A
estas alturas, todos sabemos que Jodie
Foster ha envejecido bien, Robert de
Niro mal y la película aún peor.
Antes
de que los múltiples fans de Taxi Driver se me lancen al cuello (severus, por ejemplo) debo decir que
también es una de mis preferidas de Scorsese.
Hacer esta película en 1976 fue muy atrevido, muy raro. A Travis le falta un
tornillo y va a salir impune. Pero, al verla ahora y repasarla en su contexto,
no sé lo que es cinematográfico o extra-cinematográfico.
La
película tiene una cierta calidad, sí. Pero su valor añadido, la solera que ha
adquirido con los años, no se debe a esa calidad, sino a otros elementos que le
vienen de fuera. Si John J. Hinckley
no se hubiese obsesionado con Jodie
Foster y si no hubiese disparado contra Ronald Reagan, ¿tendría hoy la película tanta consideración?
Scorsese llevaba dirigiendo
desde 1959 y, salvo Malas calles en cierta medida, no lograba el éxito que quería.
Que Taxi
Driver se lo consiguiese, marcó una dirección casi fija en el resto de
su carrera, y eso también contribuyó a acrecentar la fama de la peli,
erróneamente considerada como fundacional de su estilo.
En
fin. Taxi
Driver es buena. No es para tanto como se dice. Seguir afirmando ahora que fue una de las mejores películas de la década no tiene sentido. Hablamos de los 70. Y en los 70 hay muchas pelis auténticamente revolucionarias. Ahora bien. Es muy
difícil evaluar esta película, separar lo que es cine, lo accidental, el
perspicaz análisis psicológico, la casualidad, las influencias...
Lo
cierto es que seguimos esperando, como Travis, la lluvia que limpie de
porquería la ciudad.
Ayer
volví a verla. Me apetecía un poco de caspa y supongo que, en este género, es
lo mejor.
Imagino
que por eso estuvo nominada al Oscar: el cine casposo como género a
reivindicar. Bueno, por eso y porque todas idolatran a Almodóvar.
Mujeres
histéricas, desengañadas, locas, ingenuas, caprichosas. Un poquitín listas, un
poquitín tontas, como decía Sabina. Podría
parecer un retrato nada complaciente del sexo femenino. Y, sin embargo, todas
idolatran a Almodóvar.
Gazpacho
con orfidal.
Pero
todas idolatran a Almodóvar.
A
los hombres nos cuesta entenderlo.
-Qué
más quisiera yo que mentir. Pero soy testiga de Jehová y es lo que tiene, que
no puedo mentir. Si yo pudiese mentir, aquí iba a estar...
Capítulo
doble. Es decir: días 14 y 15.
Ahí
está medido mundo, volviéndose tarumba, flipando, alucinando, porque han
regresado Mad Men y Game of Thrones. Dos series a las
que yo no les veo ni pies ni cabeza. Mad Men me la trabajé durante dos
(¡dos!) agotadoras temporadas, con esfuerzos titánicos, luchas denodadas. Tú
eres un hombre, tú puedes con ella. Y después de dos temporadas seguía estando
como al principio. A Game of Thrones ya le dediqué su
entrada y dije mucho más de lo que creo que merece. La serie más exageradamente
sobrevalorada que alguna vez se ha visto.
Mientras,
también volvió The Killing. Que a la gente no le gusta pero que a mí me encanta.
Aquella pataleta infantil, con la que muchos reaccionaron al final, expresó muy
bien las ampollas que levantó una temporada que no da a la gente lo que quiere,
que se sale de los clichés, que va a su aire. Si no te gusta, te aguantas. Bien.
A mí me gusta.
Y
ha empezado tan bien... Sí. Porque ahora, en la comisaría, Linden tiene miedo
de todo el mundo y Holder es un manipulado poli corrupto y el padre de Rosie
Larsen vuelve a invocar a la mafia
polaca. Han cogido carrerilla y han pasado muchas cosas. Algo no necesariamente
bueno porque estaba bien con su ritmo tranquilo. Pero, claro, el disparo a
Richmond ha tenido consecuencias.
Eso
y la mochila. Esa impactante mochila. La mochila que es la caja de Pandora. La
mochila tatuada con las letras RL.
Quédate
con tus hombres locos y con tus jueguecitos de tronos. Yo me quedo con el
asesinato, con la matanza, con la trama conspiratoria que se sigue ramificando.
Está decidido: me quedo en Seattle.
Hay
que ver.
En
un país tan anémico de patriotismo como éste, resulta que aparece una película
un poquito por encima de la media y ya se habla de milagro, de la más
interesante del año, de la mejor, de necesaria.
