1. In the Flesh tendrá segunda
temporada. Genial. A preparar el maquillaje.
2. Microsoft quiere hacer una serie sobre Halo. Steven Spielberg será productor. Supongo que nadie
se ha atrevido a decirle que no.
3. Lucas se repite con La Guerra de las Galaxias,
Scorsese con Gangs of New York y
eso le ha dado a Coppola (el padre de Sofia) una idea: hacer una
peli de una familia de italoamericanos a lo largo de 3 décadas. Me suena de
algo.
4. La semana pasada Nolan
era candidato para dirigir a Bond. Ahora lo es Nicolas Winding Refn. No
acabo de verlo, pero... Imagino a Craig con un palillo en la boca, la
mirada perdida en el infinito mientras los minutos pasan y enamorado
platónicamente de una mujer en peligro a la que no sabe cómo hablar. Que no lo veo.
5. Amazon ya ha
escogido las series que va a realizar. Alpha House y Betas. Supongo que la
tercera serie se llamará Gamma o Gamma-algo. ¿Casualidad o falta de
imaginación? Si es lo segundo, no dice mucho.
Ha sido un año
terrible.
No dediqué ni un minuto
a The Following, The Mob Doctor y Hannibal. Por lo que leo, hice bien.
Tampoco contaron con mi atención Juego
de Tronos y The Walking Dead
que, no importa lo que escriban, sé que hago bien.
A Revolution le habría ido mejor un
título como Desgana. Los personajes
parecían ir arrastrándose de un sitio para otro sin razón ni sentido.
Bates Motel.
El primer capítulo no estuvo mal. Después dejó de ser una serie de psicópata
para convertirse en una (otra más) de instituto americano.
Nashville.
Comienzos prometedores con el telón de fondo de la música country. Se apresuró
en volverse un culebrón con diálogos insultantes y situaciones de patio de
vecinos.
Last Resort. Ya opiné.
Once Upon a Time.
Te sentabas para pasar
el rato y necesitabas un manual de orientación, árboles genealógicos y un gps
para aclararte de por dónde iba la cosa. Y mente muy flexible para aceptar
incongruencias. Reconozco que la serie es más exigente de lo que yo estaba
dispuesto a dar. No me suele pasar, pero pasó.
Supongo que también debería
abandonar Elementary, pero la
acabaré viendo algún día. Poco a poco.
Y me pregunto si las series las dejas o te dejan.
Temporada tibia, muy
tibia.
Que la han britteado,
vamos.
En comparación con las
tres anteriores, claro.
Es curioso. Hubo un día
en que se hablaba de que no renovaría e, incluso, de que la cancelarían antes
de llegar al final. Y, al día siguiente, después de solicitar que la gente
viese la serie en directo, fue renovada para una quinta temporada.
Con Dan Harmon
de vuelta.
A grandes rasgos se
puede decir que había buenas ideas. Tan buenas como en ediciones anteriores.
Pero mal ejecutadas. Ese Halloween o la convención del Agente Espacio-Temporal
debieron ser gloriosos y no lo fueron. Y me gustaría tener changnesia para
olvidar cosas tan estúpidas como la changnesia. Creo que no hay nada rescatable
del Chang de esta temporada.
Ahora Harmon
tendrá que pasar unas horas en el sueñatorio para reparar los destrozos. Esperemos
que lo consiga.
-¿Ahora los coches en
vez de correr vuelan?
Y ahí está el problema.
Que esta secuela (¡6, como en los carteles de los toros!) roza la
ciencia-ficción. Una cosa es que las carreras y la conducción sean
inverosímiles y otra son estos excesos delirantes.
Lo de la autopista en
España, con un tanque arrollando con todo, puede tener hasta gracia. Espero
que, tal y como está la cosa de recortes, la hayan parcheado mínimamente porque
empiezan las vacaciones de verano y no sería plan.
Y lo del asalto al
avión con coches... Bueno. Eso, la verdad, es tan absurdo que pierde cualquier
emoción que pudiera tener.
El tema es Letty, Michelle
Rodríguez, alzándose de la tumba 3 películas después. Desmemoriada y en el
lado de los malos. Pero hay que rescatarla ya que la familia es la familia.
Porque eso sí: palizas,
tiroteos, explosiones, muertos a tutiplén y en la última escena bendecimos la
mesa.
-Gracias a Dios, sobre
todo, por los coches rápidos.
Pues amén. A esperar
las siguientes.
Dejando a un lado la
moraleja final (el contraste entre la vida de Steve Coogan y la de Rob
Brydon) a la película le falta un norte, un objetivo claro que diga dónde
quiere llegar.
Hay momentos bastante
logrados. Otros un tanto pesados. Las imitaciones de voces pueden llegar a
cansar. Pero la mayor parte del tiempo consiste en sentarse apaciblemente y
escuchar las conversaciones de estos dos colegas, sus manías, sus rollos
mentales, sus anhelos y frustraciones.
Hay mucha conversación
de cine, imitaciones de voces de Michael Caine, Jack Nicholson, Woody
Allen... Diálogos sobre Coleridge, Wordsworth, las hermanas Brontë...
No hay que buscar más.
El conjunto es agradable pero sin pasarse.
-Vamos, señor Bond.
Reconozca que, cuando mata a un hombre, le gusta tanto como a mí.
Un ingeniero lo
suficientemente loco como para infiltrarse en la mafia y matar a quienes
asesinaron a su mujer e hijo.
Una estilista lo
suficientemente loca como para chantajear a un mafioso y matar a quien le
desfiguró el rostro.
Es la misma película de
siempre pero bastante apañada. Quizá baste el hecho de que un director sueco
aporta una mirada algo distinta. Quizá el reparto, con una sueca (Noomi
Rapace), un irlandés (Colin Farrell), una francesa (Isabelle
Huppert) y un americano (Terrence Howard), le aporta cierta
distinción.
Bastante entretenida,
sobre todo al comienzo, cuando las piezas del puzle, como la de esa foto que
los mafiosos van construyendo, están sueltas y tenemos que cuadrarlas.
Las escenas de acción
cumplen. Ingeniosa la de la fuga del francotirador desde el edificio, más
pirotécnica y convencional la del final.
-Te dejo la comida
entre la mostaza y los explosivos plásticos.
Una forma de ligar como
otra cualquiera.
Frank es un anciano con algunos problemas de
memoria. Su hijo le regala un robot para que le ayude a mantener una rutina y
salir adelante. Pero Frank enseña al robot lo que mejor sabe hacer: robar.
La película tenía un peligro claro: caer en
la proyección de sentimientos, el sentimentalismo en que Frank detesta al robot
y acaban haciéndose grandes amigos.
Para esquivar ese peligro, lo previsible se
reduce a unos minutos y, luego, empiezan a planificar robos. Una idea original
que tenía sus puntos de humor y que la presencia de Frank Langella, James
Marsden, Liv Tyler y Susan Sarandon animaban bastante.
Pero... Primero hay un
extraordinario giro forzadísimo (muy tramposo), cuando Frank ve unas fotos.
Inverosímil de modo extraordinario porque nunca supimos que Frank estuviese tan
mal. Y, de hecho, no lo está. Quiero decir que puedo entender que una peli de
suspense tenga su trampa. Que un drama engañe de forma indigesta se justifica
difícilmente incluso aunque lo sospecharas.
Después sobreviene un cierre átono que te
deja absolutamente indiferente.
Sencilla, carente de fuerza para motivar,
flojita.