Ignoro qué pretendía transmitir Mel Gibson con esta película. Si lo único que quería demostrar era la degeneración de los mayas, entonces sí, lo ha conseguido plenamente. Y como dirige muy bien, te sientes esclavizado, humillado, tragas arenas movedizas, intoxicas tus pulmones con cal, vomitas sangre, sudas, te embarras, corres, corres, matas, corres más sobre cadáveres, arrancas corazones, comes testículos de animales, escupes comida, amputas miembros, cortas cabezas, echas a rodar cuerpos por las escaleras e incluso puedes parir un niño debajo del agua. A un ritmo de vértigo y con incuestionables dotes cinematográficas.
Mientras observaba ese chorro de sangre que manaba de la sien a impulsos de los latidos del corazón, mientras veía cómo el enemigo se desangraba al ritmo de su pulso, pensaba que Tarantino es un tío sobrio y moderado y equilibrado y que tiene todavía mucho que aprender acerca de la violencia, crueldad y abismos de maldad a los que puede llegar un ser humano. Algunos detestan a Tarantino porque frivoliza la violencia. Quizá tienen razón pero es discutible. Lo que tengo claro es que Mel Gibson me dejó mal cuerpo con la salvajada de Apocalypto.
Qué bestia.





