Cuando vi Tránsito en el cine me sentí bastante fascinado por su potencia visual. Pero no sabía si podría recomendarla a alguien sin luego padecer una lapidación. Tránsito consigue introducirte desde el primer segundo en un ambiente de duemevela onírico, inquietante, desasosegante. Caras que son otras caras, escaleras que son otras escaleras... Eso de empezar mostrándote un accidente de coche sin sonido es, realmente, angustioso. Lo normal es que el equipo técnico de una película se afane con los efectos de sonido para el chirriar de ruedas y metal. Pero aquí no. Aquí el cerebro entra en una fase de turbiedad de la que ya no consigues desprenderte hasta que la cosa acaba. Al fin, después de su salida en DVD, he ido recopilando información. Gusta a pocos. A los que gusta, les gusta mucho. A los que no les gusta no se mueven del asiento hasta el final. Pero sigo sin saber a qué clase de gente recomendarla porque es apreciada o rechazada de modo contradictorio según lo que yo suponía.
Ewan McGregor y Naomi Watts lo hacen muy bien aunque muchas veces no se entienda lo que tienen que hacer o el porqué de sus reacciones. Pero colaboran ampliamente a que tu inquietud crezca sin parar.