Mirándolo
de un modo objetivo/optimista le daría un 6. De modo objetivo/pesimista le
daría un 5. Voy a ser optimista. Un 6.
Lo
que me preocupa es que, si esto es lo mejor, ¿cómo va a ser lo que nos espera?
¿Ya tenemos el Goya dado a Grupo 7 del mismo modo que el año
pasado fue No habrá paz para los malvados?
Digo.
No está mal. Quiero decir que prefiero ver esto antes que al 99% de las
producciones restantes. Pero es un 6.
Empieza
bien y a los 25 minutos ya se está repitiendo. Redada, somanta de palos, bar,
momento intimista. Redada, somanta de palos, bar, momento intimista. Que la
prostituta iba a recibir, estaba cantado. Que la yonqui iba a morir, también. Y
personajes clichés. Salvo Joaquín el soplón.
No
sé por qué alguien pensó que Mario Casas
podía estar bien fuera de las estanterías de las escobas. Que alguien lo
devuelva allí y pruebe con otra, a ver si resulta más expresiva.
Y, bueno, que en el Grupo 7
sean 4... Me recuerda a Los 4 McNifikos, que eran 3.
Volví
a acordarme, sin mucho fundamento, de Woody
Allen. Decía en Manhattan:
-Mi
psicoanalista me advirtió que no saliera contigo. Pero eres tan guapa que
cambié de psicoanalista.
A
Take
Shelter se le pueden sacar algunas moralejas pero yo me quedo con la
más peregrina de todas: no hagas caso a tu psiquiatra.
Es
la historia de Curtis, casado, con una niña sordomuda. Curtis empieza a tener
pesadillas y alucinaciones acerca de la madre de todas las tormentas, la
tormenta que arrasará con todo lo que pille. Sospecha que se está volviendo
loco y que ha heredado la esquizofrenia paranoide de su madre pero, por si
acaso, también empieza a hacerse un refugio.
Dos
horas a ritmo lento me parece demasiado tiempo para lo que tiene que contar. Sin
embargo me gustaron algunas cosas sugeridas, el ambiente agobiante que crea, la
atmósfera turbia y asfixiante que se te instala en el cerebro. Rarita, cargada
de ambigüedad, pero está Jessica
Chastain en el papel de la desconcertada esposa.
Estaba
cantado. Si Adam Sandler, en
solitario, es capaz de ser un mal actor, ¿de qué no será capaz actuando por
duplicado? Hacer de sí mismo y de su hermana. Genial. Tenía una pinta
espantosa, claro que sí.
Y,
lógicamente, se ha llevado todos los premios a lo peor del año. Todos. No dejó
ni uno.
Bien.
También sabemos que a los chicos de los Razzie les gustan las bromas y ser
juguetones. Sabemos que, en ocasiones, votan con la intuición, con la
atmósfera, no con la cabeza. Estoy seguro de que, en alguna de las categorías,
hubo cosas peores. Pero hay que reconocer que se lo pusieron a huevo. Jack y
su gemela se prestaba a ser sacudida y ha recibido lo que estaba
pidiendo.
En
todo este asunto hay que reseñar, además, el infalible olfato de algunos para
detectar bodrios a distancia. Lo huelen incluso con el océano Atlántico de por
medio. Santiago Segura, que es una
hacha para esto, descubrió el aroma y se apuntó a Jack y su gemela, haciendo
de maromo que trataba de ligar con Jill en un crucero por Mallorca.
Menuda
suerte tienen algunos.
A
Woody Allen, cuando escuchaba a Wagner, le entraban ganas de invadir
Polonia. Yo, cuando veía Lorax, sentía deseos de quemar el
Amazonas. Con una desquiciada tormenta de napalm.
Los
tipos que hicieron Gru, mi villano favorito, merecían una segunda oportunidad.
Aquella mezcla de tonos macarras y tiernos, funcionaba asombrosamente bien. Era
desenfadada, divertida, desprejuiciada.
Así
que han tomado la segunda oportunidad y, vaya, no puedo decir que la hayan
desaprovechado. Más bien me parece un intento de suicidio.
Lorax es una peli infantil y debe medirse por
otros parámetros y ser contemplada con otra perspectiva y todo eso. El
problema, como muchas, muchas, muchísimas veces, es su tono ideológico que, a
fuerza de buenismo ecologista, se vuelve plasta, agota y destroza todo lo
demás. Obama está haciendo mucho
daño. Es difícil encontrar, en el cine americano (exceptuando la propaganda de
guerra), otra película tan descaradamente panfletaria, tan ingenuamente
imbécil.
Mucho
colorín y muy recargado todo.
Pero
cine muy poco.