ni la seguridad.





