Hacía tiempo que no me encontraba con una película así, rodada en el estilo violento de los años 70, tipo Serpico o French Connection. En ese sentido es mucho mejor que La noche es nuestra.
Dueños de la calle es dura, agitada, ruda. Sudorosa. Keanu Reeves recibe incesantes palizas y los tiroteos están llenos de realismo. Quiero decir que hay sangre y gente que se arrastra por el suelo y gorgotea en los últimos estertores.
Como todos hemos visto muchos guiones de James Ellroy sobre corrupción policial sabemos desde el minuto 5 lo que a Keanu le va a llevar toda la película averiguar. Aun así está muy bien dirigida y disfruté con todos y cada uno de los golpes, especialmente con esas esposas perforando la mejilla.
Hay un golpe de humor: Keanu Reeves está sentado en la camilla de un hospital, se corre la cortina y aparece... el doctor House. Luego sabremos que es poli de Asuntos Internos, pero el golpe tiene su gracia.





